Por qué Joaquín Levinton no cree en el sexo casual y cómo la maternidad le salvó la vida a La Joaqui

En este episodio de Pogo o Nada, el cantante de Turf y la rapera cruzan impresiones sobre los vínculos tóxicos, cómo superaron sus adicciones a las drogas y cómo lidian con las inseguridades internas

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Pogo o Nada - La Joaqui Joaquin Levinton

Joaquinha Lerena (La Joaqui) y Joaquín Levinton tienen algo más que la pasión por la música y sus nombres en común. Al menos así se reveló en este episodio de Pogo o Nada, encuentro en el cual la rapera y el cantante de Turf conversaron por primera vez y coincidieron en distintos aspectos que cruzan sus vidas.

Ella le profesó su admiración y admitió sentirse nerviosa por conocerlo. Él se sintió atraído por la imagen rebelde que ella imprime en sus videoclips. Y aunque hay cierta diferencia de edad (ella, 28 años; él, 47), tuvieron un recorrido similar que los inspiró a hablar de cómo superaron sus adicciones a las drogas, por qué en este momento de sus vidas optan por la monogamia, de qué manera lidian con los comentarios ajenos para no alimentar sus inseguridades, cómo se llevan con el hecho de ser “ovejas negras”, cuándo se dieron cuenta de que había que frenar para seguir viviendo y cómo todo ese cúmulo de experiencias los inspira a seguir escribiendo canciones.

La Joaqui y Joaquín Levinton conversaron por primera vez de la mano de Pogo o Nada (Fotos: Franco Fafasuli)
La Joaqui y Joaquín Levinton conversaron por primera vez de la mano de Pogo o Nada (Fotos: Franco Fafasuli)

Joaquín Levinton: —¿Qué hacés, Joaqui?

La Joaqui: —¡Tocayo!

JL: —Sí, qué raro ¿no? Llamarse casi igual...

LJ: —Todos los que conozco con el nombre como el mío, hacen lío.

JL: —¿En serio?

LJ: —En serio. Cuando te llamás Joaquinha en un lugar donde nadie se llama así, empezás a investigar qué significa tu nombre. Y me di cuenta de que las personas con el mismo nombre tienen muchas cosas en común. Como si el nombre lo eligiera a uno, más que uno elige el nombre. Vos sos como un rebelde, y yo me siento un poco así: la “oveja negra”. Y escuché que vos también te sentís así, me generaba mucha incertidumbre.

JL: —Tenés una actitud muy rebelde en tus canciones y en la manera de mostrarte, ¿no?

LJ: —Sí, en la vida, creo.

JL: —Aún así, cuando te vi por primera vez acá y charlamos mínimamente detrás de cámara, no das esa sensación.

LJ: —No, puede ser que lo de rebelde sea tal vez mi alter ego, la coraza que me creé para sobrevivir al mundo siendo una sensible.

JL: —Te noté tímida y, tal vez, introvertida.

LJ: —Sí, bastante. Creo que el personaje que me armé tiene mucho que ver conmigo, pero con la parte mía que encierro y que no me animo a sacar afuera. Tal vez cuando me siento en mi personaje, digo: “A La Joaqui nadie le va a decir nada. A Joaquinha tal vez sí”.

JL: —¿Es un método de defensa, decís?

LJ: —Un método de defensa y un método de poder ser quien yo quiero y que la sociedad no me castigue por eso.

JL: —¿Pensás que la sociedad te anda juzgando?

LJ: —Sí, totalmente. Partiendo de la base de que tengo dos hijas, hago RKT y consumo marihuana abiertamente. Entonces para la gente yo ya tengo todos los títulos de “mala mujer”, “mala madre”. La sociedad es así y no sé si tiene que ver también con ser mujer, pero sí siento que a veces tengo que ocultar un poco lo que realmente soy o quiero ser para no sentirme juzgada por eso.

