Mariano Iudica comenzó su vida laboral lejos de los medios de comunicación, trabajando como subgerente en un banco a los 20 años. Su incursión en el mundo del espectáculo se dio por casualidad, al reemplazar a un camarógrafo en el programa El Rayo, donde desempeñó tareas de producción y edición. Luego se convirtió en notero en Venite con Georgina y en actor en La peluquería de Don Mateo y Polémica en el bar, que años más tarde condujo.
En 2006, tuvo su primera experiencia en telenovelas al interpretar a Sandro en Juanita, la soltera. Su carrera comenzó a despegar cuando se unió al equipo de Este es el show como cronista, un rol que desempeñó hasta 2012. Paralelamente, alcanzó gran popularidad como conductor de La cocina del show en El Trece.
El salto definitivo a la conducción lo dio en 2012 en el reality Soñando por Cantar, donde se consolidó como una de las figuras más destacadas de la televisión argentina. En años posteriores, condujo programas como Dale la tarde y Laten corazones. A partir de 2017, Mariano lideró programas emblemáticos como Polémica en el bar e Involucrados, ambos en América TV, convirtiéndose en un conductor estrella de la señal.
En 2022, volvió a tomar las riendas de un clásico: La noche del domingo, originalmente creado por Gerardo Sofovich. Allí demostró su capacidad para mantener su relevancia en la industria del entretenimiento a lo largo de más de dos décadas.
Mariano es padre de cuatro hijos Valentina, María Bernarda, Osvaldo y Salvador; y está casado con la bailarina Romina Propato. Desde hace dos años, ambos incursionaron en el rubro gastronómico y tienen su propio restaurante Gran Bamboo, que inició en Pinamar y hoy cuenta con cuatro sucursales. Este 2024 Iudica participó del programa Bake Off Famosos, donde puso a pruebas su talento como cocinero e hizo emocionar al público tras su reciente eliminación.

Pollo: — Escuché una historia tuya sobre Susana (Giménez) y los negocios. Contame qué pasó.
Mariano: — Ella sabe mucho de inversiones inmobiliarias en distintos lugares. Si ella va a un lugar, va a suceder. Me acuerdo que primero empezó con Williamsburg en Nueva York, que fueron primero ella y (Nico) Repetto y después explotó. Yo dije: “¡¿Cómo la ven?!”. Y me acuerdo que estaba la burbuja de Miami, que estaba muy de moda hablar de un departamento ahí. Yo estaba comenzando un despegue, después de habérmela pegado fuerte, porque con Romina estábamos muy arriba y después estuvimos muy, muy abajo.
Pollo: — ¿Perdieron en un negocio?
Mariano: — Perdimos negocios, trabajos, nos peleamos con Gerardo, nos quedamos sin nada. Teníamos siete laburos, negocios y nos quedamos en cero. Ahí vi a la compañera que tenía al lado. Fue una prueba como pareja para nosotros, pero estuvo buenísimo que nos haya pasado.
Pollo: — En las malas se ven los pingos dicen.
Mariano: — Sí, fue un basamento muy groso para la pareja y la familia. Después vino una resurrección. Gerardo me vuelve a llamar, me da la dirección de la empresa y llega El champagne las pone mimosas, que protagonicé con Florencia (de la V). Hacíamos fortuna y recorrimos todo el país. Estuvimos dos años de gira nacional e internacional. Me llamó Susana para hacer los sketches, siempre me llamaba Susana. Cuando no tuve un sope, decía: “Llamalo a Iudi”. “¿Cómo estás? ¿Estás mejor?”, me preguntaba y yo le respondía: “No sé, estoy buscando”. “Acá vas a venir al show del chiste, al show de lo que sea”, me decía. Ella y Luis Cella padre fueron como padres para mí. Susana me mató el hambre literalmente, para mí es un ángel de la guarda.
Pollo: — Está bueno que lo digas.
Mariano: — Sí, Susana es extremadamente generosa. Hace cosas que la gente no tiene idea. Un día hacemos un sketch y me dicen: “Te llama la tía, dice que vayas al camarín”. Yo pensaba qué cagada me mandé. Entro al camarín y estaban todos los grosos. Susana sentada, la estaban maquillando y hablaba mirando el espejo. Nosotros estábamos atrás. “Iudi, ¿tenés 50 mil dólares?”, me dice. Y yo me río y le digo: “¿De dónde querés que saque 50 mil dólares?” (risas). Y me dice: “Porque con 50 mil dólares, dentro de seis meses vas a tener 500 mil”. Yo pensaba cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía. Me dice: “Buscalos, conseguilos”. Hasta que en un momento dice: “¿Sabés qué? Te los presto yo”. “Bajo ningún punto de vista”, le respondo.“Cuando lo vendas me lo devolvés”, me retruca. “No, no, de ninguna manera”, le dije yo con vergüenza. Bueno, listo. Todos los que estaban en ese camarín…
Pollo: — Entraron con esas 50 lucas.
