
Algunos cambios evolutivos de la historia del planeta Tierra ocurren —y ocurrieron— a escalas tangibles, absolutamente percibidas y no geológicas. Más bien, estos fenómenos se dieron de manera muy cercana a la dimensión humana. Si bien estos cambios no suelen quedar dentro de la vida diaria de un ser humano, ocurren a una velocidad tal que podemos registrarlos claramente a través de la historia reciente.
Cabe aclarar, de todas formas, que no todos los animales evolucionan de la misma manera ni al mismo ritmo. Numerosas especies han sobrevivido con cambios mínimos al paso de cientos de millones de años mientras que otras en cambio, adhieren al grupo de cambios cercanos más notables.
Algunos lagartos muy antiguos de Nueva Zelanda, han cambiado, adaptándose ante pequeñísimas variaciones en el clima de la región y son considerados como el animal más rápido en evolucionar de todos los que conocemos.
La polilla británica, a su vez, ha evolucionado de la mano de la revolución industrial oscureciéndose para adaptarse a un ambiente con menos luz producto de la contaminación ambiental. Este particular fenómeno cuenta con un nombre propio: melanismo industrial. Como tal, sería un buen ejemplo de mutaciones o cambios evolutivos provocados por el ser humano.

Otro increíble ejemplo de esto es la aparición en el sudeste africano de elefantes sin colmillos. El marfil de sus colmillos es lo que hace a estos animales blanco deseable de los cazadores. Por supuesto, los elefantes que por mutación, inicio del fenómeno evolutivo, nacen sin colmillos, la tienen más fácil para poder sobrevivir.
Otro caso paradigmático de evolución marcada por las actividades humanas es la aparición de los conocidos como “bacalaos de invierno”, que han evolucionado generando resistencia al PCB, un compuesto que, aunque actualmente es prohibido, está todavía presente en el agua del río Hudson, donde habitan estos peces.
Finalmente, los seres humanos no estamos exentos de observar cambios en nuestra propia especie. Quizás el cambio más notorio haya sido la pérdida de melanina que vivieron las poblaciones humanas que abandonaron África, nuestro continente de origen. Esta adaptación nos permitió desenvolvernos mejor en lugares con menor exposición al sol que la existente en el continente africano.

La evolución es un proceso natural, pero los indicios de que ocurre cada vez más rápido pueden suponer una mala noticia. Un estudio reciente comprobó que las especies más rápidas en evolucionar eran las que más riesgo tenían de extinguirse. Sin duda un resultado que puede afirmar que quizás no sea tan cierto eso de: “adaptarse o morir”.
*El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.
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