Tener una cuenta bancaria con poco dinero —o incluso con el saldo en cero— no significa que haya dejado de ser atractiva para un ciberdelincuente. La información asociada a esa cuenta puede ser tan útil como el dinero disponible si permite conocer los hábitos financieros de una persona y preparar un fraude dirigido.
El riesgo cobra relevancia ante el crecimiento de los delitos informáticos en el país. Las denuncias por ciberdelincuencia presentadas ante el Ministerio Público pasaron de 19.101 en 2021 a 44.703 en 2025, lo que representa un incremento de 134% en cuatro años, según información de la institución.
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Una cuenta bancaria puede dejar rastros sobre cuándo una persona recibe depósitos, qué empresas o servicios paga regularmente, a quién transfiere dinero, qué aplicaciones utiliza y con qué otros productos financieros mantiene una relación. Esa información puede ser aprovechada para construir mensajes fraudulentos mucho más convincentes.
“Si un ciberdelincuente identifica depósitos periódicos, podría esperar hasta el siguiente ingreso para intentar retirar el dinero. También puede utilizar el historial de operaciones para hacerse pasar por una empresa, entidad financiera o servicio que la persona realmente utiliza, aumentando así la credibilidad de un mensaje fraudulento”, explicó Julio Seminario, especialista en seguridad digital de Intecnia Corp, Country Partner de Bitdefender en Perú.
Qué puede revelar una cuenta aunque no tenga dinero
El problema no se limita al saldo. Un historial de movimientos puede permitir identificar, por ejemplo, la fecha aproximada de pago de un sueldo, los servicios contratados o las plataformas con las que una persona interactúa regularmente.
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Con esa información, un atacante podría intentar una modalidad de phishing o suplantación más personalizada: un mensaje que mencione al banco correcto, una empresa con la que realmente existe una relación o incluso un pago que forma parte de la rutina de la víctima.
El riesgo aumenta cuando esos datos se combinan con información obtenida en otras filtraciones. Un nombre, número telefónico, correo electrónico o contraseña expuesta previamente puede complementar el perfil de la víctima y facilitar intentos de acceso a otros servicios.
También entra en juego una práctica todavía frecuente: reutilizar la misma contraseña para la banca digital, el correo electrónico, redes sociales y otras plataformas. Si una de esas credenciales queda comprometida, los atacantes pueden probarla en distintos servicios.
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Por eso, una cuenta prácticamente abandonada tampoco debería quedar fuera de vigilancia. Aunque permanezca sin saldo durante largos periodos, puede seguir vinculada a tarjetas, débitos automáticos, billeteras digitales u otros productos.
Una alerta desconocida puede ser suficiente para actuar
No es necesario esperar a encontrar un retiro o transferencia para tomar medidas. Una notificación de ingreso que el usuario no reconoce, cambios inesperados en sus datos personales o pequeños movimientos desconocidos pueden ser señales de que alguien intenta acceder a la cuenta.
Ante un acceso sospechoso, la primera medida debería ser contactar directamente con la entidad financiera mediante sus canales oficiales y cambiar la contraseña de la banca digital.
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Si esa misma clave fue utilizada en otros servicios, también debe modificarse allí. Activar la autenticación multifactor, cuando esté disponible, añade una barrera adicional frente a intentos de acceso con credenciales robadas.
También conviene revisar las tarjetas y aplicaciones de pago vinculadas, los débitos automáticos y los movimientos posteriores al incidente. Los cargos pequeños no deberían ignorarse: pueden servir para verificar si una tarjeta o cuenta continúa activa antes de intentar operaciones de mayor monto.
Otra precaución pasa por evitar ingresar a la banca digital desde enlaces enviados por SMS, WhatsApp o correo electrónico, incluso cuando el mensaje parezca provenir del propio banco. Lo recomendable es abrir directamente la aplicación oficial o escribir la dirección de la entidad financiera en el navegador.
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El valor de una cuenta no termina en el saldo
La expansión de los servicios digitales también ha ampliado la cantidad de información financiera disponible sobre cada usuario. Una operación aislada puede revelar poco, pero un conjunto de movimientos permite identificar patrones.
Por esa razón, Seminario plantea cambiar la manera en que se evalúa el riesgo. Una cuenta bancaria no debería considerarse irrelevante únicamente porque tenga poco dinero.
“La principal recomendación es cambiar la forma en que entendemos el riesgo. Hay que tener claro que una cuenta bancaria no vale únicamente por el saldo que contiene. Para un ciberdelincuente, la información sobre nuestros hábitos financieros también puede convertirse en una herramienta para preparar el siguiente fraude o engaño”, señaló.
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La advertencia apunta a una idea sencilla: el objetivo de un atacante no siempre es retirar el dinero que existe hoy. En algunos casos, conseguir acceso a una cuenta puede ser apenas el primer paso para conocer mejor a la víctima y decidir cuándo y cómo intentar el siguiente fraude.
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