Mariano: — Entraron. Hoy todos tienen medio garrote verde, seguro, de mínima.
Pollo: — Salió muy bien esa movida…
Mariano: — Me ofreció hacerme los dientes también.
Pollo: — ¡¿Cómo?!
Mariano: — Cuando estaba haciendo el sketch me dice: “Vos no podés tener los dientes así”.
Pollo: — ¿Los tenías muy mal?
Mariano: — Sí. Yo hice Soñando por cantar, 40 puntos de rating, con unos dientes que eran horribles. Yo, Mariano productor, me diría: “No, flaco. Hacete los dientes y después vení a conducir”.
Pollo: — No me los acuerdo. ¿Estaban desordenados?
Mariano: — Había mordido una granada (risas). ¡Era un tiburón! Pero como yo tenía una energía tan arrolladora y el programa era tan tremendo, nadie reparaba en eso. Cuando me voy de Marcelo (Tinelli), que me tomo un año sin laburar, me fui a filmar una película, hice teatro y fui a Telefé. Me reúno con Gustavo Yankelevich y me dijo: “Aprovechá ahora, hacete la boca”. Así de frente.
Pollo: — ¿No te cayó mal?
Mariano: — No, para nada. Era un súper productor. Me lo decía para mejorar. Son los que saben y yo los escucho. Me hice todo a nuevo porque era impresentable. Pero Susana fue la primera lo vio. “Tenés mucha facha, sos re italiano, no podés tener esta boca. Andá a hacerte los dientes”, me dijo una vez y me anotó una dirección en una zona en donde no podía pagar ni el estacionamiento del auto (risas). El tipo me atiende y me dice: “Es un trabajo largo”. Yo le pregunto: “¿De cuánto estamos hablando?”. “Unos 20, 22 mil dólares”, me responde.
Pollo: — ¡De los de antes!
Mariano: — Sí, hace varios años. Ahí me saqué todo y le digo: “No, bajo ningún punto de vista”. Y el me dice: “Pero esto lo paga Susana. Vení mañana que arrancamos”. Volví a mi casa, le conté a Romina y me dijo: “Si les aceptás eso, sos un cachivache. Es una vergüenza”. Y no me los hice, me dio vergüenza...

Juego del millón
Apilando fajo sobre fajo, el Pollo colocó en la mesa un millón de dólares e invitó a Mariano a gastar el dinero en lo que quiera. Puede utilizarlo en una o en varias compras.
Pollo: — Hay que quemarlo y el único requisito es que no puede ser donado. ¿Con qué te gustaría arrancar?
Mariano: — Un viaje familiar, que nos faltan de la lista.
Pollo: — ¿Cuántos son?
Mariano: — Somos 6.
Pollo: — ¿Qué les falta?
Mariano: — Nos queda Tokio, Oriente y un viaje de historia: Alemania, Auschwitz, lugares de la Segunda Guerra que a mi hijo le gusta mucho. Con Romina nos falta: Marruecos, Turquía…
Pollo: — Ahí se va bastante plata.
Mariano: — Voy a separar 200 mil.
Pollo: — ¿Hicieron muchos viajes juntos?
Mariano: — Sí, me encanta. Si vienen ahora con una valija con toda la plata que yo gasté en viajes familiares y me dicen: “Te la devuelvo toda, pero te borro las imágenes y las sensaciones”, no la quiero. Aunque no tenga para comer. Nada se compara a cuando está la banda junta. Cuando escucho que se ríen entre los hermanos es tan placentero que no lo puedo explicar con palabras, me da emoción. Es una sensación de paz y éxito. No lo puedo comparar con nada. Incluso cuando están en el quincho de mi casa y los veo conectados entre hermanos o primos, es muy hermoso.
Pollo: — 800 mil te quedan.
Mariano: — Viaje con amigos. Tengo los mismos de cuando teníamos 16 años. Jugamos al fútbol, nuestros hijos son amigos entre sí. Tenemos el mismo equipo de fútbol de toda la vida, que lo tengo tatuado. Un par partieron, murieron y sus hijos son mis ahijados. Uno vive conmigo, lo criamos con Romina. Es un grupo de amigos que somos hermanos porque vivimos cosas muy terribles, como pérdidas personales, y la pérdida de dos amigos, que son parte de nuestro cuerpo. Eso nos hizo un grupo fuerte.
