
De poco sirvieron los inicipientes esfuerzos de Guillermo Francos, el único interlocutor dialoguista del Gobierno, para retomar las conversaciones con el PRO y Hacemos Coalición Federal y llevar a buen puerto los puntos de consenso que se derrumbaron como en un dominó cuando el oficialismo retiró la ley Ómnibus. La sorpresiva embestida conjunta de los gobernadores contra el Ejecutivo, el viernes, a partir de la resistencia del chubutense Ignacio Torres (PRO), dio por terminada cualquier posibilidad de acercamiento, y en la Casa Rosada frenarán la reconstrucción de los puentes políticos.
Mientras se encuentra en Estados Unidos afianzando sus vínculos con Donald Trump, Milei no oculta su malestar con los cada vez más lejanos aliados del Gobierno. Tras la fuerte contraofensiva que emprendió el Presidente contra Torres a través de su canal de comunicación favorito, X, los libertarios se muestran convencidos de que los gobernadores no tienen argumentos sólidos desde el punto de vista legal y, sobre todo, señalan que sus objetivos responden a un interés puramente político.
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“Nos dejaron sin la ley que nos permitía mover partidas y fondos, a pesar de que les advertimos que en cualquier momento íbamos a necesitar disponer de ellos. Y ahora nos amenazan porque hacemos lo que dijimos que haríamos. Están jugando sucio”, dijeron en Balcarce 50 el sábado, apenas unas horas después de la escalada de tensión del viernes por la noche.

El Ejecutivo había empezado, poco a poco, a recomponer el vínculo con algunos mandatarios. Si bien no había diálogo aún con los más fuertes y distantes, como el radical santafecino Maximiliano Pullaro y el cordobés peronista Martín Llaryora, Francos se había reunido largamente, esta semana, con cinco representantes del Norte Grande, en Salta; había recibido al chaqueño Leandro Zdero; y había sido invitado por el correligionario Alfredo Cornejo a Mendoza, con la excusa de la Fiesta de la Vendimia. Además, el Presidente había visitado, aunque brevemente, a Valdés, que se plegó a un apoyo condicional al oficialismo.
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Aunque el jefe de Estado y su ministro político habían evitado hacer promesas para evitar generar falsas expectativas o versiones cruzadas, se estaba gestando un eventual acuerdo con ciertos actores secundarios pero importantes de la oposición, con vistas a ampliar el rango de contactos. Mientras tanto, Milei se preparaba para un encuentro vital, presencial, con Mauricio Macri, que se perfila como nuevo presidente del PRO y con quien dialoga seguido, pero se encuentra muy ocasionalmente. Ese esperado cónclave que, como habían admitido en ambas terminales, era inminente, quedó postergado indefinidamente.
Si bien en Gobierno mantenían bajo estricto secreto los puntos de coincidencia, muy por lo bajo fuentes del oficialismo y de la oposición confesaban los ejes de consenso antes del nuevo quiebre. La moratoria, el pacto fiscal, el blanqueo, la reforma laboral y la reforma previsional, creían, podían salir sin demasiadas vueltas, al igual que la declaración de la educación como servicio esencial para evitar los paros. “El planteo es que saquemos lo que podamos lo antes posible para facilitarnos a todos la gestión, y mientras tanto vayamos puliendo “, decía el jueves un importante referente del PRO. Aún no se había terminado de gestar la “revolución” de los gobernadores, que estallaría al día siguiente.
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El Gobierno, a pesar de la caída de la ley “Bases”, festejaba esta semana que la reacción del electorado de Juntos por el Cambio había sido muy crítica con sus propios líderes, por no apoyar la gesta de Milei. Y, tras la embestida, siguen en esa tesitura. “Están teniendo quejas de gente que nunca les había dado la espalda y ahora les pregunta cómo están votando con el kirchnerismo”, decía ayer un libertario de la primera hora.
El plantazo de los gobernadores fue un momento de reivindicación para los actores opositores que habían mostrado condiciones firmes en la discusión de enero y el comienzo de febrero. Por caso, Elisa Carrió, que mide con cuidado sus apariciones, se apuró a salir a cuestionar a Milei el sábado a la mañana, apenas después de que hubieran salido publicados los comunicado de los gobernadores peronistas antikirchneristas y del PRO. Tanto la jefa de la Coalición Cívica, como los referentes radicales, desde Facundo Manes, a Pullaro, Cornejo y Rodrigo De Loredo se encuentran en una posición difícil. Deben elegir entre defender sus intereses y los del Gobierno, que se les contraponen sobre todo a la hora de administrar sus provincias o defender sus ideas, pero a la vez cuentan con el apoyo de sus propias bases.
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En el Gobierno creen que los opositores están, lisa y llanamente, “acorralados”, como dijo un funcionario de la primera línea de confianza de Javier Milei. “Hay muy poco que puedan hacer para distanciarse de nosotros sin perder adhesiones. No tienen otra que apoyarnos, quedó demostrado con las reacciones de sus propios votantes después de que nos jugaron en contra”, aseguran en el campamento de La Libertad Avanza.
En el PRO, incluso los más afines se irritan con esa hipótesis, repetida hasta el hartazgo por los libertarios prácticamente desde el inicio de la gestión. “Lo que quedó en claro es que ellos deberían ser conscientes de que siguen necesitando volumen político y capacidad de gestión”, dijo un referente que dialoga seguido con Macri.
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Cerca del ex presidente aseguraban a mediados de esta semana que al regreso de su viaje estaba “midiendo la temperatura”, en reuniones con los propios, sobre la posibilidad de un pacto con el Gobierno más allá de la conducción de Patricia Bullirch en el Ministerio de Seguridad. Bregaban por un pacto más amplio y profundo, que no incluyera sólo cargos o cajas sino compartir el poder. Sin embargo, veían cada vez más lejana esa posibilidad, luego de que los puentes que empezaban a reconstruirse se dinamitaran nuevamente. Milei regresa el lunes de su breve visita a Estados Unidos, después de haber recibido al jefe de la diplomacia de Joseph Biden en la Casa Rosada. En su entorno aseguran que se siente fortalecido por el apoyo internacional y de la opinión pública, y que no lo preocupa la postura de la mayor parte del arco político, al que deberá dirigirse en la apertura de las sesiones ordinarias dentro de menos de una semana. Los opositores, en cambio, están seguros de que tienen con qué presionar.
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