El Palacio Fernández Anchorena tiene entrada por avenida Alvear 1637, en Recoleta, a metros de la esquina con Montevideo. Es uno de los edificios más imponentes de una avenida: fachada francesa, techos altos, jardín interior y salones concebidos para recibir a la elite porteña de comienzos del siglo XX. Desde 1952 funciona allí la Nunciatura Apostólica, residencia oficial del representante del Papa en la Argentina. En noviembre, durante cuatro noches, será además la casa de León XIV.
Pero la Nunciatura no será solamente el lugar donde el Pontífice duerma al terminar cada jornada. La preparación de la visita reserva márgenes para al menos dos encuentros privados que no formarán parte del programa público, según pudo saber Infobae, y la residencia diplomática aparece como el escenario natural para esas conversaciones. Allí comienza la segunda agenda de un viaje papal.
PUBLICIDAD
Una agenda es la que ya distribuyó la Sala de Prensa de la Santa Sede: horarios, discursos, ceremonias, traslados, autoridades y cámaras. La otra se arma alrededor de los espacios que quedan entre esos actos y responde a una lógica diferente: conversaciones sin transmisión, sin fotografías y sin necesidad de incorporarse a la narrativa pública de la visita. En las próximas semanas, mientras avance la organización, una de las preguntas que circulará con mayor insistencia entre dirigentes políticos, empresarios, referentes sociales y miembros de la Iglesia será quién conseguirá cruzar la puerta de Alvear 1637.
Las nunciaturas vienen cumpliendo ese papel durante los viajes de León XIV desde el comienzo de su pontificado. Son territorio diplomático de la Santa Sede y, al mismo tiempo, la residencia del Papa durante sus estadías, un espacio capaz de quedar al margen del ceremonial del país anfitrión. En distintos viajes del último año, León XIV las utilizó para encuentros religiosos, diplomáticos o personales que requerían un nivel de reserva diferente al de los grandes actos públicos.
Un ejemplo claro fue lo sucedido durante el viaje a España en junio pasado: allí la Nunciatura fue sede de encuentros que figuraban en el programa (como la reunión con el Presidente de Gobierno Pedro Sánchez) y de otras reuniones que no aparecían en la agenda oficial, como la que León XIV mantuvo el lunes 8 de junio con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso. Ayuso sabía con varios días de anticipación que el pontífice la recibiría en la sede diplomática y aceptó la “máxima discreción” que le había pedido el Vaticano antes de la reunión. Se espera un procedimiento similar en Buenos Aires con los dirigentes argentinos que vayan a ver a Robert Prevost al edificio de Recoleta.
PUBLICIDAD
En África, por ejemplo, recibió en privado en la Nunciatura de Yaundé a representantes religiosos y celebró en Luanda una misa privada antes de continuar con la agenda oficial. En otras escalas, las residencias pontificias sirvieron también para conversaciones con autoridades civiles, miembros de comunidades religiosas y referentes que no necesariamente participaron de las ceremonias abiertas. La lógica se repite: lo que admite cámaras puede ocurrir afuera; lo que exige reserva encuentra en la Nunciatura un escenario propio.
Francia, el viaje más reciente, ofreció otra señal sobre el valor que el Vaticano asigna a ese espacio. Más allá de las ceremonias organizadas por el país anfitrión, el Papa mantuvo la Nunciatura como residencia y centro operativo. Es territorio del Pontífice y de la diplomacia de la Santa Sede, y lo que ocurre allí no queda determinado por el protocolo local.
En Buenos Aires, esa lógica tendrá además una particularidad: el hombre que abrirá la puerta de la casa fue elegido hace apenas unos meses por el propio León XIV. Monseñor Michael Wallace Banach fue designado nuncio apostólico en la Argentina el 14 de mayo de este año. Hasta entonces era representante pontificio en Hungría y llevaba décadas en el servicio diplomático de la Santa Sede. Su nombramiento llegó cuando la preparación de la visita papal ya formaba parte del horizonte de las relaciones entre Roma y Buenos Aires.
PUBLICIDAD
Banach será, por eso, mucho más que el anfitrión formal del Papa durante esas cuatro noches. Será también una de las personas encargadas de administrar los accesos a la residencia y ordenar las solicitudes de audiencia privada que llegarán desde distintos sectores. La última palabra será de León XIV y de su entorno inmediato, pero en Buenos Aires el nuncio sabrá quién entra y quién queda afuera.