"Ser rebelde es tal vez mi alter ego, la coraza que me creé para sobrevivir al mundo siendo una sensible", le dijo La Joaqui a Joaquín Levinton
"Ser rebelde es tal vez mi alter ego, la coraza que me creé para sobrevivir al mundo siendo una sensible", le dijo La Joaqui a Joaquín Levinton

JL: —Te hago una pregunta, no sé si queda mal o bien pero me da curiosidad... ¿Qué edad tenés?

LJ: —28.

JL: —Te lo preguntaba más que nada porque al tener dos hijas y parecer tan joven, me sembraba curiosidad. Has recorrido mucho en poco tiempo, ¿verdad?

LJ: —Sí, bastante. Hago música desde los 15 años pero se me empezó a ver recién hace dos. Yo también tengo para vos una pregunta que me intriga un montón. En muchas de tus canciones hablás de la libertad como si el amor te causara rechazo... Pero lo sentís igual. Es muy loco. Entonces, me intriga saber sobre el gran amor de tu vida o tu ruptura brutal de corazón para que vos pienses que el amor es así.

JL: —Bueno, has dado en la tecla. Te voy a responder dos cosas que me parecen que incluyen tu pregunta. Una es lo que decís, que a veces escribís algo y lo entendés después. Lo he analizado porque me ha pasado en muchas canciones, porque cuando uno compone o escribe, te soltás y liberás algo que está en un lugar del subconsciente. Y después al escucharlo, inclusive, lo pensás. Cuando vos escribís, estás en libertad. No involucrás al filtro de la razón, ¿no? Es más intuitivo, más impulsivo.

LJ: —Sí, total.

JL: —Por eso me parece que no hay tanta mística sobre el tema, tiene que ver con los impulsos, con lo que existe adentro. A modo de catarsis, puede funcionar. Y con respecto a lo del amor, me parece que lo que yo tuve -y que hoy está muy en auge y hasta me molesta decirlo, porque suena trillado- son muchos amores tóxicos. Me parece que lo que vos notás cuando hablás de eso, tiene que ver con esa disyuntiva entre estar entregado y estar en guardia, ¿no? Por las dudas (risas).

LJ: —Totalmente. Mi abuelita me decía que era un algodón de azúcar caminando y yo soy escorpio, negro, me gusta la lluvia. Me decía: “No podés pensar así, andá a terapia, el amor no es algo malo”. Y fui a terapia y me dijeron: “Bueno, vos tenés que poner en la balanza...”. Puse en la balanza y para mí los momentos de endulzamiento no valen ni en pedo la transición de superar a alguien o de sufrir por esa persona.

JL: —¿Pero tuviste de esos momentos lindos, que se parecen a la felicidad pura?

LJ: —Sí, los he tenido. En la maternidad siento un amor puro y profundo. Pero en parejas, siento que es muy difícil. Es inevitable que dos personas se desentiendan en algún momento porque son personas, son distintas y en algún momento ocurre. En mi caso, en mi corazón, en mi manera de transitar y llevar las situaciones, me pesa mucho más cuando te separás con amor. Me pesa mucho más la nostalgia.

JL: Las separaciones son muy duras. Y aparte, no sé si te ha pasado, pero es tránsito lento: hasta que te querés rajar y rajaste, pueden pasar años. De todas maneras, no le saco valor a esos 40 segundos de felicidad, esos momentos breves de felicidad en el amor y en la pareja donde estás viviendo algo pleno. Si los pongo en la balanza, igual lo volvería a hacer.

Durante la conversación y fiel a su estilo desopilante, Joaquín Levinton hizo reír a La Joaqui
Durante la conversación y fiel a su estilo desopilante, Joaquín Levinton hizo reír a La Joaqui

LJ: ¿Te gustaría ser padre?

JL: Sin dudas. Primero, para sacar el foco un poco de encima mío. Segundo, para vivir una experiencia nueva y trascendental que yo no he vivido.

LJ: —Debe ser lo único que no has vivido en la vida...

