Construir confianza en Latinoamérica: la sociedad del riesgo y de la deslegitimidad

En Latinoamérica la confianza está en crisis. Sólo 1,5 cada 10 latinoamericanos confía en los partidos políticos. Los candidatos no debaten propuestas, sino que subsumen la discusión política a discursos vacíos y con efecto mediático y subestimando el interés de los electores

La democracia en Latinoamérica, proceso que comenzó allá por los 80, está lejos de ser un sistema consolidado. Si bien año a año se ha ido fortaleciendo, quizás ese sea el objetivo mismo de la democracia: ser un proceso inacabado, dinámico, con crisis y avances. A casi 40 años de la restauración democrática (Honduras en 1981, Argentina en 1983, El Salvador en 1984, Uruguay, Bolivia, Brasil y Guatemala en 1985, Paraguay y Chile en 1989 y Nicaragua en 1990) es la confianza en las instituciones democrática uno de los problemas que apunta a desestabilizar los pilares de la representatividad política.

Según un relevamiento realizado por Latinobarómetro en 2017, la Iglesia es una de las instituciones de la democracia con mayor confianza entre los latinoamericanos. Como contracara de esto, de 7 instituciones relevadas, el Poder Judicial, el Gobierno (Poder Ejecutivo), el Congreso (Poder Legislativo) y los partidos políticos son las instituciones con menor confianza.

Informe 2017, disponible en http://www.latinobarometro.org/latNewsShow.jsp )

A diferencia de las otras instituciones, la Iglesia, entendida no solo como la representación del catolicismo, sino como el conjunto de todas las expresiones religiosas de la región, tiene actualmente la confianza del 65% de los latinoamericanos. Es comprensible que, para mucho políticos y partidos, sea una buena idea asociar alguno de sus candidatos o acciones de campaña a dicha institución, ya que desde 1996 a la fecha la confianza en la Iglesia osciló entre el 76% al 65% de los latinoamericanos, mientras que la confianza en los partidos políticos lo hizo, respectivamente, entre el 20% y el 15% actual.

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¿Cómo es posible que la institución democrática que debería representar cada una de las partes o facciones de la sociedad, sea la que menos confianza coseche?

Esta pérdida de confianza es una alerta en los pilares de nuestro sistema representativo, ya que, si no confiamos en nuestros representantes, ¿qué legitimidad tendrán, quienes nos representen, a la hora de gobernar?

La atomización de los sistemas de partidos, es decir el fin de los grandes partidos centenarios y la consecuente proliferación de partidos nuevos, puede ser causa o consecuencia (dependiendo el país) del descontento social a la "clase política" que, aislada en el poder, no hizo más que contribuir a la crisis de representación y el desencanto con la política.

En algún momento de la historia las personas perdieron la confianza en el progreso. La caducidad del estado de bienestar, la repetición de impopulares políticos y procesos electorales fraudulentos (sobre todo en Latinoamérica) contribuyeron a esta pérdida. Lentamente la región se abatió en lo que el historiador y teórico político francés, Pierre Rosanvallon denomina "sociedad del riesgo", en donde el reclamo por la seguridad y algún ápice de estabilidad (económica, política, cultural, etc.) parece encabezar las encuestas y sondeos de opinión.

No cabe duda del porqué, volviendo al relevamiento de Latinobarómetro, una de las instituciones con mayor confianza en esta "sociedad del riesgo" es la policía y las Fuerzas Armadas (institución con dispar consideración según el país).

La política no se limita solo a elegir gobernantes. Por lo contrario, una sociedad que debate, que dialoga, que instala en la agenda pública discusiones como mejorar la calidad de vida, ampliar derechos, etc., enriquece la política y fundamentalmente le sube la vara a los aspirantes a la función pública.

Ya no basta solo con sonreír frente a una cámara. Los latinoamericanos están pidiendo cambios y mejoras. No se trata de una elección, se trata de fortalecer la confianza en las instituciones que hacen a la democracia.

El autor es sociólogo, consultor político y titular de la materia "La comunicación como herramienta política" (Ciencia Política – UBA). Autor de "Gustar, ganar y gobernar" (Aguilar 2017)

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