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La cuenta la pagan los peruanos

Más del 90% de los proyectos de ley aprobados por el Congreso, entre 2021 y 2025, no cuantificaron costos o indicador no irrogar gastos, pese a que la evidencia mostraba lo contrario

El pleno del Congreso de Perú, con fajos de billetes de soles y un símbolo de prohibición, representa la restricción a su iniciativa de gastos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nueva Cámara de Diputados tiene la tarea de discutir la viabilidad técnica y económica de los proyectos de ley, similar al Congreso previo. Aunque suene obvio, dicha tarea debería incluir mínimamente un análisis costo-beneficio robusto de cuánto cuesta, quién la paga y a quién beneficia.

En Perú, esa exigencia no es nueva. Desde 1995, el Reglamento del Congreso obliga a que cada proyecto de ley incluya un análisis costo-beneficio. En un ejercicio para el IPE, revisé los proyectos de ley que pasaron por la Comisión de Economía entre 2021 y 2025 y terminaron convertidos en ley. Dejé fuera los declarativos, y me quedé con 551 proyectos que sí creaban, modificaban o autorizaban una medida con efectos reales. El 68% tenía un análisis costo-beneficio que solo afirmaba que la propuesta “no irroga gasto al erario nacional” o una variante de esa frase. En la práctica, muchos usaban de manera consciente esa frase para esquivar la regla.

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El pleno del Congreso de la República sesiona durante la votación que rechazó otorgar facultades legislativas en seguridad ciudadana y el Fenómeno El Niño. (Foto: Congreso)

Con respecto al 32% restante (181 proyectos), apenas 37 proyectos incluían alguna estimación de costo y solo 6 identificaban una fuente de financiamiento. Los otros 138 no mencionaron nada al respecto. La realidad es que el Congreso aprobó leyes sin saber cuánto costarían ni con qué se pagarían.

A pesar de lo que el papel enuncia, estas leyes tienen un costo. Según el Consejo Fiscal, las leyes aprobadas por insistencia entre 2021 y 2025, es decir, pese a las observaciones del Ejecutivo, cuestan en conjunto más de S/36 mil millones al año, 55 veces más que en el quinquenio anterior. Ese dinero resta espacio a otras prioridades o se deberá cubrir con más deuda.

El Congreso Bicameral se instala y pone en marcha la nueva legislatura| Foto: Congreso de la República

Un ejemplo es la Ley 31729, aprobada por insistencia, que actualizó el bono de reconocimiento de los aportantes y ex aportantes de la ONP. Según el Consejo Fiscal, su costo estimado es de S/6,380 millones, cerca de 0.5% del PBI. La norma surgió de cinco proyectos de ley y los cinco declararon, en su análisis costo-beneficio presentado, que no generaban gasto alguno al Estado. Otros ejemplos son el régimen excepcional del Impuesto a la Renta para rentas no declaradas (Ley 32201), que cuesta S/3,600 millones al año; la jubilación de los trabajadores de construcción civil (Ley 31550); y el crédito fiscal especial del IGV para San Martín (Ley 32317). En ninguno de estos tres casos el proyecto de origen dijo de dónde saldría el dinero.

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El Congreso anterior no ignoró del todo el problema. Desde su Tercera Vicepresidencia impulsó una Oficina de Calidad Legislativa, que entre 2024 y 2025 publicó una guía de análisis costo-beneficio y un manual de calidad legislativa. Fue un paso correcto, pero limitado, porque todo era voluntario. La oficina podía orientar, pero no exigir, y dependía de un cargo de la Mesa Directiva que se renueva cada año. Aun así, en 2025, con la guía ya publicada, 71% de los proyectos revisados ese año seguían indicando que la medida propuesta no tenía un costo fiscal.

Documentos y portafolios del Congreso de la República del Perú sobre una mesa, que resaltan la cifra de S/ 10.000 millones para un crédito suplementario. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En julio último, el Tribunal Constitucional estableció que todo proyecto que genere gasto debe identificar su fuente de financiamiento y contar con un informe previo del Ejecutivo. Falta el paso institucional: convertir lo avanzado por la Oficina de Calidad Legislativa en un órgano técnico permanente al servicio de ambas cámaras, que costee cada proyecto antes de votarse y publique la cifra.

El nuevo Congreso tiene que asumir un compromiso importante: ninguna ley se debe votar sin conocer su costo, su fuente de financiamiento, quién gana y quién paga. Porque cuando una ley “no irroga gasto”, alguien la paga de todos modos: con más deuda, con más impuestos o con la escuela y el hospital que ese dinero ya no financiará. Usar esa frase como excusa es pasarles la cuenta a todos los peruanos.

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