JL: —Tal cual... Bueno, no, tampoco me tiré en paracaídas ni estacioné un crucero (risas). Tengo mis fuertes dudas si la paternidad no es una actividad muy agotadora o si no es algo demasiado extremo. Que te descuidás cinco minutos y se muere porque tocó el enchufe.

LJ: —Es un poco así, es constante. Me quiero ir a algo personal, si me das permiso.

JL: —Por supuesto.

LJ: —Yo tuve bastantes quilombos con las drogas…

JL: —Yo no fui a rehabilitación.

LJ: —Ah, pensé que sí. Bueno, tal vez me dicen que no puedo decir esto porque la medicina, el respeto a las personas... Pero a mí la rehabilitación no me hizo bien. De hecho, creo que hasta me hizo peor porque conocí los psicofármacos.

JL: —Perdoname, si vamos a hablar de esto, necesito saber algo: ¿Con qué droga tuviste problemas?

LJ: —Con todas, pero creo que me gustaba mucho la cocaína.

JL: —¿A qué psicofármacos te referís?

LJ: —Drogas legales... Cuando las conocí, yo seguía siendo igual, solo que estaba sedada todo el tiempo. Un día me escabié, terminé de tomar una pastilla y dije: “Wow, ¿qué es esto?”. Y creo que ese fue mi peor colapso. Y cuando fui mamá, instantáneamente dije: “No, pará...”.

JL: —Te rescató.

LJ: Encontré una razón para estar viva. Tal vez no la tenía o no sentía que la tenía. Decía: “Ya fue, total voy a jugar con mi vida hasta que se dé”. Hacía todo, como decís vos, por impulso.

JL: —No te divertías. La droga era como una vía de escape.

LJ: —Totalmente. Cedí toda mi vida a lo que no me salía hablar, a lo que me afectaba y quería hacer de cuenta que no me afectaba…

JL: —¿Cuándo empezaste?

LJ: A los 12 años fue la primera vez que consumí cocaína y realmente tampoco sabía lo que estaba consumiendo. A mí me gustaba mucho vaguear, andar en la calle y un jueves a la noche, la gente de 12 está en su casa, durmiendo. Mi mamá era muy laburadora, laburaba hasta las 2 de la mañana, entonces yo podía hacer con mi vida lo que quería, mientras tanto…

JL: —Se te pasaba a juércoles.

LJ: —Se me pasaba a juércoles (risas). Y en un momento y en un horario, solo hay gente de determinada edad y yo no quería que todos digan: “Ah no, vos sos chiquita”. Entonces yo decía: “Yo también hago esto”. No sabía lo que hacía, solo quería hacer quilombo y ser parte del montón, mostrar que yo también era grande... Y sin darme cuenta, me hice grande.

"A los 12 años fue la primera vez que consumí cocaína y realmente tampoco sabía lo que estaba consumiendo", confesó La Joaqui
"A los 12 años fue la primera vez que consumí cocaína y realmente tampoco sabía lo que estaba consumiendo", confesó La Joaqui

JL: —¿Pero eras quilombera?

LJ: —Y... Era bastante quilombera, sí. Aunque creo que estaba enojada.

JL: —Claro. Bueno, no es mi caso. Lo mío era buscar la diversión de quilombero, buscar aventuras, vivir cosas desopilantes. Siempre lo vi por ahí. Después, puede ser que se descontrola, porque esa manera indeterminada de pasar el tiempo se pone muy a contramano de la vida misma. Igual, cuando vas a contramano de la vida misma, durante largo tiempo, cumple la función que uno quiere. Pero a la larga, proyectado en el tiempo... Se empieza a descontrolar un poquito.

LJ: —¿Un día te levantaste y dijiste: “Quiero estar mejor, hoy quiero otra cosa para mi vida”? ¿O cuál fue tu cambio drástico para bajar?

