La proximidad de una nueva misión tripulada hacia la Luna reaviva el interés global por la exploración espacial. A pocos días del lanzamiento de Artemis II, previsto como el retorno de la humanidad más allá de la órbita terrestre baja tras más de cinco décadas, resurgen episodios poco difundidos vinculados a la participación de distintos países en las primeras expediciones lunares. Entre ellos, el caso peruano adquiere relevancia por su aporte técnico durante el alunizaje de 1969.
El anuncio del despegue, programado para el 1 de abril de 2026 alrededor del mediodía, se presenta como la primera ventana disponible, sujeta a condiciones técnicas y climáticas. Este contexto coloca nuevamente a la Luna en el centro de la agenda científica internacional, mientras diversas instituciones recuperan documentos y testimonios que permiten reconstruir la dimensión histórica de la carrera espacial.
En el Perú, el interés por este nuevo capítulo también se vincula con una historia previa que conecta al país con uno de los momentos más significativos del siglo XX. Registros oficiales, archivos periodísticos y declaraciones de especialistas permiten identificar el rol desempeñado por el territorio peruano en el seguimiento de misiones espaciales, así como la presencia de piezas vinculadas directamente con aquellas expediciones.
El papel del Perú en el alunizaje de 1969
El aterrizaje del Apolo 11 en la superficie lunar el 20 de julio de 1969 representó un punto de inflexión en la historia de la ciencia. Sin embargo, su ejecución no dependió únicamente de instalaciones ubicadas en Estados Unidos. Según información difundida por el Instituto Geofísico del Perú (IGP), la ubicación geográfica del país resultó determinante para el monitoreo de la trayectoria del cohete.
El jefe del IGP, Hernando Tavera, explicó que la NASA estableció una colaboración con esta entidad en Lima, mediante la instalación de un sistema de radar en Ancón. Este equipo permitió rastrear y triangular la posición de la nave durante su recorrido. “El radar del IGP en Ancón fue clave para el seguimiento de la misión Apolo 11 que despegó el 16 de julio de 1969, consolidando al Perú como un socio estratégico en la exploración espacial”, señaló el funcionario tras revisar documentación histórica.
La cooperación incluyó la capacitación de científicos peruanos por parte de especialistas estadounidenses. Este intercambio fortaleció el desarrollo de la radioastronomía en el país y amplió las capacidades técnicas locales. Además, la estación de Ancón mantuvo comunicación constante con centros internacionales, lo que reforzó la coordinación científica durante la misión.
Rocas lunares y patrimonio poco conocido
La relación entre Perú y las misiones Apolo también se refleja en objetos concretos que permanecen en el país. Una de las dos rocas lunares entregadas al Perú se encuentra en la Municipalidad de Lima. Esta pieza llegó en 1973 como parte del programa “Rocas lunares de buena voluntad”, impulsado por el entonces presidente estadounidense Richard Nixon.
El fragmento fue recolectado durante la misión Apolo 17, realizada entre el 7 y el 19 de diciembre de 1972. Junto a la roca se incluyó una bandera peruana que viajó hasta la superficie lunar. Ambos elementos se exhiben en una placa con una inscripción que detalla su origen y significado como obsequio del pueblo estadounidense.
Existe, sin embargo, otro elemento cuyo paradero se desconoce. Se trata de una roca entregada previamente tras la misión Apolo 12, en el contexto de una visita oficial al entonces presidente Juan Velasco Alvarado. Este objeto formaba parte de una placa conmemorativa vinculada al Apolo 11. Desde 1970, la pieza permanece desaparecida.
En diálogo con Exitosa, el encargado de la Biblioteca Municipal de Lima, Luis Ordinola, precisó detalles sobre estos objetos. Indicó que el país recibió dos fragmentos lunares tras las misiones Apolo 12 y Apolo 17. “El Ejecutivo responde por ella”, afirmó en referencia a la primera roca, cuyo paradero se desconoce desde el gobierno de Juan Velasco Alvarado.
El funcionario explicó que la pieza actualmente exhibida corresponde a la misión Apolo 17 y se encuentra resguardada en una estructura especial dentro de la biblioteca. Según detalló, el fragmento mide aproximadamente dos centímetros y está acompañado por una bandera peruana que también fue llevada a la superficie lunar entre el 7 y el 19 de diciembre de 1972.
Ordinola señaló que este material llegó al Perú en 1973 como un obsequio oficial del entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon. Además, confirmó que existió una entrega previa vinculada a la misión Apolo 12, cuando una delegación de astronautas visitó el país y entregó otro fragmento junto a una insignia nacional al gobierno de turno.
Cobertura periodística y memoria documental
El impacto del alunizaje también quedó registrado en medios de comunicación peruanos. El Diario Oficial El Peruano documentó el desarrollo de la misión con titulares y reportes que reflejaron la expectativa de la época. “Hoy, el histórico salto a la Luna” publicó el 16 de julio de 1969, en una edición que detallaba la distancia entre la Tierra y su satélite, así como el tiempo estimado del viaje.
En ediciones posteriores, el diario informó sobre el descenso del módulo lunar y la exploración realizada por los astronautas. “Un nuevo mundo para el hombre” fue el titular del 21 de julio, acompañado de imágenes del evento. Asimismo, el medio reportó cifras sobre la audiencia televisiva en el Perú, con aproximadamente un millón de espectadores siguiendo la transmisión.
Otros archivos, como los del diario La Crónica, consignaron decisiones adoptadas en el país, como la suspensión de clases escolares para permitir que estudiantes observaran el acontecimiento. Estas publicaciones, actualmente resguardadas en el Archivo Histórico de El Peruano, forman parte de un acervo que incluye también documentos sobre el terremoto de 1970, la Copa América de 1975 y la Asamblea Constituyente de 1978.
Artemis II y el nuevo ciclo de exploración
La misión Artemis II contempla el envío de cuatro astronautas —Reid Wiseman, Víctor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— en una nave que orbitará la Luna, en una trayectoria similar a la del Apolo 8. Este vuelo constituye una etapa previa a futuras misiones que buscarán establecer presencia humana sostenida en el satélite natural.
El lanzamiento podrá observarse desde Perú en horas de la tarde, de acuerdo con el cronograma estimado. La expectativa internacional se sostiene en la relevancia del evento como continuidad de una historia iniciada décadas atrás, en la que distintos países, incluido el Perú, participaron mediante aportes técnicos, científicos y logísticos.
En paralelo, iniciativas como concursos internacionales asociados a la misión reflejan la dimensión global del proyecto, que convoca tanto a instituciones como a ciudadanos interesados en la exploración espacial.