Durante años, los videojuegos se asociaron únicamente con el ocio doméstico. Pero en la última década, la profesionalización de esta actividad ha cambiado por completo la manera en que se perciben los entornos digitales competitivos. En el Perú, más de 11 millones de personas —casi un tercio de la población— se identifican como jugadores, muchos de ellos jóvenes que ven en los Esports no solo una forma de entretenimiento, sino una ruta hacia el desarrollo profesional. Los títulos como Dota 2, Mobile Legends y Clash Royale concentran comunidades activas que operan a gran escala, tanto en rendimiento como en exigencia.
Las competencias se multiplican y los equipos comienzan a estructurarse con entrenadores, analistas y también psicólogos deportivos. Sin embargo, detrás de cada torneo transmitido o retransmitido por miles en estadios virtuales, persisten efectos psicológicos que requieren atención. El ritmo de entrenamiento, la presión por el rendimiento y la exposición constante a interacciones en línea generan impactos que muchas veces pasan desapercibidos.
Mario Reyes-Bossio, investigador y docente en psicología deportiva de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), ha estudiado de cerca esta situación. En conversación con Infobae Perú, expuso los principales factores que intervienen en la salud mental de los jugadores peruanos y las posibles soluciones desde un enfoque multidisciplinario.
“Debemos deslindar tres conceptos claros: la persona que juega videojuegos por entretenimiento, el que juega porque es profesional de los Esport y los que ya entraron en una fase probable de adicción”, indicó.
Rendimiento, estrés y aislamiento: efectos visibles del juego competitivo
Los Esports no son un juego casual para quienes los practican a nivel profesional. Las rutinas de entrenamiento, que pueden extenderse hasta por más de diez horas diarias, exigen concentración sostenida y dominio técnico. Este entorno competitivo reproduce dinámicas similares a las del deporte tradicional. Reyes-Bossio señaló que “el estrés y la ansiedad son variables que siempre estarán presentes”, especialmente en contextos de competencia.
La presión competitiva, las expectativas personales y el estilo de vida sedentario figuran entre las principales fuentes de estrés para los jugadores peruanos. “El apoyo profesional de un psicólogo deportivo les permite trabajar en una variedad de técnicas y herramientas psicológicas”, explicó. Entre ellas, la visualización, la respiración y la focalización son herramientas que ayudan a mantener la concentración y el control emocional durante las partidas.
El entrenamiento invisible, según Reyes-Bossio, es también una parte clave. Este concepto abarca los periodos fuera de juego: descanso, ocio y equilibrio emocional. La ausencia de planificación puede llevar a consecuencias psicológicas graves como ansiedad, depresión y agotamiento mental.
La influencia de las comunidades digitales
Las comunidades en línea forman parte central de la experiencia de los videojuegos. A través de chats, clanes, redes sociales y plataformas de streaming, los jugadores se relacionan con otros usuarios de distintas partes del mundo. En muchos casos, estas interacciones generan vínculos positivos. “Pueden ayudar a combatir sentimientos de soledad y aislamiento”, indicó el experto, y además permiten desarrollar habilidades sociales.
Pero no todo es favorable. Los entornos virtuales también pueden propiciar experiencias negativas. Ciberacoso, interacciones tóxicas, ludopatía y acoso sexual figuran entre los riesgos frecuentes. “Debemos estar siempre vigilantes”, advirtió el especialista. La recomendación principal es integrarse a comunidades que promuevan el respeto y el apoyo mutuo.
La construcción de la identidad digital también impacta. Los nicks, avatares y logros en línea contribuyen a formar una imagen de sí mismos que puede influir en su autoestima. “Puede proporcionar sentido de pertenencia, pero también puede llevar a una despersonalización”, explicó el psicólogo deportivo, advirtiendo que algunos jugadores terminan confundiendo su identidad virtual con su realidad cotidiana.