JL: —Buena pregunta. Se desmadró el asunto de la relación con las personas, con mi familia. Primero, tenía muy poca capacidad de llevarme con las personas normales. Por otro lado, tuve una necesidad de que las cosas tengan más orden. Pero no llegué nunca a tener un problema… En eso entra en juego la familia, que en mi caso es numerosa y que pudo ser un marco de contención. Eso lo tuve.

LJ: Yo ya no consumo nada... Cannabis nada más, pero no siento que es una droga…

JL: —¿Fumás al levantarte?

LJ: —Sí, yo me levanto…

JL: —O sea, que estás de la cabeza durante el día.

LJ: —Sí.

JL: —¿No perdés la llave de la casa, no te olvidás dónde está el auto?

LJ: —No, no. Va de la mano con que yo crecí en Costa Rica y allá se vive distinto el consumo del cannabis. Hay mucha cultura rasta. Soy chalona desde chica. Fumar me ayudó un montón a relajarme y a sacarme de otras situaciones. A lo que quería llegar es que debió haber sido muy difícil también ser vos, con el impacto mediático y social que tenías en su momento, porque cuando sos vos, todo el mundo te quiere convidar todo.

JL: —En realidad, me tocaba más convidar que me conviden. Pero tampoco me voy a hacer el superado: la cocaína es difícil de manejar. Yo te pregunto lo de la marihuana, porque yo si fumo no encuentro la llave del auto durante tres horas. Y si las encuentro, no encuentro el auto. Y si encuentro el auto, me pierdo dando vueltas manzana. Y si doy vueltas manzana, se acaba la nafta del auto y no sé dónde cargar. No llego a la estación de servicio. Es una cadena de desencuentros. También me pasa con la marihuana es que si fumo al tocar, me olvido la letra, me distraigo, llego cuatro segundos tarde a los acordes... No me funciona. Pero viste que esto es para cada uno.

LJ: —A mí me pasa al revés, soy hiperquinética. A mí me pasa que si yo no me fumo una seca antes de salir a tocar, me pongo a pensar: “Ay, no, pero estoy mal, porque si me pongo así, pero si sale mal, pero si canto mal y en Twitter me van a matar, que me van a decir...”. Fumo y simplemente lo disfruto. Se me bajan las revoluciones del cerebro.

JL:Estás muy atenta a la visión de los demás, digamos.

LJ: —La verdad que sí. Es algo con lo que nunca aprendí a lidiar. Me mata. Hasta hace unos meses atrás -que tuve un acontecimiento bastante negativo, con un ataque mediático-, entraba a mi videoclip y si había diez mil comentarios, leía uno por uno. Y decía: “Si este me dice que salí así, puede ser que sea así…”. Como que terminas desdibujándote, inconscientemente.

JL: —Sí, yo te aconsejaría que no le prestes tanta atención. Sobre todo los comentarios de las redes, que hay varios que son maliciosos, que son tontos. Hay algunos muy lindos; es lindo cuando lees unas palabras de cariño, cuando gustan de lo que estás haciendo. Pero la verdad es que no te vas a comer todas las otras cosas porque son virtuales, entran en un vacío legal y es como quien tira una piedra y esconde la mano. A mí me importa muy poco la opinión de los otros, salvo la de algunas personas que yo valoro, como puede ser algún miembro de mi familia, algunos amigos exigentes... Hablando de eso, ¿tenés conflictos con tu cuerpo?

LJ: —Sí, bastante.

JL: —Eso es una cagada, ¿no? Bueno, todos los tenemos.

LJ: —Soy de la generación de las redes sociales. Creo que todos lo tenemos, un montón.

JL: —Es una cagada que toda la gente está muy atenta a la imagen. Sobre todo porque me parece que la mujer lo padece un poco más, todavía.

LJ: —Sí, lo padezco bastante más, tal vez. Siento que si vos sos un cantante de rap varón y tenés un peso mayor al del resto, sos un gordo canchero. Y si vos sos mujer y te sale un rollo, estás re dejada, estás re baqueta. Creo que tiene que ver bastante con el machismo y qué tan hegemónica debe ser una mujer. Y no es solo eso, sino también el hecho de no sentir que estás haciendo bien tu papel. Pero cuando toco con la banda, con mis bailarinas y con mi DJ segundándome, me siento poderosa.

