“Durante mucho tiempo creo que asocié el amor con el desamor, el dolor, el sufrimiento. Yo pensaba que el amor era eso. Y creo que a mí la madurez, mis cuarenta y pico, me vinieron muy bien para poner las cosas en su lugar y entender que el amor se construye y que lo más importante es el respeto y el compañerismo, sentirse bien con el otro y querer compartir en libertad”, expresó Luciana Rubinska al repasar los procesos personales que marcaron su vida en la segunda temporada de Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Referente en el periodismo deportivo y conductora de ciclos emblemáticos, Luciana forjó una carrera que combina conocimiento, frescura y perseverancia. Su recorrido profesional comenzó en el diario Olé, donde se destacó en la cobertura de fútbol de ascenso, y continuó en TyC Sports, DeporTV, C5N, FOX Sports, entre otros medios. En 2018, se convirtió en la primera mujer en recibir un Martín Fierro de Cable por su labor en periodismo deportivo. Actualmente, forma parte del equipo de Infobae en Vivo de 7 a 9, ESPN y América.
Luciana es reconocida por un estilo directo que inspira a nuevas generaciones. Su historia, marcada por la búsqueda de desafíos y los cambios profundos, fue el eje de una entrevista en la que abordó sus pasiones, temores y transformación.

La maternidad impactó profundamente en la vida de Rubinska. Madre de mellizos, identifica esa primera etapa como especialmente exigente. “Los primeros años son muy difíciles porque es todo para dos”, admitió, evocando momentos de angustia y cansancio extremos, junto con la responsabilidad y el aprendizaje constante.
Con el paso del tiempo, encontró nuevas formas de disfrutar la crianza. Desde los tres años, sus hijos comenzaron a jugar juntos y desarrollando una complicidad que alivió la exigencia diaria. “A los cinco, ya es una fiesta y esta edad es una cosa alucinante”, resumió. Actualmente, con 11 años, los mellizos mantienen un vínculo especialmente estrecho: “Tienen una relación muy cercana, que hasta emociona al colegio, cómo uno defiende al otro, cómo están pendientes de que el otro siempre esté bien”.
Pero lejos de idealizar la maternidad, reconoce las dificultades y señala la presión social sobre las mujeres en ese rol. “No hay que romantizar algunas partes de la maternidad donde la verdad es que nos volvemos locas, pero lo vuelvo a elegir y a mí me completaron la vida”, afirmó.
La periodista también reflexionó sobre los mandatos y exigencias externas en la crianza, así como la importancia de mantener un vínculo abierto con sus hijos. “Intento que mi conexión sea con ellos. Incentivo mucho el diálogo, a veces lo logro más, a veces menos, pero siempre busco que sepan que mamá está”, explicó.
En su relato, abordó también los prejuicios y las miradas ajenas que enfrentan muchas madres después de una separación. “Cuando los chicos se van con el padre, las primeras reacciones de muchas mujeres son: ‘¡Ay! No te puedo creer, ¿y cómo vas a hacer?’ En cambio, los hombres te dice: ‘Qué bueno, vas a poder descansar un poco’”. Frente a esas opiniones, hizo foco en la importancia de la conexión con sus hijos: “Yo les digo: ‘Ustedes, si necesitan algo, saben que mamá está. Yo voy a estar’”, señaló. Y recordó un momento reciente en el que una propuesta laboral la llevó a conversar con sus hijos sobre cambios en la rutina. “Uno de ellos respondió: ‘Mirá mamá, si vos estás bien, nosotros estamos bien’”, explicó.
Para establecer un corte de tiempo, Luciana mencionó cuánto cambió su vida desde el nacimiento de sus hijos y la transformación positiva que logró, motivada por ser una mejor versión: dejó el cigarrillo, incorporó actividad física y alimentación saludable y priorizó su bienestar general. “Cuando dejé de fumar, con todo lo que fumaba, y pude lograrlo, dije: ‘Yo puedo con todo. Si pude con esta adicción, puedo con todo’. Ese fue el trampolín”, confesó. “Ahora estoy aprendiendo a meditar, estoy intentando aprender cosas todos los años. Agarré el ukelele hace un tiempo, que yo no sabía nada de música. Pero dejar de fumar fue un cambio rotundo”, agregó.