Un aspecto crítico en el desarrollo de los Esports en el Perú es la falta de supervisión profesional sistemática en los equipos de nivel medio. Mientras algunas organizaciones cuentan con psicólogos deportivos, la mayoría de jugadores entrena de manera informal, sin guía estructurada.
Este desequilibrio puede derivar en cuadros de ansiedad, agotamiento y desmotivación. “Estar inmerso en una actividad sin descansos ni planificación puede derivar en frustraciones muy altas”, señaló Reyes-Bossio. Las estrategias recomendadas incluyen pausas activas, planificación de horarios, integración del descanso y actividades fuera de pantalla.
Técnicas como la meditación y el mindfulness también se han incorporado en los entrenamientos de equipos internacionales. En Perú, algunas iniciativas están empezando a adoptar estos enfoques, aunque todavía de manera incipiente.
La trampa del perfeccionismo y la presión por rendir
El nivel de exigencia en el entorno competitivo impulsa a muchos jugadores a adoptar una mentalidad perfeccionista. Sin embargo, según el experto, este enfoque puede ser perjudicial. “El perfeccionismo puede llevar al deportista a ver solo defectos y ser muy crítico consigo mismo”, advirtió. Esto puede generar miedo al fracaso, ansiedad y bloqueos emocionales.
Una alternativa es priorizar el proceso sobre el resultado. “Lo que existe es la mejora continua, el aprender de los errores, el disfrute de lo que se hace”, sostuvo. El psicólogo deportivo trabaja con el jugador en definir objetivos específicos, medibles, alcanzables y realistas, y en desarrollar una mentalidad enfocada en el aprendizaje.
La relación entre la identidad digital y la autoestima es compleja. Algunos jugadores encuentran en sus logros virtuales una fuente de validación personal. Esto puede fortalecer su confianza, pero también puede generar dependencia psicológica.
Cuando los resultados en el juego no acompañan, el impacto en su bienestar emocional puede ser fuerte. “Querer llevar a la vida real lo que se ha formado de manera imaginaria es un riesgo”, indicó. Hacer una distinción clara entre el personaje en línea y la persona fuera de pantalla es una tarea que debe abordarse con acompañamiento profesional.
La supervisión desde casa y desde las escuelas es clave para prevenir situaciones de riesgo. Padres y docentes pueden identificar señales de alerta. “Cuando las prioridades del juego superan a las actividades cotidianas y de la vida diaria, estamos frente a una situación preocupante”, explicó Reyes-Bossio.
Cambios de conducta como irritabilidad, aislamiento, o desinterés por las tareas cotidianas son señales que no deben ser ignoradas. En estos casos, se recomienda consultar con un especialista en salud mental. La detección temprana puede marcar una diferencia significativa en el desarrollo del jugador.
Videojuegos como opción profesional
Cada vez más jóvenes en Perú consideran convertirse en jugadores profesionales. Pero este camino, como cualquier carrera deportiva, requiere preparación. “Se debe tener una planificación que contemple trabajo físico, técnico, táctico y psicológico”, advirtió el psicólogo deportivo.
Equilibrar el juego con la vida personal, los estudios y las relaciones familiares es esencial. De lo contrario, el riesgo de agotamiento emocional crece. Tener un plan de vida más allá del teclado es, según el especialista, la base para sostener una carrera en los eSports.
“Tener un plan de vida personal que cuide y fortalezca su bienestar psicológico, más allá del juego, es fundamental”, concluyó.
Los efectos positivos del juego
Cuando se juega con acompañamiento profesional y en un entorno saludable, los videojuegos pueden generar beneficios importantes. “Promueve habilidades sociales, interacción con otros jugadores, trabajo en equipo, comunicación, toma de decisiones, resolución de problemas”, enumeró Reyes-Bossio.
El reto está en construir un entorno seguro, regulado y equilibrado, donde el jugador pueda crecer no solo como deportista digital, sino como persona. Los Esports abren oportunidades, pero también exigen responsabilidad, tanto para los jugadores como para los adultos que los acompañan en este camino.