El descubrimiento de una nueva red de caminos en las montañas próximas a Machu Picchu abrió una segunda etapa para la investigación arqueológica. Más allá de los kilómetros de rutas detectados bajo la vegetación, los especialistas todavía deben determinar cuándo fueron construidos, qué transformaciones recibieron y qué función tuvieron dentro de este paisaje.
La investigación realizada por especialistas de Polonia y Perú durante julio y agosto de 2026 permitió identificar más de 2,5 kilómetros de caminos precolombinos en las laderas del monte Yanantin. El registro también comprende terrazas, plataformas y estructuras circulares que no figuraban en la documentación arqueológica previa.
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El uso de tecnología LiDAR permitió detectar trazados que resultaban difíciles de reconocer por las condiciones del terreno. Sin embargo, el procesamiento de los datos todavía no terminó. Mariusz Ziółkowski, director del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, señaló que la extensión total podría ser al menos el doble, debido a que el equipo solo completó la primera etapa del análisis.
La siguiente fase deberá responder una de las principales preguntas surgidas con el hallazgo: si todos los caminos corresponden al periodo incaico. El trazado presenta características compatibles con la ingeniería inca, pero los investigadores mantienen cautela antes de establecer una fecha definitiva para cada tramo.
La antigüedad de los caminos todavía debe establecerse
Los caminos identificados presentan rutas estrechas y sectores con trazados en zigzag, características que coinciden con técnicas conocidas de la ingeniería inca. Esa semejanza, sin embargo, no permite atribuir toda la red de forma directa al periodo incaico.
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Los arqueólogos consideran que algunos sectores podrían ser anteriores a los incas. Esas rutas pudieron recibir modificaciones, reparaciones o nuevos usos durante etapas posteriores. Por ello, cada tramo requiere estudios específicos para determinar su cronología y evolución.
La excavación selectiva aparece como una de las herramientas previstas para avanzar en esa identificación. Los investigadores analizan junto con las autoridades culturales peruanas un programa de trabajo de largo plazo que podría incluir intervenciones en algunos puntos de las rutas recién registradas.
Los caminos no constituyen la única evidencia localizada durante la investigación. El registro también incluye terrazas, plataformas y estructuras circulares que permanecían fuera de la documentación disponible.
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Estos elementos deberán estudiarse junto con las rutas para establecer qué relación existió entre ellos. El material disponible todavía no permite asignar una función concreta a cada estructura, por lo que las futuras investigaciones deberán aportar información arqueológica adicional.
La presencia de estos restos también amplía el área que requiere atención dentro del paisaje cercano a Machu Picchu. La investigación ya conocida en el Parque Nacional incluye más de 60 sitios arqueológicos conectados mediante caminos y vinculados con diferentes funciones relacionadas con la Llaqta de Machu Picchu.
Mandor gana importancia dentro de la investigación
Uno de los puntos que concentra el interés de los especialistas es Mandor, situado frente a Machu Picchu. Hasta ahora, buena parte de la actividad arqueológica documentada se concentraba en la margen izquierda del río Urubamba.
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Las nuevas rutas aportan evidencia sobre el territorio situado en la margen opuesta y sugieren un nivel de desarrollo que requiere nuevas investigaciones. Para Ziółkowski, los descubrimientos complementan y modifican de forma importante las hipótesis existentes sobre el funcionamiento del conjunto.
El interés por Mandor forma parte de una investigación más amplia sobre la relación entre los distintos espacios que rodeaban la ciudadela. Los nuevos datos obtenidos mediante LiDAR permiten incorporar sectores que resultaban difíciles de estudiar debido a la cobertura vegetal.
El trabajo de campo permitió identificar una primera parte de la red, pero el análisis todavía no cubre toda el área. Los investigadores prevén extender el estudio LiDAR hacia nuevas zonas para localizar posibles caminos y estructuras que permanezcan bajo la vegetación.
La tecnología resulta especialmente relevante en este sector debido a las condiciones del bosque. El área explorada se encuentra entre unos 2.000 y 2.700 metros sobre el nivel del mar y presenta una vegetación tropical densa. Durante la expedición, Ziółkowski declaró a la Agencia de Prensa Polaca que un investigador necesitó unas tres horas para recorrer apenas 250 metros con ayuda de un machete.
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Los datos obtenidos mediante los drones permiten retirar de forma digital la cobertura vegetal y generar modelos tridimensionales del terreno. Con este procedimiento, los especialistas pueden localizar trazados que no resultan visibles desde la superficie.
La ubicación permanece bajo reserva
La investigación también contempla medidas para proteger los restos detectados. Las ubicaciones exactas de los nuevos caminos no fueron difundidas debido al riesgo de exploraciones no autorizadas y posibles daños sobre las evidencias arqueológicas.
Mientras continúan las conversaciones entre el equipo científico y las autoridades culturales de Perú, los planes contemplan nuevos vuelos LiDAR y solicitudes de autorización para realizar excavaciones específicas en determinados sectores.
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El equipo de investigación de 2026 estuvo integrado por especialistas del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, la Universidad de Ciencia y Tecnología de Breslavia, la Universidad de Ciencias Ambientales y de la Vida de Breslavia y el grupo peruano Apu Space. El trabajo de campo quedó bajo supervisión de Nino del Solar Velarde, jefe de la Coordinación de Investigaciones Arqueológicas de Machu Picchu de la Dirección Regional de Cultura de Cusco.
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