Alejandra de Picciotto tenía una vida ordenada, prolija. Era docente en inglés. Era hija, nieta, bisnieta de docentes. Trabajaba en colegios, en traducciones, con grupos de turistas. Pero había un alerta interna que la interpelaba. Algo le faltaba. Un vacío la consumía. Dice hoy que podría haber sido actuación o bailarina, hasta convertirse en astronauta. Su vocación se activó cuando tenía 28 años y vivía un presente cómodo con su bienestar, incómodo con su proyección de vida. Sin precedentes, sin contactos, sin experiencia, sin nada más que la pureza del deseo, hizo todo para ser tripulante de cabina. No fue fácil, no fue simple, los rechazos hicieron escuela y le enseñaron cómo hacerlo. “Finalmente gana quien no se rinde”, dice ahora la tripulante y jefa de cabina en American Airlines.
Lleva décadas volando. Conoce tantos países y ciudades que no recuerda todos: los tiene anotados en su diario de viaje y promete, algún día con tiempo, hacer una recopilación de cuantas veces aterrizó en cada aeropuerto del planeta. Escribió, también, el libro Buenos vientos y cielos azules, su “aerojournal”, una guía lúdica con espacios de autorreflexión, de exploración donde comparte las herramientas que le sirvieron para poder ingresar a las líneas aéreas de su preferencia. Y tiene un segundo libro en preventa: se llama Diario de siete despegues, es de editorial Orsai, y narra la experiencia de acompañar a siete personas en su propósito de lugar su sueño vocacional.
Los secretos de los vuelos y las recomendaciones para pasarla mejor en el aire mezcladas en una historia de superación personal y de amor. Porque Alejandra de Picciotto además de conocer el mundo y de conocerse a ella misma, conoció a Hundong, un coreano con el que se casó en Seúl y en Buenos Aires, y con el que convive mitad del año en Corea del Sur, mitad del año en Argentina. Pero antes del final, el principio. Y el principio de su nueva forma de vida comenzó a los 28. “No fue una profesión que yo había contemplado justamente porque se decía que había que ser alta, que había que tener contactos, un montón de cosas que cuando era chica ni se me había ocurrido. Y a los 28 cuando me surge este deseo de volar, que fue después de un viaje con mi papá, yo pensaba que no lo iba a poder lograr porque ya tenía 28 y en aquel momento se decía que quizás estaba grande, que no tenía la altura, que al no tener contactos porque nadie de mi familia se dedica a esto, que probablemente tenía muy pocas chances de lograrlo. Y yo pensaba que mi destino estaba en volar afuera, en las famosas compañías de Medio Oriente”.

—¿Qué hacías hasta ese momento?
—Yo era profesora de inglés, era docente. Yo me recibí en el profesorado Joaquín V. González en Capital Federal. Era lo que yo quería en ese momento. Porque yo vengo de familia de docentes, mis tatarabuelos eran docentes, mis padres eran docentes. Era el camino que yo sabía que iba a seguir. No es que me hayan obligado ni nada pero era como lo que yo en ese momento quería. Cuando a los 28 años justamente empiezo a sentir que algo me faltaba y que quería cambiar de rumbo. Me gustan mucho los desafíos, de hecho para mí estar acá fue un desafío. Entonces es algo que me gusta hacer para poder aprender. Y en ese momento pensé “voy a dar todo de mí para lograrlo”. Recién a los 31 lo pude lograr y lejos de lo que yo pensaba terminé volando en Argentina. No volé en Medio Oriente. Tuve muchos rechazos. Tuve que pasar muchas entrevistas y en muchas me decían que no. Ahí me di cuenta de que el problema no era ni la altura ni tampoco la edad.
—Contame cómo es el proceso. ¿Se estudia algo previamente? ¿Cómo es el ingreso?
—Sí, para volar en Argentina necesitás hacer un curso que te otorga el certificado de competencia avalado por la ANAC, que es la Administración Nacional de Aviación Civil. Y yo quise hacer ese curso por si justamente podía volar en Argentina y también por gusto, como un acercamiento a la carrera porque como decía no tenía a nadie que me guiara al respecto. Entonces quise hacerlo y menos mal porque al final lo terminé necesitando. Pero para volar en compañías extranjeras, por ejemplo en Medio Oriente, no se necesita ese curso, la misma aerolínea te prepara. De hecho con el curso a mí también la aerolínea nacional me había preparado en el curso de ingreso, en un curso inicial en donde luego te preparan con su flota, sus políticas y demás.