Quiénes buscan entrar
El programa oficial del domingo 8 de noviembre concentrará buena parte de las imágenes institucionales de la visita: las autoridades nacionales, el encuentro con el presidente Javier Milei, las ceremonias previstas en el centro porteño y el discurso de León XIV ante referentes de la sociedad civil. Todo eso tendrá horarios, protocolo, listas de invitados y cámaras. La Nunciatura ofrece exactamente lo contrario.
Entre quienes pueden aspirar a una audiencia privada aparecen dirigentes sindicales y de movimientos sociales, referentes políticos por fuera del oficialismo, empresarios y figuras del mundo eclesiástico. Para cualquiera de esos sectores, una conversación en Alvear 1637 permite algo que un encuentro público no permite: interlocución sin necesidad de producir una fotografía institucional. No significa necesariamente apoyo, respaldo ni toma de posición; justamente una de las utilidades diplomáticas de la Nunciatura es permitir una conversación sin convertirla inmediatamente en un gesto político.
PUBLICIDAD
En el mundo sindical y de los movimientos sociales hay interlocutores históricos de la Iglesia argentina que buscarán mantener abiertos sus canales con Roma. También existen sectores políticos que tienen relación con la Santa Sede y empresarios con los que el Vaticano mantiene diálogos sobre asuntos sociales, económicos e institucionales. Los donantes de la visita serán uno de los grupos que con seguridad se reunirán con el Papa en la Nunciatura.
A eso se suma el propio universo eclesial, donde una visita papal abre conversaciones internas que rara vez se producen delante de una cámara: relaciones entre obispos, movimientos, congregaciones religiosas, organismos vaticanos y figuras de la Iglesia local.
La casa del Papa
La historia del edificio añade otra capa al escenario. El palacio fue encargado al arquitecto francés Édouard Le Monnier por Juan Antonio Fernández y Rosa de Anchorena, que residían en París y nunca llegaron a habitarlo. Décadas después pasó a manos de Adelia Harilaos de Olmos, marquesa pontificia y una de las grandes benefactoras católicas argentinas de su tiempo, quien terminó legándolo a la Santa Sede para que se convirtiera en sede de la representación pontificia.
PUBLICIDAD
Desde 1952 funciona allí la Nunciatura Apostólica. El edificio alojó también a Juan Pablo II durante sus visitas a la Argentina de 1982 y 1987 y guarda todavía las marcas de décadas de relación entre la Iglesia local, Roma y algunas de las familias que colaboraron con su mantenimiento y sus sucesivas refacciones. En las semanas previas a la llegada de León XIV, los trabajos se concentrarán especialmente en distintos sectores de la residencia, entre ellos la fachada y la capilla.
Otros proyectos quedarán para después. Banach incluso imagina para una etapa posterior una nueva parrilla que permita convertir parte de la casa en un espacio más habitual de recepción para visitantes argentinos, en una adaptación bastante local de una de las residencias diplomáticas más particulares de Buenos Aires.
Cuando se vayan las cámaras
La Nunciatura tiene además una condición jurídica que refuerza su carácter reservado. Como sede diplomática, sus instalaciones están protegidas por el principio de inviolabilidad previsto en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Las autoridades del Estado receptor no pueden ingresar en los locales de una misión sin consentimiento y sus archivos, documentos y comunicaciones diplomáticas cuentan también con protecciones específicas. Según pudo saber Infobae, hace dos semanas se reforzó la seguridad informática y de comunicaciones.
PUBLICIDAD
Pero durante una visita papal su verdadera ventaja es más sencilla: detrás de esa puerta puede celebrarse una conversación sin atril, sin transmisión y sin obligación de incorporarla al programa público. El domingo, las cámaras seguirán a León XIV hasta la Casa Rosada y el Palacio Libertad. En los días siguientes estarán en cada misa, cada ceremonia y cada traslado. Por la noche, el Papa volverá a Alvear 1637. Durante cuatro noches dormirá allí. Y en Buenos Aires ya empieza a circular otra pregunta: quiénes serán los que entren cuando las cámaras se hayan ido.
PUBLICIDAD