Pollo: — Es poco común porque la gente cambia con los años.
Mariano: — Sí, siempre lo decimos. Es muy loco y muy particular lo que nos pasa.
Pollo: — ¿A dónde te gustaría ir?
Mariano: — A Las Vegas y Los Cabos. Acá pongo 300 mil.
Pollo: — Medio palo en viajes hasta ahora.
Mariano: — Viajes y esparcimiento.
Pollo: — Pero en Las Vegas tal vez vuelva (risas).
Mariano: — Con 400 mil compro cuatro departamentos para los chicos.
Pollo: — Te quedan 100.
Mariano: — Me compro un palco en River. Con 100 palos lo tenés más de un año, viene con cochera... Yo tengo mi lugar que está perfecto, pero estoy hace muchos años queriendo uno de esos que toca Coldplay y tenés entradas. Yo viajé por todo el país viendo a River, ahora quiero verlo tranquilo (risas). Quiero el que sirve para todo. Toca Metálica, Emilia Mernes u Oasis, voy. Voy a todos porque una vez que lo tengo… (risas).

En números
Mariano se atrevió a responder el cuestionario y reveló intimidades en relación al sexo, el dinero y sus emociones.
Pollo: — ¿Hace cuántos días no tenés sexo?
Mariano: — Cuatro. Tengo 22 años de casado, ¿eh?
Pollo: — Está muy bien.
Mariano: — Pero trabajador… Desde que la conocí, ella no lo tiene entre sus prioridades...
Pollo: — ¿Vos sí?
Mariano: — Sí, muy. Pero cuando la conocí a ella, que bailaba en Sábado Bus, yo dije: “Bueno, me llevo una bestia sexual que voy a tener que tomar pastillas, cosas, ir al gimnasio, comprarme una prótesis” y nada que ver. Todo lo que parecía, cero. Por supuesto, que lo disfrutamos y todo. Pero…
Pollo: — La líbido está puesta en otras cosas.
Mariano: — Sí, yo soy un artesano.
Pollo: — ¿Así te definís?
Mariano: — Yo dejo el alma. Soy un dador (risas). Me gusta mucho, mucho que mi compañera esté feliz.
Pollo: — Sos como en la conducción.
Mariano: — Sí, entregado. Generoso (risas).
Pollo: — ¿Qué fue lo más caro que te compraste?
Mariano: — Una casa. Cuando teníamos la casa chiquita, Romina pasaba siempre por una y me decía: “Está publicada. Andá a verla”. Yo le decía: “Estás loca. No llegamos”. Ella es media “jabru” y me decía: “Ahí vamos a vivir nosotros y vamos a ser viejitos. Esa va a ser la casa en donde pasemos tiempo en familia”.
Pollo: — ¿Y cuando tuvieron la plata la fueron a buscar?
Mariano: — No lo tuvimos, pero pudimos comprar la casa que soñó Romina y es la casa en donde pasaron todas las cosas: las navidades, bautismos, comuniones, Año Nuevo, cumpleaños, asados, todo.
Pollo: — ¡Qué lindo!
Mariano: — Trabajan arriba...
Pollo: — Abajo también.
Mariano: — Sí, abajo hay que trabajar. Pero tenés que tirar todo para arriba a los ángeles de la guarda. Tenés que hacerlos jugar. Hay que pedirles. Yo los vuelvo locos. Hasta un lugar para estacionar les pido. Cuando no encuentro lugar, digo: “Mamita, dame un lugar para estacionar que llego tarde” y se va uno. “Gracias”, digo.
Pollo: — ¡No te puedo creer! Lo voy a empezar a usar a partir de hoy.
Mariano: — Es así.
Pollo: — ¿Cuántas veces lloraste en los últimos 30 días?
Mariano: — Lloré hace dos días en un capítulo de Bake Off donde hablé de una torta que hacía mi mamá y de unos sabores. En el programa me pasó una cosa muy flashera. ¿Viste en la película Ratatouille cuando el crítico prueba el plato y recuerda cuando era chico y la madre estaba viva? A mí me pasó lo mismo y me rompí todo. Cuando lo volví a ver el programa, volví a acongojarme y después me llamaron mis hermanos, porque hablé mucho de ellos también, y lloré de vuelta. Soy muy llorón y me lo permito.
Pollo: — ¿Cuántos bóxers tenés? Porque sos coqueto vos...
Mariano: — Me gusta tener nuevos y son todos blancos. No me gusta la ropa interior de colores. Solo blancos.
Pollo: — ¿Negro no tenés?
Mariano: — No, no. Nunca. Siempre blanco. Negro viste más, pero yo uso todo blanco.
Mirá la entrevista completa:
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