—Empezás a aplicar en distintas compañías.
—Correcto, me postulo en todas, habidas y por haber. Hubo una tarde que yo me senté, que hasta me dio fiebre, a buscar todas las aerolíneas del mundo y mandarles mi currículum. A todas. Y en muchas me contestaban que no o no me contestaban. Y cuando me presenté por ejemplo en algunas de Medio Oriente, incluso yo me había pagado un viaje a Barcelona para hacer una entrevista allá y llegué a la final y el día que me tenía que volver a Buenos Aires recibo el email que me dicen que no proseguían con mi postulación así que volví llorando por todos los aeropuertos. Y para ese momento yo ya tenía 30 entonces pensaba “ay, será la edad”. Estaba muy frustrada en ese momento.
—¿Entendiste en algún momento qué era? ¿Los contactos? Me dirás si es un mito.
—No, por lo menos en mi caso como no tengo contactos puedo decir que no me hizo falta. En mi historia, por lo menos, no necesité de contactos porque lo pude lograr sin tener a nadie de mi familia ni a nadie conocido en ese momento que se dedicara a eso. Pero yo creo que necesitaba más práctica, necesitaba pasar por todos esos rechazos para ver que no pasa nada y que finalmente gana quien no se rinde.
—¿Cómo fue que llegó el sí?
—Fue en el año 2014. Yo ya quería un cambio. Estaba trabajando por un lado como docente en un instituto de inglés en Caballito donde daba clases y al mismo tiempo me habían llamado de una agencia de turismo de bandera uruguaya para trabajar en el puerto de Buenos Aires. Me pareció una oportunidad muy linda para empezar a acercarme al mundo de la hospitalidad y del turismo. Pasé las entrevistas, no fueron tantas, y yo ya estaba un poco curtida por así decir con el no. Entonces dije “si se da, se da”. Y finalmente ahí se dio. Me había súper preparado, estaba bastante ducha en las entrevistas. Aprendí un montón, que es lo que comparto con mi comunidad en todas mis redes. Finalmente logré ingresar como representante de ventas y atención al cliente y es un trabajo que me encantó. Estuve cuatro meses en esa agencia de turismo. Cuando ingresé, yo estaba de lunes a jueves en el instituto de inglés dando clases y este trabajo era para fines de semana y feriados. Iba súper motivada y me acuerdo que justo el primer día que tenía que hacer la capacitación, que era un lunes por la mañana, me llaman de mi primera compañía y yo dije “no puedo empezar”. Me jugué por lo seguro y dije “no, lamentablemente no podré asistir, si pueden tenerme en cuenta por favor para próximas oportunidades”. Pensé que ya había perdido la chance y me había quedado con lo que ya tenía seguro, porque venía de muchos rechazos y estaba muy frustrada. Una vez que logro algo y si todavía lo pierdo y me quedo sin nada... Y creo que a tres meses después me volvieron a llamar porque había otra convocatoria y ahí pude asistir porque ya tenía todas las mañanas libres. Fui pasando las entrevistas, un examen de inglés escrito, un examen de inglés oral, después otras entrevistas grupales, individuales, finalmente el preocupacional y después ahí estuve unos tres meses a la espera a ver si me llamaban o no. Finalmente me llamaron y me convocaron para el curso de ingreso en el año 2014 y que fue un día después de mi cumpleaños número 31.
—¿Qué te pasó a vos cuando te dicen ese sí?
—Ahí me cambió muchísimo la vida y ahí entendí que gana quien no se rinde. Qué bueno que intenté, qué bueno que seguí, qué bueno que no me rendí y qué bueno que había hecho el curso también en Argentina y que tenía todo al día.

—¿Qué ruta te asignaron?
—En ese momento yo hacía vuelos de cabotaje regional. Durante cuatro años trabajé en la compañía nacional y ahí hice todos los vuelos de cabotaje regional. Y me acuerdo que mi primera posta, que sería como el primer destino en el que yo me quedé a dormir, fue Neuquén y fue muy lindo. Me encantó la tripulación.