Respecto a los desafíos profesionales, Rubinska reflexionó sobre el camino recorrido y su lugar en el periodismo deportivo. “Hay momentos donde siento que me adueñé de un lugar. Y hay momentos que siento que todo el tiempo lo tengo que revalidar. No termino de entender si ese sentimiento es por una presión externa, por la mirada del otro, por la sensación de tener que seguir demostrando o porque es mi manera de tener esa zanahoria siempre adelante y de mejorarme, de impulsarme, porque sino también te aburrís”, reconoció. Asimismo, destacó el esfuerzo de sus inicios en el ascenso, viajando en colectivo y tren, escribiendo en el diario, produciendo y cubriendo partidos. “A mí esos primeros pasos me dieron una fortaleza. Yo me siento fuerte por la trayectoria, por el camino que tuve que recorrer”, expresó.
Su presente profesional está ligado a nuevos desafíos y a su llegada al streaming. “Estoy muy contenta porque para mí Infobae es una bomba y lo consumo desde ese lugar en todos sus aspectos. Soy fanática de las secciones como Infobae Studio, de tus entrevistas Luli (Fernández), de las de Tati (Schapiro). Consumo permanentemente el portal; es toda una referencia periodística. Para mí, trabajar en Infobae es trabajar en un medio de muchísimo prestigio a nivel internacional. Era un anhelo, un sueño. Me inspiró. Salí de la reunión diciendo: ‘Este es mi lugar’”, contó.

En el plano personal, Luciana aborda la vida en pareja y los vínculos afectivos con honestidad y sin prejuicios. Tras una etapa marcada por la idea de que el amor implicaba sufrimiento, descubrió una nueva forma de amar en la madurez. Su relación actual se basa en la aceptación y la libertad: “Nunca fui tan yo como puedo ser con él. Estoy acá y puedo decir lo que quiera, no estoy pensando si a él le va a caer bien o mal”.
“Juan llegó en el momento que tenía que llegar. Es cierto, yo le llevo 13 años. Pero el tema de la edad, en nuestro caso, te digo que yo siempre digo que le saqué todo el colágeno (risas)”, bromeó y remarcó la importancia de la sencillez y la complicidad en este vínculo. “Hay que terminar con los prejuicios, por ejemplo, de la edad. Uno tiene que elegir a alguien por lo que lo hace sentir, por la compatibilidad”, sentenció.
Rubinska relató cómo, tras casi cuatro años de pareja, la integración familiar se dio de manera natural y cómo sus hijos generaron un vínculo cercano y genuino con su pareja actual, a pesar de mantener hogares separados. “A mí me gusta tener mi libertad, tener mis momentos. No me gusta que me controlen, que me estén muy encima”, reconoció.
Sobre el deseo de tener más hijos, Luciana explicó que esa etapa finalizada para ella y que su pareja no quiere ser padre. “Eso me sacó una presión a mí, porque yo la etapa de la maternidad ya la siento cerrada”, admitió.
Ante la consigna de elegir un momento de su vida para revivir, la entrevistada respondió sin dudar. “El nacimiento de mis hijos es un momento que no es comparable con nada de lo que viví. Me acuerdo lo que dijo la obstetra, el chiste que hacía con el otro obstetra, mis temores... No elegiría todo el proceso de la operación en sí misma, pero el momento en el que los conocí, no lo cambio por nada”, expresó.
Al pensar en qué le diría a la Luciana de hace 10 o 15 años atrás, con toda la experiencia actual, aseguró que sí cambiaría algunas cosas. “Le diría que viva intensamente como vivió, pero que en algunos momentos tenga un poquito más de reparo, que pueda serenarse un poquito más, tomar algunas decisiones con mayor tranquilidad. Hay trabajos que dije que no, algunas propuestas que en algún momento me dieron temor y no acepté, que después decís: ‘Te hubiese cambiado para bien’. Pero bueno, en esos momentos por ahí no me sentía segura para algunos desafíos. Cambiaría algunos vínculos también. No todo es bueno lo que viví, ni las personas que elegí. En ese momento, de todas formas, entiendo que las elegí y por algo fue, hay algo de enseñanza. Pero en general, la verdad es que soy una privilegiada y me siento una privilegiada de todo lo vivido”, afirmó.
Rubinska valora la disciplina, la pasión y la capacidad de adaptación como motores de su vida, y destaca el crecimiento compartido con sus hijos y la fortaleza construida a lo largo de los años. “Me siento muy orgullosa de lo que construimos los tres, de nuestra familia. Verlos crecer, reflexionar y pensar en el otro me genera una profunda admiración”, señaló. Hoy, en una etapa de mayor equilibrio y autoconocimiento, revisa su pasado y reconoce, sin idealizaciones, los errores y desafíos que la moldearon, pero mirando siempre al futuro y todo lo que está por venir.





