Hambre en Perú alcanza cifras de hace 15 años: 8 regiones en nivel crítico y más del 50% sin acceso seguro a alimentos

El encarecimiento de alimentos, la crisis económica y los efectos del cambio climático han golpeado el acceso a una dieta adecuada en zonas urbanas y rurales.

En el 2019, el Perú tuvo un solo departamento en situación de gravedad. A la fecha son diez los departamentos en ese nivel. (La Razón)

El hambre en el Perú vuelve a niveles de hace más de una década. Un reciente informe del Índice Global del Hambre (GHI) advierte que el país alcanzó 18.8 puntos, una cifra que refleja un retroceso significativo en la lucha contra la inseguridad alimentaria y que enciende las alertas sobre el impacto de la crisis económica y social en millones de peruanos.

El diagnóstico también revela un dato preocupante: ocho regiones del país ya se encuentran en situación grave, mientras que más de la mitad de la población enfrenta dificultades para acceder a alimentos suficientes. Factores como la inflación, la recesión y los efectos del cambio climático han agravado un problema estructural que, lejos de resolverse, se ha intensificado en los últimos años.

Ocho regiones en nivel grave y un retroceso que supera una década

Según el INEI, casi dos millones de peruanos sobreviven con menos de S/ 251 al mes. (Andina)

El informe revela que ocho departamentos del Perú se encuentran en una situación considerada grave en términos de hambre: Pasco, Huancavelica, Loreto, Arequipa, La Libertad, Cajamarca, Puno y Huánuco. Este dato marca un cambio drástico si se compara con años anteriores, cuando solo una región estaba en esa condición.

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Además, otras 16 regiones presentan niveles moderados, mientras que solo Ica mantiene un nivel bajo. Sin embargo, incluso zonas que históricamente mostraban mejores indicadores —como la costa y áreas urbanas— han sufrido un deterioro significativo. Regiones como Lima, Callao, Tacna o Moquegua han perdido más de diez años de avances en la lucha contra el hambre.

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que la crisis ya no distingue entre lo urbano y lo rural. Aunque la brecha entre ambos se ha reducido, esto no responde a una mejora generalizada, sino a un estancamiento. En zonas rurales, el índice se mantiene en niveles críticos (20.7), mientras que en áreas urbanas, aunque hubo una ligera mejora, los niveles siguen siendo elevados.

“En 2019, Huancavelica era el único departamento en estado grave; hoy, cerca de un tercio del país se encuentra en esta situación. Lamentablemente, hemos retrocedido”, advirtió Lucas DUNEDrojeanni, representante de Welthungerhilfe para Perú y Bolivia.

Más del 50% de peruanos con inseguridad alimentaria: abundancia y carencia conviven

La crisis climática afecta de manera desproporcionada a las mujeres indígenas, quienes desempeñan un papel fundamental en la seguridad alimentaria. Foto: FAO

El problema del hambre en el Perú no radica en la falta de alimentos, sino en las dificultades para acceder a ellos. Según el informe, factores estructurales como la pobreza, la exclusión social y las fallas en la distribución impiden que millones de familias puedan cubrir sus necesidades básicas, pese a que el país produce suficientes alimentos.

Esta paradoja se refleja también en cifras recientes: más del 51% de peruanos enfrenta inseguridad alimentaria moderada o severa, lo que equivale a cerca de 17.6 millones de personas. En paralelo, se estima que el país pierde hasta 12 millones de toneladas de alimentos al año, una cifra que evidencia las fallas en la cadena de suministro.

El impacto de esta crisis se ve agravado por el aumento de precios, la volatilidad de los combustibles y los efectos del cambio climático, que han encarecido el transporte y reducido la disponibilidad de productos en varias zonas. En ciudades como Lima, donde el acceso depende principalmente de los ingresos económicos, el problema se vuelve aún más crítico.

“El principal obstáculo para el rescate de alimentos en el país es la logística, debido a la falta de financiamiento para el transporte”, explicó Sarah Laughton, representante del Programa Mundial de Alimentos.

El informe también advierte sobre la situación de la agricultura familiar, que enfrenta abandono, envejecimiento de productores y migración de jóvenes, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria futura. A ello se suma que la desnutrición infantil y la anemia continúan siendo problemas persistentes, especialmente en regiones como Puno.

Otro dato relevante es que el impacto del hambre afecta de manera diferenciada. Al cierre de 2024, los varones presentan mayores indicadores críticos de desnutrición infantil, con tasas preocupantes en desnutrición crónica, aguda y mortalidad.

Pese a que la economía peruana proyecta un crecimiento cercano al 3.3% en 2025, los especialistas advierten que este avance no será suficiente para revertir la crisis alimentaria. Incluso en escenarios optimistas, el índice de hambre se mantendría entre los más altos registrados desde 2010, evidenciando que el problema requiere medidas más profundas y sostenidas.

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