—¿Se conoce algo? ¿Se puede recorrer algo?
—Hay veces que sí, hay veces que no. Porque quizás justo hacés un vuelo ida y vuelta. Pero yo me acuerdo que cuando volaba cabotaje regional sí teníamos bastante tiempo en donde recorríamos el lugar, recorríamos la provincia. Ahora lo mismo, depende si te toca más tiempo o menos tiempo. Pero muchas veces sí tuve tiempo de recorrer y me encantó: lugares, como por ejemplo, Bogotá, Miami, que es mi ruta habitual ahora.
—¿Cuáles son las conductas más detestadas desde la tripulación a los pasajeros?
—Generalmente se espera que se cumplan las normas, las instrucciones. Si hay que abrocharse el cinturón. Más que nada por la seguridad también de los pasajeros y de todos a bordo. Que se cumplan esas instrucciones que solemos dar como por ejemplo en ciertos momentos sentarse porque hay turbulencia. Hay veces que puede haber turbulencias inesperadas. Es bueno en lo posible estar sentado con el cinturón de seguridad abrochado.
—¿Qué se hace cuando un pasajero se queja de que hay un bebé llorando?
—No, obviamente tratamos de asistir a los padres porque también obviamente están en una situación de mucho estrés. Para los mismos adultos es estresante volar y viajar entonces para un bebé que pobrecito escucha todos los ruidos y demás debe ser bastante difícil. Entonces asistimos en ese caso. Pero bueno, por suerte nunca me pasó que alguien se quejara de que un bebé estuviera llorando todo el tiempo y que me digan hace algo. Por suerte no.
—¿De qué sí se han quejado?
—Bueno, una vez un pasajero estaba roncando, roncando un poco fuerte y me pidieron que le avisara pero bueno, por suerte se resolvió.
—¿Por qué se puede enojar la gente arriba de un vuelo?
—A veces por temas de, por ejemplo, el clima: se necesita esperar hasta que justamente el vuelo sea seguro. O puede ser también a veces si no les gusta la comida. Para mí la comida de avión es rica, pero bueno, hay personas que quizás no les gusta o que pensaban que iban a tener otro menú.
—¿Molesta a la gente que anda descalza por el avión?
—A mí no, pero no lo recomiendo por una cuestión de que puede haber algo que quizás los lastime o de higiene, por si van al baño.
—¿Se arman parejas entre los pasajeros?
—Entre los pasajeros yo creo que sí. Hay varias historias de amor que escuché que se han armado. Pero yo por lo menos no tuve la suerte de presenciar una. Bueno, sí una vez una propuesta de matrimonio.
—¿Cómo fue eso?
—Esa fue muy linda, sí. Estábamos yendo si no me equivoco a Colombia y un pasajero nos pidió si podíamos hacer un anuncio y si le podíamos permitir que hiciera su anuncio a la que iba a ser su esposa y fue muy muy emotivo. Fue la única propuesta de matrimonio que me tocó a mí presenciar.
—¿Te tocó que se descomponga gente que necesite asistencia?
—Sí, me ha tocado algunas veces que quizás están con náuseas, por si se mueve mucho el avión sobre todo. Algunas emergencias médicas, por suerte todo se pudo resolver. Siempre hubo justo un médico a bordo. Pero los primeros auxilios los brindamos nosotros y por suerte todo súper bien.
—¿Cuál es el protocolo en las distintas aerolíneas si se muere una persona a bordo? ¿Qué se hace?
—En realidad nosotros no podemos decir si falleció o no, se continúan con toda la asistencia hasta el final del vuelo. Es un médico el que tiene que...
—Pero si tenés un médico arriba y la persona muere, ¿seguís viajando con la persona todo el recorrido?
—A veces se desvía el vuelo, se puede desviar también para ofrecer la asistencia inmediatamente. Siempre hay un aeropuerto de alternativa.
—¿Tienen pasajes al año como beneficios?
—Sí, son varios. Lo que pasa es que no llego a ocupar todos, no llego a usarlos todos, pero son varios.
—¿Así fuiste a Islandia?
