La historia del Perú se caracteriza por su riqueza, pero también porque tiene muchos capítulos que han sido sumamente críticos para la estabilidad económica, política y social. Algunos de ellos ocurrieron en épocas de guerra contra países vecinos; otros, en temporadas de conflictos internos e incluso en momentos tan complicados como los que vivimos durante la época de la COVID-19.
En tal sentido, vale mencionar como ejemplo a la época en que nacía la República del Perú, posiblemente una de las etapas más importantes y a la vez más convulsionadas ya que, aunque la independencia se proclamó en 1821, lo hizo en una condición bastante frágil. El grito libertador no era suficiente, se requería erradicar por completo a los españoles del territorio nacional.
Debido a estos tiempos tan complejos la política se volvió un verdadero dolor de cabeza, ya que más pronto que tarde el país cayó en un escenario que se repetiría en el futuro: en la práctica, tuvo dos presidentes gobernando al mismo tiempo por primera vez en su historia.
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Dos presidentes para la naciente república
Para hablar de este curioso fenómeno, es necesario mencionar a los dos personajes que protagonizaron la extraña situación. Nos referimos a José de la Riva-Agüero y José Bernardo de la Torre Tagle, conocido popularmente sólo como Torre Tagle.
Sus nombres nos remiten a los años posteriores a la proclamación de la independencia. Para 1823, Riva-Agüero se convertía en el primer presidente del Perú. Así, inició un gobierno con mucha fragilidad, que además devenía de un motín por parte de los generales del ejército patriota, que habían obligado al Congreso Constituyente a tomar tal decisión.
El hombre, experto conspirador de la causa patriota, poco pudo hacer para luchar contra el avance realista y se movió en un entorno de caos y confusión. Lo que se temía finalmente ocurrió: los realistas tomaron la capital nuevamente hacia junio de 1823.
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Un país dividido
En situaciones de esta naturaleza se espera que haya bandos y fue exactamente lo que ocurrió. La polarización no era algo positivo para el país, pero ocurrió, ya que los cabildos del norte, desde Tumbes hasta Huaraz, apoyaron a Riva-Agüero casi de inmediato.
Ellos aseguraban que esta zona era el centro de poder del país, en tanto, veían a Lima como una ‘usurpadora’ que exigía que todo el territorio reconociera a un Congreso instalado allí.
En tanto, en Lima Torre Tagle era reconocido como el sucesor de Riva-Agüero por parte del Congreso y pasaría a la historia como el segundo presidente constitucional del Perú. Su autoridad fue reconocida por Simón Bolívar a su llegada y antes de que el Congreso le atribuyera el título de dictador del país.
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El resto, como sabemos, es historia, ya que más tarde Bolívar consolidó la independencia con las batallas de Junín y Ayacucho; sin embargo, no se pueden negar las profundas grietas políticas que se abrieron en la naciente república, ya que esta figura de doble gobierno se ha repetido en algunas ocasiones a lo largo de nuestra historia.