"Tenía muy poca capacidad de llevarme con las personas normales y tuve una necesidad de que las cosas tengan más orden", dijo Joaquín Levinton acerca de cómo superó su adicción a las drogas
"Tenía muy poca capacidad de llevarme con las personas normales y tuve una necesidad de que las cosas tengan más orden", dijo Joaquín Levinton acerca de cómo superó su adicción a las drogas

LJ: ¿Crees en una relación monogámica hoy en día?

JL: —Sí, por supuesto. Pero no desde un lugar que te tengas que reprimir. Supongo que está más ligado a depositar esa relación en un lugar copado, que te sentís tranqui y aparte, además, tenés tus proyectos personales, tus cosas… No tenés tiempo, ni necesidad, ni ganas de involucrarte en otra situación. Pero eso te tiene que salir naturalmente, porque si lo hacés de manera contractual, no va a funcionar.

LJ: —No va a funcionar. A mí me pasa al revés: yo sufro un montón esto porque no es que no creo que exista, no creo que yo pueda sentir placentero un encuentro casual. Las dos veces en mi vida que tuve sexo casual me sentí triste, incómoda.

JL: —Vacía. Te dejó un vacío.

LJ:Yo solo siento placer vinculándome con alguien por quien siento algo. Cuando tengo una cita, a veces espanto a la gente, a veces me sale muy bien... Y yo digo: “Mira, te quiero aclarar que yo si quiero conocerte es porque realmente quiero conocerte en profundidad, no me interesa conocerte hoy y no verte más”. No me gustan, no me llenan y no me hacen sentir bien los encuentros casuales.

JL: —¿Estás en pareja?

LJ: —Sí, ahora sí estoy en pareja. Me siento cómoda y feliz, pero también me gusta comprender todas las maneras de amar. Tengo un montón de amigas que creen en las relaciones abiertas, en los vínculos abiertos, y yo creo que no me aguantaría. Tal vez es una cuestión de inseguridad. Pero noto esto, que vos tenés una mirada muy liberal con respecto al amor y me imagino lo difícil que habrá sido desarrollarse en ese momento.

JL: —Sí, igual ahora me inclino más por tu pensamiento que por el que vos te imaginás.

LJ: —¿Y vos estás en pareja?

JL: —Sí, sí. Y también prefiero lo que vos decís. Pero esto no está pautado, eh. De hecho, por el contrario...

LJ: —Vos sentís que querés ese vínculo y listo, te llena.

JL: Sí, y siento lo mismo que vos, que el sexo casual ahora me da un poco de fiaca. Y también siento, en un punto, que nos estamos conociendo demasiado rápido en muy poco tiempo.

LJ: —Total. Es como algo solo carnal. Y yo tal vez soy más pensante, más emocional, me gusta charlar y saber qué te pasa.

JL: —Sí, sí. Aparte, después, si no volvés… Igual, la mentalidad que tengo es de nunca cerrar puertas. Dejarlas entreabiertas. Porque si las cerras, después es raro, ¿no?

LJ: —Sí, es raro. Cerrar puertas significa serte desleal a vos mismo cuando pases por otra puerta, ¿no? Decir: “Uh, yo dije que esto nunca y ahora…”.

JL: —Claro, y después se los dijiste a los otros. Y si hiciste promoción de lo que dijiste como si fuese una verdad absoluta, ni te cuento.

LJ: —Sí, uno es esclavo de lo que dice. Y de lo que compone, también. ¿Vos seguís sintiendo que todo lo que compusiste en ese entonces es lo que pensás actualmente?

JL: —No, ni me importa.

LJ: —Perfecto. Es parte de la evolución pensar distinto.