—Sí. En mi primera aerolínea, exacto, yo usaba los pasajes también para empezar a conocer el mundo… Se llama “subject to location”: sublo, es sujeto a espacio.
—Sabés que son absolutamente envidiados ustedes por el resto de los mortales por esos pasajes, porque tienen que pagar muy poquito.
—Correcto, creo que son las tasas aeroportuarias y eso nos permite conocer el mundo, conocer diferentes historias y enriquecerte también, no solo viajar hacia afuera como digo yo sino también viajar hacia adentro que para mí es lo más enriquecedor de todo.
—¿Cómo son las reglas de esos pasajes?
—Esos son sujetos a espacio. O sea, si no hay espacio no podemos subir y tendremos que esperar hasta que haya en otro vuelo. También toco madera, pero por suerte en general siempre tengo espacio. No me he quedado abajo muchas veces.
—Y toca donde toca.
—Eso sí. Sí, sí, sí, donde haya espacio.
—¿Se pueden vender esos tickets?
—No, esos no. Yo los uso por ejemplo para mi esposo, mi mamá, familiares. También amigos pero tienen que estar registrados en el sistema. En mi caso son solo mi esposo, mi mamá y mis hermanos.

—Siempre me pregunto arriba del avión: si llega a pasar una tragedia, ¿se quedarán hasta que bajemos todos por el tobogán inflable?
—Sí, se despliega un tobogán. Estamos tan entrenados, tantas veces hacemos los simulacros que yo creo que a mí me saldría automáticamente. Lo que a mí me enseñaron a hacer es evacuar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible.
—Ustedes tienen una vocación especial.
—Sí, sí, totalmente, es una vocación, un llamado, pero también gracias al entrenamiento que tenemos tantas veces simplemente lo ejecutás. Muchas veces pasa algo y hacés lo que lo que tenés internalizado que tantas veces practicaste.
—¿Cuáles son los consejos para viajar un poco mejor en un viaje largo?
—Usar medias de compresión. Eso está bueno por un tema de circulación, si va a estar mucho tiempo sentado. Llevarse libros, auriculares también. Actividades. Si tienen chicos también que les lleven cosas a los niños. Yo a veces me llevo un librito para que pinten por si algún chico necesita o la familia no se llevó. Y a veces descongestivos nasales también. Si necesitan para los oídos, más que nada para los aterrizajes. Y después bueno, mucha paciencia y que lo disfruten lo más posible.
—¿Qué tiene que suceder para que pases a alguien de económica a ejecutiva?
—En realidad los asientos ya están asignados. Por una cuestión incluso de seguridad cada pasajero tiene que permanecer en su cabina y su asiento asignados. Entonces esa parte del trabajo en realidad lo hace el personal de tierra.
—¿Ustedes dónde duermen?
—Depende del vuelo. Hay vuelos que son cortos y no se requiere descanso pero otras veces tenemos sí un lugar de descanso para la tripulación que está apartado.
—Dame el tip definitivo: ¿cuál es el mejor asiento arriba del avión?
—Si vos querés más espacio por ejemplo para las piernas las salidas de emergencia. Obviamente tenés que cumplir ciertas condiciones que la tripulación te va a informar. Pero siempre que vos estés de acuerdo es un buen asiento porque tenés espacio para dispersarte un poco más.

—¿Económicamente es un buen trabajo?
—Sí, a mí me ayuda muchísimo. Me enriquece más que nada esto de los viajes, de viajar hacia afuera y de viajar hacia adentro. Creo que es algo muy enriquecedor en ese sentido en cuanto a experiencias también.
—Lo pregunto porque es un momento difícil este y en ese sentido me imagino que también debe ser un trabajo muy demandado.
—Es muy demandado, sí, sí. Hay más personas que se postulan de los puestos que hay.
—¿Cómo es que terminaste en Corea del Sur?
