Agregar Infobae enGoogle

Escenario 2026-2027: crecimiento modesto, desinflación lenta y superávit comercial

La economía argentina transita un proceso de consolidación ordenada, aunque la recuperación aún no se refleja plenamente en el empleo y los salarios

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva (c), y el ministro de Economía, Luis Caputo (i), salen después de sostener una reunión este lunes en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

A medida que el horizonte electoral de 2027 se aproxima, las proyecciones económicas para el bienio permiten anticipar el terreno sobre el cual se librará la contienda. El cuadro que emerge es el de una economía que crece, pero a un ritmo moderado, y que continúa desinflando, aunque de manera lenta. Ni una recesión que hunda las expectativas ni un despegue que genere euforia, sino una consolidación gradual que probablemente no alcance, por sí sola, para modificar de raíz el panorama político.

En materia de actividad, la proyección para 2026 ubica el crecimiento del producto en un rango de entre el 1,7% y el 2,1%, para luego acelerar levemente hacia un 2,5% en 2027. Son cifras de expansión genuina, pero muy lejos de la fuerza que haría falta para que la recuperación se sienta de manera generalizada en el bolsillo de la población. Vale contrastar estas estimaciones con las de otras fuentes, que resultan algo más optimistas. El relevamiento que el Banco Central realiza entre analistas del mercado proyecta un crecimiento del 3% tanto para 2026 como para 2027, mientras que el Fondo Monetario Internacional es el más entusiasta, con estimaciones del 3,5% y del 4% respectivamente. La diferencia refleja distintos supuestos sobre la velocidad a la que la economía interna logrará recomponerse.

El sendero de desinflación constituye el segundo eje del escenario. Se prevé que la inflación cierre 2026 en torno al 30% anual, medida de diciembre a diciembre, para descender hacia un rango del 21% en 2027. Es una trayectoria descendente y sostenida, pero gradual, que mantendría a la Argentina conviviendo con una inflación de dos dígitos durante todo el período. Las proyecciones del mercado y del Fondo coinciden en la dirección, aunque el organismo internacional anticipa una baja más pronunciada, con una inflación que perforaría el umbral del 13% hacia fines de 2027. En cualquiera de los escenarios, la desinflación continuaría su curso sin sobresaltos, pero difícilmente con la velocidad suficiente como para alterar el clima electoral.

PUBLICIDAD

Es en el frente externo donde el escenario ofrece sus datos más contundentes, y donde reside buena parte de la fortaleza del programa. El superávit comercial de bienes treparía a unos 29.050 millones de dólares en 2026, una cifra que multiplica por más de dos y medio los 11.320 millones de 2025 y que marca un récord para la serie. Las exportaciones alcanzarían los 104.500 millones de dólares, impulsadas por el despliegue de la energía, la minería y una cosecha excepcional, mientras que las importaciones se mantendrían relativamente contenidas. Para 2027 se proyecta que el saldo comercial se modere hacia los 23.520 millones, todavía en niveles muy elevados en la comparación histórica. Ese colchón de divisas es el que sostiene la acumulación de reservas y le otorga al esquema una solidez de la que careció en ciclos anteriores.

El terreno fiscal, en cambio, muestra señales que conviene observar con atención, porque allí se concentra buena parte de la tensión del corto plazo. El primer semestre de 2026 cerró con un superávit primario del sector público nacional de 6,287 billones de pesos, una caída del 38% real en la comparación interanual. Pero el dato más relevante aparece al considerar la totalidad de los intereses. Al computar los intereses capitalizados, que ascendieron a 18,926 billones de pesos y que no se contabilizan en la presentación tradicional de las cuentas públicas, el resultado se vuelve deficitario. En efecto, sumados esos intereses, el sector público registró un déficit fiscal equivalente al 3,8% del producto en el semestre. Y medido en caja, el resultado fiscal fue negativo en un 0,2% del producto, el primer rojo de esta naturaleza en toda la gestión.

Ese deterioro del frente fiscal se refleja también en la trayectoria del superávit primario de los últimos doce meses, que se redujo al 1% del producto, frente al 1,4% que se había alcanzado con anterioridad. La meta comprometida con el Fondo Monetario para el conjunto del año se ubica precisamente en ese 1,4%, de modo que habrá que esforzarse en el segundo semestre para recomponer el terreno perdido. La debilidad de la recaudación, golpeada por la lenta actividad y por las rebajas impositivas dispuestas por la propia gestión, es el principal factor detrás de ese estrechamiento del margen fiscal.

PUBLICIDAD

Al integrar todas estas piezas, el escenario que se dibuja para el bienio es coherente y, en cierto modo, previsible. El oficialismo llegaría a la elección de 2027 con dos años consecutivos de crecimiento modesto, una inflación en descenso pero todavía elevada, un frente externo robusto que blinda las reservas y un frente fiscal que exige cuidado para no erosionar el principal activo del programa. Es un cuadro de consolidación, no de bonanza, en el que la macroeconomía se mantiene ordenada mientras la economía cotidiana avanza a paso lento.

La conclusión que se desprende del conjunto es que la desinflación, aunque continúe, difícilmente modifique por sí sola el panorama electoral. La suerte dependerá menos de que la inflación termine en el 25% o en el 30%, y más de que la actividad y, sobre todo, el empleo y los salarios comiencen a dar señales tangibles de recuperación. El escenario base describe una economía que no defrauda pero tampoco entusiasma, y en un año electoral, esa distinción puede resultar decisiva. La Argentina llega a la antesala de 2027 con la macro bajo control y la micro todavía en deuda, y es en esa brecha donde se jugará buena parte del futuro político y económico del país.