JL: —No, pero no es que piense distinto ni a favor, sino que me parecería también perfecto si tengo que cambiar. Casi me olvido de preguntarte una cosa: el rosario que tenés colgado. ¿Sos creyente?

LJ: —Sí, soy creyente. La verdad que me va mejor en la vida desde que encontré dónde depositar mi fe. ¿Vos sos creyente?

JL:Por las dudas no quiero tener ningún problema con Dios, pero… (niega con la cabeza).

LJ: —Claro. Igual hay veces que me enojo con Dios y digo: “Si vos existís, no me podés estar haciendo pasar por esto”. Después se me pasa y digo: “Dios, soy yo de nuevo”. Estoy volviendo a ser creyente, me estoy amigando con mi fe.

"No me gustan, no me llenan y no me hacen sentir bien los encuentros casuales", dijo La Joaqui y Joaquín Levinton coincide con ella en la actualidad (Fotos: Franco Fafasuli)
"No me gustan, no me llenan y no me hacen sentir bien los encuentros casuales", dijo La Joaqui y Joaquín Levinton coincide con ella en la actualidad (Fotos: Franco Fafasuli)

JL: —¿Qué te llevás de esta charla?

LJ: —Me resulta muy loco porque te veo como muy armado y muy estable para toda la catarsis de toda tu vida (Joaquín se ríe). Yo le llamo catarsis, componer una canción es como que te parte al medio el corazón. Y vos has escrito tantas cosas que me es muy loco verte tan entero y tan calmado con el universo. Entonces digo: “Espero llegar tan armada después tanto movimiento, tantas energías...”. Yo me desquicio con un comentario de YouTube y te veo a vos totalmente calmo con la vida, con una mirada muy positiva con los medios y a lo mediático, que me encantaría lograr encontrar esa templanza en algún momento.

JL: —Ya la vas a encontrar. De repente te das cuenta de que no hay que pensar ni darle tanta relevancia a eso. Hay que tratar de luchar contra la adicción a las redes y a estar tan conectado. Eso me da un poco de miedo: estar perdiendo un montón de tiempo en nada.

LJ: —Tratando de agradar, simplemente.

JL:No, yo no trato de agradar nunca. Si soy agradable o si agradé o agrado, es por algo natural. Pero no me interesa hacer ese esfuerzo. Es terrible hacer ese esfuerzo.

LJ: —Es terrible. Y creo que las redes son eso: el valor de la gente es cuántos likes tiene. A mí me sigue impactando. A veces me pasa que me levanto y digo: “Tengo que agarrar el celular porque tengo que publicar esto” y me agarra un pánico previo.

JL: —Es una locura, una adicción terrible.

LJ: —Es un medio nocivo y todo en exceso hace mal. Es nocivo ver todo perfecto. Nadie va a mostrar en redes lo malo. Vos no te levantás un día diciendo: “Hola gente, hoy les quiero contar que estoy deprimido porque ayer tuve esta situación y me chocaron el auto y fui al banco y no me atendieron y me pagaron menos de lo que quería...”. Nunca nadie se levanta haciendo ese descargo. Entonces uno ve todo tan perfecto que se siente constantemente imperfecto... Pero en realidad no es real. Como cuando te estás conociendo con alguien. ¿Viste que después decís: “Pero este hijo de puta me traía flores todos los días, ahora no me lavas ni un plato”? Las redes sociales son el endulzamiento eterno. Toda tu vida va a ser mostrando lo que querés que la gente vea. Tal vez es eso lo que te mantiene en templanza, puede ser. Puede ser tu gran secreto.

JL: —Puede ser, eh. Fue un placer enorme charlar con vos. Apenas me dijeron que nos íbamos a encontrar, tenía una gran expectativa...

LJ: —Yo estaba nerviosa, no te voy a mentir. Decía: “Ay, ¿qué pensará este músico del carajo de mí?”.

JL: —No pienses así. Me encantó conocerte, sos una persona súper recontra copada. Así que un placer haber tenido esta conversación.

LJ: —Muchas gracias, un gustazo.

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