Se profundiza el debate en la CGT: por qué demoran una nueva protesta y el mes clave que podría acelerar la pelea con Milei

La dirigencia cegetista deliberará esta tarde en medio de una ola de conflictos salariales y laborales, aunque sin indicios claros de cómo seguirá el plan de lucha contra el Gobierno. La queja por la estrategia oficial que los somete al “desgaste” de los paros

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La CGT mide los tiempos de la protesta y debate cómo seguir la pelea contra el gobierno de Javier Milei
La CGT mide los tiempos de la protesta y debate cómo seguir la pelea contra el gobierno de Javier Milei

La mesa chica de la CGT retomará esta tarde sus reuniones de análisis y catarsis ante un gobierno de Javier Milei que el sindicalismo sigue sin poder decodificar. La dirigencia gremial mide los tiempos antes de poner en marcha un paro general de 24 horas, pero la prudencia responde más que nada a la sospecha de que, pese a las consecuencias del ajuste, no hay garantías de que una nueva medida de fuerza tendrá un alto acatamiento. Por eso los sindicalistas miran el almanaque: creen que en abril se dará el pico de conflictividad y quedará en claro si se mantendrá la tolerancia social al Gobierno.

Será el eje que estará sobre la mesa en el encuentro de las 15 en la sede de UPCN, en Moreno al 1330, que marcará la continuidad del debate iniciado la semana pasada en la Federación de Sanidad. La conducción de la CGT está más concentrada en dejar que cada sindicato trate de destrabar los problemas salariales y laborales que tiene, agravados en muchos casos porque no encuentran interlocutores en la Casa Rosada. Por eso se empezaron a acumular las medidas de fuerza: La Fraternidad, Sanidad, los aeronáuticos, ATE y ahora los docentes con su huelga del lunes y la UOCRA con la movilización de este jueves ante la Secretaría de Trabajo por los despidos.

Para colmo, los mismos gremialistas que dicen verse obligados a parar se quejan de que el Gobierno, de manera astuta, deja que se concreten las protestas sin declarar la conciliación obligatoria, como era tradicional, para frenar las huelgas y obligar a una negociación. “Estos tipos son vivos: no declaran la conciliación y dejan que nos desgastemos con los paros”, admitió un dirigente experimentado.

El estilo de Javier Milei desconcierta al sindicalismo (Foto REUTERS)
El estilo de Javier Milei desconcierta al sindicalismo (Foto REUTERS)

En el sector privado, los sindicalistas batallan para revisar las paritarias con el fin de que la inflación no siga carcomiendo los salarios, pero en el caso del sector público se suma la incertidumbre por la reforma del Estado que empezó a ponerse en marcha y que reducirá las fuentes de trabajo. Y, además, el lamento de los dirigentes es que no saben con quién hablar dentro de la grilla de funcionarios para resolver problemas concretos. “No te dan bola. Hay que llamar a uno y a otro, tienen muchos cargos sin ocupar y no les preocupa si los amenazás con una medida de fuerza”, reconoció un jefe cegetista.

Los ejemplos de ese tipo se acumulan. Los tres gremios aeronáuticos que rechazaron el aumento del 12% deslizaron que habían avanzado en un posible acuerdo con Mauricio González Botto, secretario de Empresas y Sociedades del Estado, pero finalmente un llamado del ministro de Economía, Luis Caputo, dinamitó esas tratativas auspiciosas y los “obligó” a concretar el paro de este miércoles. Los sindicatos docentes se reunieron con el secretario de Educación, Carlos Torrendell, para hacerle una propuesta que evitara la huelga, aunque aseguran que el funcionario no les dio ninguna respuesta y ni siquiera se comprometió a hacerlo. Ahora, los gremios educativos de la CGT, piloteados por la Unión Docentes Argentinos (UDA), de Sergio Romero, pararán el lunes, pero el temor es el mismo: el desgaste ante la sociedad y sus propias bases por la encerrona de protestar sin obtener soluciones.

En las charlas de la mesa chica de la CGT surge un dato obvio que los alienta a esperar un poco: entre marzo y abril se sentirá aún más en los bolsillos de la gente el efecto de los tarifazos y de los aumentos en los alimentos, los combustibles, las escuelas y las prepagas. “Nos van a pedir de rodillas que hagamos un paro”, exageró un dirigente que lleva casi tres décadas al frente de su sindicato.

Otro sindicalista, en cambio, susurró algo que no se animaría nunca a decir ante un micrófono: “Si la inflación baja y la gente se acomoda a lo que viene, creo que vamos a tener libertarios para rato”.

En público, una vez más, la voz que sobresale es la de Pablo Moyano (Camioneros), el cotitular de la CGT: “El Presidente se la pasa tuiteando y apretando a los gobernadores. No pudo Macri, menos va a poder este cachivache”, dijo este miércoles, luego de que los docentes confirmaron el paro.

La CGT profundiza su debate interno sin muchas pistas acerca del mejor camino para seguir. Su máxima dirigencia sólo parece intuir que el paso de las semanas la dejará más cerca de un paro general que, si la economía no muestra mejoras, nadie podrá calificar de apresurado ni inoportuno.