—Eso también es algo que no surgió. Todo comenzó con mi primera aerolínea. Yo en el año 2016 con los pasajes vacacionales que tenía me fui sola a Japón. Y entonces en el hostel donde yo me hospedaba todas las mañanas le preguntaba al manager a dónde puedo ir, qué puedo hacer, porque yo me había ido a la aventura, no había ido con un tour ni nada. Y una de esas mañanas él me dice “yo no soy japonés, soy coreano”. Y me gustó mucho su historia como extranjero trabajando en Japón y le pregunté si lo podía entrevistar para un blog de viajes que yo tenía en ese momento, que ya no lo tengo más. Me dijo sí claro. Y entonces quedamos en contacto por Facebook. Y al año siguiente, 2017, cuando él ve que yo empezaba a subir fotos en Seúl, porque después me fui de vacaciones a Seúl, a Corea del Sur, él me dice “ay, mi hermano mayor sigue viviendo allá, si querés los pongo en contacto y él te puede hacer tours por ejemplo y vos lo invitás a comer”. Y yo le dije “ay bueno, dale”. Y así conocí a quien ahora es mi esposo en el 2017. Pero ahí no pasó nada…
—Hizo de guía de turismo ahí.
—Exacto, sí, sí. Las personas de Asia en general son bastante distantes entonces simplemente iniciamos una amistad, quedamos en contacto también con él por Facebook, se llama Hun Dong. Y después en la pandemia fue cuando surgió mi libro. Como no había vuelos y estábamos en esta situación nueva para todo el mundo, decidí hacer un viaje hacia adentro y por un lado escribir el libro y por otro lado tomé voluntariamente una licencia de un año en la que yo quería aprovechar ese tiempo viviendo y estudiando en otro país, porque ese era otro sueño que tenía que tenía muy fuerte. Entonces le comenté a Hun Dong que quería hacer esto y al mismo tiempo le comenté a una amiga que tengo en Islandia. El primero que me responda voy para allá, dije. Y entonces él me dijo “yo te ayudo”. Mi amiga de Islandia no tenía idea mucho cómo podía procesar una VISA de estudio, de trabajo o de matrimonio. Y me acuerdo que Hun Dong me ayudó a encontrar una escuela de coreano que me ayudara a procesar la VISA con el consulado de Corea del Sur de Buenos Aires. Gracias a eso descubrí la escuela que está adentro de la Universidad Nacional de Seúl, que es súper conocida, que sale en los K-Dramas ahora y todo. Ahí me aceptaron. Tuve que mandar mi currículum, una carta de presentación, por qué quería hacer el curso y demás. Y finalmente me dijeron que sí y el 18 de febrero de 2021 desembarqué en tierras coreanas y me fui con quien ahora es mi esposo, porque en realidad yo iba a estar en el campus de la universidad pero por una cuestión de un error mío de cálculo de horarios no llegué a hacer la postulación rápido. Entonces le pregunté “¿dónde me puedo quedar?”. Y me dijo “tenés opción A, opción B o si querés compartimos gastos y nos quedamos en un lugar”. Le dije “bueno, compartamos gastos”. Y me quedé con él, tuvimos que hacer una cuarentena en ese momento de catorce días. No podíamos salir y teníamos una aplicación que incluso mostraba la ubicación de donde estábamos.
—Él tuvo que hacer la cuarentena por vos.
—Sí, correcto.
—¿En qué momento se enamoran?
—Fue durante esos 10 meses que viví con él, donde comenzamos muy de a poquito porque ellos son bastante distantes. Lo que me acuerdo es que el 2 de junio de 2021, no había pasado tanto tiempo, decidimos casarnos para justamente tener la documentación porque iba a ser más fácil para él ingresar a Argentina como mi esposo y para mí ingresar a Corea como su esposa. Hicimos los papeles allá. En ese momento no se permitía hacer ningún evento como un casamiento así que fue solamente un civil que en realidad fue presentar los papeles en una oficina y nada más.
—¿Pero ahí ya estaban enamorados o tenía más que ver con los trámites?
—No, ya estábamos creo yo. Además notábamos que realmente había una buena relación entre los dos, nos sentíamos cómodos. Él mismo me dijo que se sentía más cómodo conmigo que con una persona de su cultura por diferentes temas culturales que tienen allá, que son mucho más rígidos, y que se sentía muy acompañado. Entonces me dijo “¿te parece que nos casemos?” Dije “bueno, sí”. Y le conté a mi mamá, “me vuelvo casada” (risas). Así que allá nos casamos y después revalidamos el matrimonio acá en Argentina también para que también le sea más fácil. Él ahora está conmigo en Buenos Aires.
