La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) analiza la posibilidad de reducir el número de tránsitos diarios como parte de las medidas para administrar el agua disponible, según explicó su administrador, Ricaurte Vásquez.
La evaluación ocurre mientras la vía mantiene un volumen elevado de operaciones y prepara nuevas restricciones de calado, en medio de las condiciones hídricas que enfrenta la cuenca.
La posibilidad supondría un paso adicional frente a las medidas anunciadas hasta ahora. El Canal había optado por reducir gradualmente el calado permitido a los buques sin disminuir los cupos diarios, pero las condiciones futuras podrían obligar a revisar esa estrategia.
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Actualmente, la administración mantiene bajo seguimiento la disponibilidad de agua y las proyecciones hidrológicas antes de adoptar nuevas decisiones operativas.
Desde el 26 de agosto, el calado máximo autorizado para las esclusas Neopanamax bajará a 48 pies, equivalente a 14,63 metros, y desde el 3 de septiembre disminuirá nuevamente hasta 47,5 pies, unos 14,48 metros.
Estos ajustes buscan reducir el consumo de agua y anticiparse a un posible deterioro de las reservas durante los próximos meses.
Hasta ahora, las restricciones no han impedido que el Canal mantenga un elevado ritmo de operaciones. Vásquez explicó que el presupuesto fue elaborado sobre una base aproximada de 34 tránsitos diarios, mientras la capacidad normal puede ubicarse entre 36 y 38, dependiendo de la composición del tráfico. En abril, la vía llegó a manejar hasta 41 embarcaciones en una jornada.
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El administrador aseguró que este mayor movimiento no significa que exista congestión en el Canal, pese a la presencia de embarcaciones esperando.
Algunos buques llegan antes de la fecha reservada y otros conforme a su programación. “¿Hay mayor volumen? Sí, hay mayor volumen. ¿Hay congestionamiento? No”, sostuvo al explicar la situación actual de la ruta.
Vásquez comparó el escenario con una carretera que recibe más automóviles, pero mantiene la circulación fluida. La ACP incluso ha flexibilizado sus operaciones para que, cuando un barco posee una reserva y aparece un espacio anterior disponible, pueda adelantarse.
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Según el administrador, mantener comunicación permanente con las navieras permite ajustar la operación sin comprometer la transparencia del sistema.
La explicación también buscó despejar dudas sobre los elevados precios pagados recientemente por algunos buques para obtener espacios. Vásquez rechazó que exista un mecanismo comercial mediante el cual una embarcación simplemente pague para “pasar primero”.
Cada barco con reserva transita dentro del cupo adquirido, mientras los espacios disponibles pueden ofrecerse mediante subastas.
Los pagos extraordinarios responden a decisiones económicas de las propias navieras. Vásquez explicó que un barco puede estar dispuesto a pagar varios millones de dólares por un espacio cuando incumplir su fecha de llegada al destino puede representar pérdidas diez o quince veces superiores. En esas circunstancias, asumir el costo adicional del tránsito puede resultar financieramente más conveniente.
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Uno de los casos estuvo relacionado con un buque que transportaba combustible y fue redirigido hacia Singapur, donde necesitaba llegar dentro de un período determinado. Al no contar con el espacio requerido, podía competir por los cupos disponibles. Son las propias navieras, explicó Vásquez, las que determinan hasta cuánto están dispuestas a pagar durante una subasta.
Los montos millonarios, sin embargo, están lejos de representar el comportamiento habitual. En condiciones normales, el promedio de las reservaciones y subastas oscila entre $250.000 y $300.000, mientras actualmente estaría alrededor de $400.000 a $425.000.
Los buques que han pagado más de $1 millón representan menos del 5% de las embarcaciones que han buscado transitar, según Vásquez.
Parte de la presión reciente está relacionada con los cambios que atraviesa el mercado energético por la situación en Medio Oriente. En enero, el Canal transitaba aproximadamente cuatro buques de gas natural licuado al mes, mientras que durante el último mes la cifra aumentó hasta 15 embarcaciones, de acuerdo con los datos proporcionados por el administrador.
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Vásquez relacionó ese comportamiento con las alteraciones en el suministro internacional de energía y la situación de Catar, uno de los principales productores de gas natural licuado.
Los cambios están modificando rutas y necesidades de transporte, pero la ACP no considera que la coyuntura de Medio Oriente deba convertirse en la base para proyectar mayores ingresos permanentes.
“La confiabilidad del servicio es crítica”, afirmó Vásquez. Para la administración, una ruta que pierde previsibilidad puede llevar a las navieras a buscar alternativas, por lo que garantizar el tránsito tiene implicaciones que van más allá de los ingresos obtenidos durante períodos extraordinarios.
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El objetivo es preservar la competitividad del Canal en el largo plazo, incluso ante aumentos temporales de la demanda.
En materia financiera, Vásquez señaló que el presupuesto del Canal ronda los $5.400 millones para este año fiscal y afirmó que la administración espera cumplir esa proyección, así como los excedentes que deberán ser entregados al Estado.
Los tránsitos durante el primer semestre superaron las previsiones incluidas originalmente en el presupuesto, según indicó.
La capacidad futura estará determinada principalmente por el comportamiento del agua. Vásquez considera que mantener entre 36 y 37 tránsitos diarios sería favorable para Panamá, pero la operación deberá adaptarse a las condiciones de la cuenca.
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Después de priorizar restricciones graduales de calado, la posibilidad de reducir también los tránsitos diarios abre un nuevo escenario si las reservas obligan a profundizar las medidas de conservación.
Entre 2023 y 2024, el Canal de Panamá enfrentó una de las sequías más severas de su historia reciente, asociada al fenómeno de El Niño, que obligó a la administración a reducir por primera vez el número de tránsitos diarios para preservar las reservas de agua.
Ante esa experiencia, la ACP ha adoptado ahora medidas de conservación con mayor anticipación, entre ellas restricciones graduales de calado, con el objetivo de evitar una reducción de la capacidad de la vía. Sin embargo, la necesidad de aplicar nuevos ajustes dependerá del comportamiento de las lluvias y de los niveles de los lagos durante los próximos meses.
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