El Niño amenaza la seguridad alimentaria de los peruanos porque puede afectar simultáneamente lo que producimos, lo que llega a los mercados y lo que las familias pueden comprar. Una cosecha perdida, una carretera interrumpida o una menor disponibilidad de alimentos, terminan repercutiendo en la mesa. Para quienes ya hacen cuentas antes de comprar alimentos, esta amenaza significa enfrentar nuevas restricciones sobre una alimentación que hoy resulta insuficiente o poco variada.
La advertencia exige atención política. El ENFEN mantiene la alerta de El Niño Costero y señala que el calentamiento frente a nuestra costa podría conservar una magnitud extraordinaria durante 2027. Frente a este escenario, necesitamos conocer cómo se protegerán la producción, el abastecimiento y la alimentación de la población, especialmente de quienes tienen menos recursos para afrontar otra crisis.
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El país llega con los bolsillos golpeados. Según el INEI, en octubre la inflación anual nacional alcanzó el 4.83%, mientras que en Lima Metropolitana llegó al 5.25%. Solo durante ese mes, los alimentos como el choclo, el bonito, la zanahoria y las arvejas registraron incrementos importantes y bebidas no alcohólicas se encarecieron un 1.49% a nivel nacional. Detrás de estas cifras están las decisiones de las familias sobre qué comprar, cuánto servir y a qué alimentos renunciar cuando el dinero ya no alcanza.
No toda esa subida puede atribuirse a El Niño, también influye el alza de precio de los combustibles, el transporte y las condiciones de comercialización. Sin embargo, las alteraciones del mar y de las lluvias pueden afectar la disponibilidad de alimentos y encarecerlos aún más. Ante posibles interrupciones del abastecimiento, se recomienda a la población almacenar algunos alimentos, pero esta recomendación debe reconocer una realidad: las familias con menores ingresos tienen menos posibilidades de formar reservas. ¿Cómo pedirles que guarden alimentos para mañana si apenas pueden comprar lo necesario para comer hoy?
Como nutricionista, me preocupa cómo esa presión deteriora la alimentación. Cuando el presupuesto no alcanza, las familias reducen la variedad, ajustan las porciones y recurren a opciones más baratas y rendidoras, aunque no siempre permitan cubrir sus necesidades nutricionales. El plato puede seguir lleno mientras la dieta pierde calidad. No podemos exigir una alimentación saludable sin atender las condiciones económicas que la hacen posible.
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Además, debemos mirar el agua, ya que su escasez o contaminación compromete la preparación inocua de los alimentos y por ende afectar la salud. Por eso, prevenir exige asegurar agua segura, proteger los servicios básicos y mejorar las condiciones de conservación. Recomendar reservas domésticas puede ser útil, siempre que existan recipientes adecuados, espacio y posibilidades reales de mantenerlas.
El Gobierno y las autoridades regionales y locales deben explicar cómo garantizarán el acceso a alimentos y agua segura, con qué presupuesto y en qué plazos. La población necesita medidas concretas que lleguen antes de que una cosecha se pierda, una comunidad quede aislada o una familia tenga que reducir sus comidas. Las alertas ya existen, corresponde convertirlas en protección efectiva.
El Niño amenaza con profundizar una desigualdad que se expresa todos los días en la mesa de los peruanos. quienes viven al día no pueden enfrentar esta crisis únicamente con recomendaciones de almacenar alimentos y agua, necesitan un Estado que asuma su responsabilidad y garantice condiciones para protegerse. El fenómeno de El Niño no está en manos del Gobierno, pero sí las decisiones para reducir sus consecuencias.
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