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Las bombas de nuestra época

Según el testimonio de Margaret Little, el 3 de marzo de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, en una reunión de la Sociedad Psicoanalítica Británica, mientras sonaban las sirenas Donald Winnicott se puso de pie y dijo: “Quisiera señalar que esta teniendo lugar un ataque aéreo”. La reunión continuó

Unicef encontró en 2025 que los dos términos de búsquedas más frecuentes entre 5.000 chicos en edad escolar fueron: como hacer dinero a corto plazo y como bajar de peso.

¿Estamos escuchando las sirenas?

¿Cuáles son las bombas hoy?

Las apuestas estuvieron desde siempre, presentan una clínica difícil de comprender, incluso para los terapeutas que hacen adicciones. Se puede sostener la máscara de normalidad por más tiempo y las personas con ludopatía no se identifican con los usuarios de drogas. El límite entre normalidad y patología plantea un gran desafío: ¿jugador profesional de póker o ludópata?, ¿trader exitoso o ludópata?, uso de apps para pronósticos deportivos, simulación de inversiones, compra y venta de objetos para obtener profit...

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Unicef encontró en 2025 que los dos términos de búsquedas más frecuentes entre 5.000 chicos en edad escolar fueron: como hacer dinero a corto plazo y como bajar de peso.

En los últimos tres años, la tecnología y su evolución exponencial ha llevado el mundo de las apuestas a un estatuto de producto perfecto 24/7, sin fricción, donde el dinero parece que no existe y en donde los adolescentes y adultos jóvenes han volcado su pasión deportiva. El mundial de fútbol Catar 2022 fue la bisagra donde se inauguró un nuevo motivo de consulta en los consultorios de salud mental: deuda económica.

De un problema que no existía, de acuerdo al Observatorio de la Cruz Roja, el 20% de los chicos en edad escolar realizan apuestas, sobre todo varones. A modo de ejemplo de cómo se instaló en la vida cotidiana el mundo de los pronósticos deportivos, Mercadopago reunió a 9 millones de pronosticadores en el último mundial.

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El deterioro multidimensional de un apostador clásico, que podía desarrollarse a lo largo de años, hoy puede producirse en pocos meses.” El boom de las apuestas sería imposible si no se hubieran alineado actores específicos del mercado: publicidad, tecnología y neurociencias. Y el silencio de la política.

Encuentro un elemento positivo de esta nueva ola de consultas: a diferencia del consumo de drogas ilícitas, que implica la activación de toda la maquinaria penal, el estigma, la marginación y las tinieblas con la que conviven muchos consumidores de drogas; ahora ya no podemos esconder el problema, no podemos delimitarlo, no podemos diagnosticar un comportamiento desviado específico. No podemos decir “acá no se atiende adicciones” o desterrar a las personas lo más lejos posible.

Más que nunca, el paciente es igual que nosotros.

De acuerdo al Observatorio de la Cruz Roja,  el 20% de los chicos en edad escolar realizan apuestas, sobre todo varones

En apuestas cuando uno gana, juega con ese dinero sin dolor, se llama “ dinero de la casa”, pero cuando uno empieza a perder, se produce un efecto psicológico descrito por el premio Nobel Daniel Kahneman como aversión a la pérdida: perder 100 dólares es mucho más doloroso que la felicidad de ganar la misma cifra. En ese contexto emocional disminuye el filtro racional y se instala un comportamiento impulsivo. Cuando las pérdidas se sostienen, comienza la búsqueda frenética por recuperar lo perdido, con apuestas y maniobras cada vez más temerarias. A este mecanismo se lo conoce como persecución de las pérdidas. Es el momento de las catástrofes y actos extremos. Cada maniobra -o apuesta- destinada a recuperar lo perdido empeora el problema.

Lola Lopez Mondéjar, ensayista española, dice que esta es una época difícil para distinguir el sufrimiento social de la patología individual.

La semana pasada se publicó el informe del Observatorio de Política Criminal, Argentina tiene el segundo lugar en suicidios en la región: 11.8 cada 100.000 habitantes. Es la tasa más alta en la historia de nuestro país. El suicidio es la principal causa de muerte de adolescentes y jóvenes. Resulta difícil de metabolizar incluso para los expertos en salud mental.

¿Cómo se trabaja desde salud mental con esta realidad: casos individuales o indicador de sufrimiento social?

A propósito de la deuda como síndrome social, existe un problema mucho más allá de la ludopatía: un sector de la población se encuentra endeudada y en espiral de caída : Según el BCRA, alrededor del 54% de la población tiene deudas económicas. En los sectores más vulnerables esta ganando terreno el crédito informal con requisitos mínimos, intereses elevados (hasta el 1300% CFT ) y prácticas agresivas para el cobro de la deuda. El dealer, ahora es financista de gastos menores.

La teoría de la escasez, (Mullainathan y Shafir) explica que la presión financiera sostenida captura la atención y focaliza la mirada a corto plazo. Se genera una visión de túnel y se reduce la “banda ancha mental”, es decir, la capacidad de planificar y de autocontrolarse. No se trata de ineptitud financiera, sino de un ecosistema de desesperación. Pensemos en dos conjuntos. Por un lado, el mundo de las apuestas. Por otro, la crisis económica. Y en la intersección nuevas escenas: chicos que trabajan de cajeros y que recolectan el dinero de las apuestas de otros.

Podemos examinar microscópicamente la estructura psíquica de cada caso, podemos intentar hacer diagnósticos de precisión individuales, pero a veces lo social y el contexto se filtra en los pasillos de los hospitales y en cada guardia y en cada consultorio.

Y para los problemas donde el contexto es prioritario, se requiere un gesto creativo fuera de guión de los equipos de salud mental. No esta mal que las guías y los protocolos no alcancen cada tanto.

En 1945, cuando se realizó en secreto la prueba de la primera bomba atómica (Trinity), unos estudiantes estaban realizando un campamento a 70 km de la prueba. Era un día soleado y comenzó a caer del cielo algo que parecía copos de nieve, los tomaron con las manos, lo esparcieron en su cuerpo, lo comieron y jugaron el resto de la mañana. Festejaron sin saberlo, con cenizas radioactivas.

¿Escuchan las sirenas?

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