Un informe elaborado por el McKinsey Global Institute identifica que América Latinapodría aumentar su producto interno brutoentre 8,9 y 10,3 billones de dólares (USD) en 2040 desde los 6,2 billones de dólaresen 2023 si logra acelerar su crecimiento de productividady cerrar brechas de inversión, según los datos recogidos por la consultora.
La investigación de McKinsey destaca que la región presenta una combinación de ventajas competitivas ligadas a la abundancia de energía renovable, la disponibilidad de mano de obra calificada y una gran cantidad de recursos naturales, factores que la posicionan para captar nuevas oportunidades derivadas de las tendencias globales, como la transición energética, el avance tecnológico, los cambios demográficos y la reorganización de las cadenas de suministro internacionales.
Latinoamérica frente a una nueva era: retos y oportunidades globales
Durante los últimos 25 años, el capital adicional por trabajador en América Latina impulsó la productividad en promedio solo 0,9 puntos porcentuales anuales, la mitad de lo registrado por otras regiones comparables, y la productividad explicó el 35 % del crecimiento del PIB regional, con una subinversión persistente en sectores de alto valor agregado. En el mismo periodo, países como Polonia y Turquía alcanzaron tasas de crecimiento de productividad de 3,5 y 3,0 puntos porcentuales, respectivamente.
Según los escenarios modelados por McKinsey, si la región igualara el ritmo de productividad de naciones de referencia, su PIB en 2023 habría sido entre 60 y 110 % superior al registrado. Para acercarse al umbral de ingreso alto como región en 2040, el ritmo de crecimiento anual de la productividad debería situarse entre 1,7 % y 2,6 %, lo que requeriría aumentar la inversión hasta un promedio anual de 1,9 a 2,3 billones de dólares, estimándose que la formación bruta de capital fijo tendría que elevarse al 28 % del PIB en 2040.
Una hoja de ruta hacia el alto ingreso: prioridades para la próxima década
La consultora señala siete sectores estratégicos donde concentrar inversiones y desarrollo de capacidades: manufactura avanzada, tecnología Power-to-X, data centers, servicios digitales, agroalimentario, petróleo y gas, y minerales críticos. El potencial de estos sectores se traduce en ingresos anuales combinados estimados entre 590.000 millones y 1,2 billones de dólares para 2040, requeridos de una inversión acumulada de 1,7 a 2,8 billones de dólares.
El sector agroalimentario, por ejemplo, podría aportar 425.000 millones de dólares anuales adicionales, mientras que la manufactura de próxima generación generaría 200.000 millones de dólares adicionales y los servicios digitales hasta 255.000 millones de dólares.
Entre los países de la región, el informe identifica las siguientes fortalezas sectoriales: Costa Rica y México destacan en semiconductores y dispositivos médicos; Brasil y Argentina tienen potencial para ampliar la capacidad de producción de baterías y vehículos eléctricos, aprovechando las reservas de litio y el desarrollo de la industria automotriz; Chile sobresale en producción de hidrógeno verde y cobre; y Perú y Brasil poseen posiciones estratégicas en hierro y cobre.
Corredores comerciales y colaboración intrarregional: el desafío de la integración
El sector de petróleo y gas está dominado por Brasil, que representa aproximadamente el 45 % de la producción de crudo regional y figura entre los diez principales países productores del mundo, y por México, que aporta cerca del 20 % de la producción latinoamericana. Argentina y Guyana despuntan como nuevos polos exportadores gracias a recientes hallazgos y desarrollos, como la formación de Vaca Muerta en el primer caso.
Para capturar estas oportunidades, el informe subraya la necesidad de mejorar la integración regional, la infraestructura física y regulatoria, y reforzar el capital humano, particularmente en habilidades tecnológicas y técnicas. Señala que solo el 15 % de las exportaciones de América Latina tienen destino intrarregional, en comparación con el 60 % de la Unión Europea, y que la región debe avanzar en acuerdos comerciales, estandarización regulatoria y el desarrollo de cadenas de valor compartidas.
Según McKinsey, cerrar las brechas estructurales de inversión y productividad dependerá de acciones coordinadas que incluyan la modernización de la regulación, la apertura de nuevos corredores de comercio y la capacitación laboral. De acuerdo con el análisis, el éxito de estos sectores podría aportar de 1,1 a 2,3 billones de dólares adicionales al PIB regional respecto a la trayectoria actual, y facilitar que América Latina alcance un crecimiento económico sostenible en las próximas décadas.