Bolivia entera se encuentra sumergida en un llanto incalculable. No es para menos. El último boleto hacia la Copa del Mundo 2026 se le escapó de las manos a la ‘verde’ al no poder superar su llave definitiva contra una Irak que golpeó en los momentos justos para imponerse y así asegurar su presencia en la cita planetaria de junio.
La pesadilla de los altiplánicos surgió desde la zona técnica contraria. El entrenador Graham Arnold supo leer con astucia el reñido lance y mover sus fichas a tiempo para apenas superar tímidamente a los sudamericanos en el trámite, aunque lo cierto es que el combinado boliviano mereció mucho más en el BBVA Bancomer.
Si bien lo conseguido por Arnold es una gesta, considerando que los ‘leones de Mesopotamia’ regresan a un Mundial después de 40 años de ausencia, no puede ignorarse que es la segunda vez que salda un hito en una repesca intercontinental. Hace cuatro años hizo lo mismo a los mandos de Australia.
Por aquel entonces, tuvo como rival a un Perú envalentonado que buscaba llegar a Qatar 2022 a través de la ruta que le había dado réditos en la edición pasada. Sin embargo, los incas nunca pudieron hacerse sentir sobre el césped en Doha y después de 120′ minutos sin goles llegaron a la fatídica ronda de penales.
Ahí se agigantó la figura de un desconocido Andrew Redmayne, quien a pocos segundos del cierre del encuentro reglamentario entró de cambio por Matt Ryan. Movida inteligente del sagaz Graham Arnold que encontró resultados a partir de la estridencia de los movimientos distractores del golero suplente.
Así, Redmayne descolocó a Luis Advíncula ocasionando que este lanzase la pelota a la base del arco izquierdo y posteriormente cargó de nervios a un inexperto Alex Valera, quien cerró la tanda con un penal conjurado efectivamente por la apuesta del DT Arnold.
Memorable retorno
Ali Al Hamadi allanó el camino de la clasificación de Irak nada más iniciado el partido y Aymen Hussein se hizo cargo de la ampliación del resultado como una respuesta al empate parcial realizado por Moisés Paniagua, de 18 años, antes del descanso en la final del repechaje.
Consumada la gesta, Graham Arnold reconoció que acudirán al Mundial 2026 sin presiones de por medio y que buscarán, de cualquier manera, presentarse como un contrincante de cuidado en un grupo muy rocoso y dificultoso.
“No tenemos nada que perder, así que vamos a ir a sorprender al mundo. Le dije a los jugadores que tienen dos meses para ponerse en mejor forma que nunca, ahora que vuelvan a sus clubes deben entrenar fuerte, ojalá tengamos un pre- campamento pero hacer algo en esta Copa del Mundo sería un milagro”, dijo.
En esa línea, Arnold abordó la serie en la que Irak ha sido sembrado: “Es un privilegio. Algunos jugadores quizás nunca jugaron contra Mbappé, Haaland y esta clase de jugadores. Poder estar en la misma cancha y jugar un partido de Copa del Mundo es un honor. Tenemos respeto por ellos pero al mismo tiempo iremos a ganar”.
Finalmente, el técnico se acordó de la nación golpeada por los conflictos en el Medio Oriente. “Estoy muy feliz por ellos y estoy muy feliz por los 46 millones de iraquís y ojalá esto cambie la percepción del país y cambie el futbol en Irak y me imagino que están celebrando en casa. Ahora nos toca ir al Mundial y hacer algo que nadie espera que hagamos”.
Los inicios de Graham Arnold como técnico estuvieron marcados por su transición desde jugador a entrenador en clubes australianos, donde desarrolló disciplina táctica y liderazgo. En 2006 integró el cuerpo técnico de Australia como asistente en el Mundial de Alemania, aportando análisis estratégico, apoyo al plantel y experiencia competitiva internacional.