—¿Decidieron fácil instalarse? Porque para él era todo un cambio.
—Sí, sí. En realidad no fue tan fácil. Fue un año entero que yo estuve yendo y viniendo de Buenos Aires a Corea, a Seúl. Un año entero haciendo lo que nosotros llamamos commuting que es como ir y venir, ir y venir. Y después de un año me dijo “voy con vos a Argentina”. Y bueno, ahora estamos instalados en Buenos Aires, en zona Sur.
—¿Qué lugar te partió la cabeza de los que conociste?
—A Corea del Sur le tengo un gran aprecio obviamente. Islandia me gustó muchísimo pero muchas veces en realidad lo que te gusta del lugar es quién sos vos en ese lugar. Y en ese momento yo justo estaba conociéndome mejor, conociéndome a mí misma, y me acuerdo que logré hacer amistades en Islandia. Tengo una amiga, Frida, que es alemana pero vive hace ya muchos años allá en Islandia. Ella me invitó a hacer un tour en la escuela donde ella trabajaba. Conocí una escuela en Islandia. Vi cómo trabajan allá. Tuve experiencias muy lindas. Hice incluso un taller literario, no entendí mucho lo que dijeron porque hablaban en islandés pero me encantó. Así que ese es un país que me gustó mucho. Japón también me gustó mucho. Tailandia. Vietnam también conocí. Camboya. Lugares muy interesantes
—¿Próximo destino que tenés ganas de conocer?
—Singapur. Ese sí le dije a mi esposo. Mi esposo me dice “ay, pero es muy caro”. Pero es un lugar que me encantaría conocer.
—¿Hay algo que no hayamos charlado Ale que te parezca importante contar?
—No, creo que creo que dije toda mi historia. A mí lo que me gusta mucho compartir en redes es que no se rindan. Digamos, ya sea, que siempre se lo digo a mi comunidad, ya sea volar o criar caracoles, lo que sea que quieran hacer que les haga felices, que vayan por ese sueño. Y bueno, yo creo que justamente gana quien no se rinde, que sigan insistiendo. Siempre que insistís yo creo que tiene que surgir algo. Quizás la vida te lleva por otro camino, quizás no es justo lo que esperabas, pero en algún momento algo se termina dando. Entonces está bueno que sigamos insistiendo. Obviamente desde cada lugar, entiendo que cada persona puede tener posibilidades diferentes, algunos les costará más, a otros menos, pero yo creo que lo importante es seguir insistiendo si realmente es lo que hace feliz a tu corazón.
—A mí me gusta además que te animaste a cambiar. No es fácil.
—Tal cual, a mí me costó mucho. Venía de una familia de docentes y yo decía me voy a jubilar como docente y punto. Y después pensaba ay, pero ya estudié tanto acá. Hacer esa decisión de cambiar a un rumbo que además en ese momento, ahora obviamente veo más paralelismos, me parecía completamente diferente, me dio mucho miedo. Pero lo hice con miedo igual.
—Ayudás a mucha gente en tus redes sobre cómo canalizar este deseo. ¿Por qué? ¿Cómo nació eso?
—Fue justamente compartir todo esto que aprendí en todo este camino al darme cuenta de que era posible. Porque realmente para mí era como una tarea titánica. Era algo que yo no veía. Era como si me dijeras ahora ser astronauta. Me parecía que era algo que no lo iba a poder cumplir y cuando me di cuenta de que interiorizándote en el tema y comprometiéndote con el proyecto se podía lograr, dije esto lo quiero compartir para que otras personas también puedan sentir de alguna manera ese empoderamiento, ese enriquecimiento en la vida de poder lograr algo que querían. En mi caso era volar pero podía ser otra cosa: ser actriz, no sé, ser bailarina de ballet.
—¿Querés quedarte en este trabajo para siempre?
—Sí, sí, totalmente.
—¿Encontraste lo que buscabas?
—Sí, sí, me hace muy feliz. Me enriquece mucho como decía desde el punto de vista profesional y personal y por eso es que justamente quiero compartir todo esto.
Si querés contar tu historia escribinos a:voces@infobae.com
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