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Enseñar a detectar noticias falsas

En un contexto en el que fotos y videos pueden generarse con inteligencia artificial y la viralización no garantiza veracidad, los docentes deben formar criterios para evaluar fuentes, evidencias y coincidencias independientes

La escuela debe enseñar a los estudiantes a diferenciar entre información, opinión y manipulación en el entorno digital. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Vivimos en un tiempo en el que nunca fue tan fácil acceder a la información y, al mismo tiempo, tan difícil saber qué es verdad. Todo pareciera ser verosímil; una fotografía puede haber sido creada por inteligencia artificial, un video puede mostrar una escena que nunca ocurrió y una noticia puede parecer cierta simplemente porque miles de personas la compartieron. La tecnología multiplicó nuestras posibilidades de informarnos, pero también las posibilidades de ser engañados.

Frente a este escenario, hay un postulado que la escuela ya no puede postergar: debemos enseñar a los estudiantes a distinguir entre información, opinión y manipulación.

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Si bien parece urgente y necesario, hacerlo implica mucho más que advertirles a los jóvenes que no crean todo lo que circula en las redes. Implica enseñarles a preguntar quién produce una información, qué evidencias presenta y si otras fuentes independientes dicen lo mismo. En otras palabras, implica formar ciudadanos capaces de pensar antes de compartir.

Algunos sistemas educativos ya entendieron que esta no es una habilidad secundaria, sino una competencia indispensable para vivir en el mundo contemporáneo. El de Finlandia es uno de ellos. Propone combatir la desinformación e integrar la alfabetización mediática desde sus niveles más básicos. Debido al auge de la inteligencia artificial, las escuelas finlandesas ahora priorizan el desarrollo del pensamiento crítico para que los menores puedan detectar contenidos fraudulentos. Mediante esta iniciativa, buscan que las nuevas generaciones posean las herramientas necesarias para validar información en un entorno digital complejo. Sostienen la importancia de la educación temprana como la defensa más eficaz contra la manipulación mediática contemporánea.

Pero la educación contra la desinformación no se plantea como una asignatura aislada, sino como un aprendizaje transversal desde el nivel inicial. En Matemática, los alumnos aprenden cómo los gráficos y las estadísticas pueden manipularse para deformar la realidad; en Historia, se analizan campañas históricas de propaganda e información falsa; en Lengua y Literatura, se examina cómo los titulares sensacionalistas y el lenguaje persuasivo buscan alterar las emociones; en Arte e Imagen, se enseña a identificar imágenes retocadas, contexto manipulado y edición digital.

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A modo de ejemplo, usan las tres preguntas del “detective de información”. A través del proyecto pedagógico Faktabaari EDU, a los alumnos se les enseña a analizar cualquier contenido digital respondiendo tres preguntas fundamentales: ¿quién está detrás de la información?, ¿cuál es la evidencia disponible?, ¿qué dicen otras fuentes independientes?

Es decir, a partir de la alfabetización temprana en Inteligencia Artificial y Deepfakes, las escuelas primarias incorporan ejercicios prácticos donde los estudiantes evalúan si una fotografía o video es real o fue generado artificialmente. Y ya en la escuela secundaria trabajan la educación en medios. A su vez, se distribuyen manuales como “El libro ABC de la alfabetización mediática” y kits de verificación directamente a las escuelas.

El desafío, entonces, no consiste solamente en enseñar a utilizar la inteligencia artificial, sino a ser crítico frente a ella porque más allá de ser una herramienta que puede crear una noticia, una fotografía o un video falso también puede convertirse en una oportunidad para aprender a preguntar, contrastar, investigar y dudar.

Y la escuela tiene allí una responsabilidad enorme. No se trata de prohibir su uso o proteger a los estudiantes de un mundo digital cada vez más complejo, sino de capacitarlos para habitarlo con autonomía.

En una sociedad donde cualquiera puede producir información y donde un algoritmo puede hacerla circular millones de veces, pensar antes de creer y verificar antes de compartir ya no es solamente una habilidad digital, sino una responsabilidad democrática.

La escuela no puede controlar todo lo que los chicos encuentran en internet, pero sí puede enseñarles que no todo lo que aparece en una pantalla merece ser creído. Entonces, enseñar a detectar noticias falsas no es una cuestión tecnológica, sino educativa y democrática.

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