El Papa León XIV ha escrito mucho más que una Encíclica. Ha diseñado un gran GPS para la humanidad. No el clásico GPS, sino un Gran Proyecto de Sabiduría para discernir el buen desarrollo y uso de la IA en nuestra vida cotidiana y en el destino del mundo. Lo afirma con claridad desde el mismo comienzo de su Encíclica: “No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles”. La magnífica humanidad a la cual nos convoca requiere amistad social, apertura a una libertad profunda que nos libere de la adicción a los algoritmos, diplomacia imaginativa para los nuevos tiempos, alfabetización para lo digital y democracia plena en la pluralidad.
Pensar hoy en las periferias es pensar en las periferias morales tecnológicas, en quienes procuran apretar el acelerador rumbo a una supuesta inteligencia artificial general, sin medir sus consecuencias ni establecer los marcos globales y locales adecuados. En el laberinto de la cadena de responsabilidades todos tenemos algo que hacer, de ahí la importancia del principio de subsidiariedad que menciona el Papa León.
Desde lo más alto, se requiere restablecer un mundo global basado en reglas, y tener en cuenta la Declaración Universal de los Derechos Humanos, marco que el mundo de la posguerra se dio para evitar catástrofes que estaban frescas aún. El punto central aquí se ha desplazado y complementado del peligro nuclear al peligro no ya de la ciberseguridad, sino de la bioseguridad. Frente a este abismo de armas biológicas de destrucción masiva, se impone una desaceleración de la frenética carrera armamentística estimulada por la IA.
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Desde los planos regionales, también hay mucho por hacer. Comenzando por América Latina, que posee recursos naturales valiosos, talentos tecnológicos, vientos, agua, energía renovable y biodiversidad. Aquí el Papa nos convoca a superar formas de neo-colonialismo y nuevas esclavitudes, y a ser capaces de construir instancias de desarrollo digital-industrial que conjuguen el avance científico con la preservación de la naturaleza, la renovación de las finanzas y la distribución adecuada de sus beneficios. Una negociación comercial inteligente es una premisa básica. El destino universal de los bienes significa que, más allá de la privacidad indiscutible, la función social de la propiedad de los datos, los algoritmos y las plataformas debe impulsarse teniendo en cuenta un marco de solidaridad. Una fiscalidad astuta cuenta, como así también una transparente asignación de los recursos públicos.
El Pacto Social Tecnológico resuena en el espíritu de una de sus apelaciones. “Edificar un mundo en el que todos puedan ‘florecer’ exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan débil como para no poder ofrecer su contribución”, nos comparte León.
No en vano menciona la necesidad de abandonar las métricas insuficientes del Producto Bruto Interno para mensurar el progreso de las economías; y también subraya la importancia de construir mapas de esperanza que vayan más allá de las visiones apocalípticas que vienen resonando hace tiempo.
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En este diálogo nadie sobra. Paradójicamente son las grandes corporaciones concentradas las que están proponiendo en cabeza de sus líderes la necesidad de fondos soberanos para distribuir mejor la riqueza, ingresos básicos universales, constituciones para los grandes modelos de lenguaje, compromisos ambientales (que no siempre cumplen) y mejor implementación de las políticas sociales empleando IA. Pero la autorregulación no alcanza, más allá de las buenas o malas intenciones. Falta frente a esta emergencia un liderazgo público eficaz, con ciencia y conciencia, que no desmerezca la innovación, sino que la encauce con reglas claras y armonizadas. Justo también es mencionarlo: puede existir resistencia a la IA por buenos o por malos motivos. Puede ocultarse detrás de la demonización de la IA un interés por no revelar datos, ineficacia o privilegios.
De ahí la centralidad de no convertir a la IA en una ideología multipropósito, e incorporarle la dimensión espiritual y ética a todo este proceso. Ni negacionismo tecnológico ni endiosamiento tecnológico. Antes de enseñarle a las máquinas reglas éticas, debemos recordarnos como seres humanos nuestra dimensión espiritual y recuperar la importancia de las virtudes.
Un empleo sabio de la IA consiste en recordar las dos primeras palabras de esta Encíclica: magnífica humanidad. Y también poner el acento en aquellos héroes y mártires que León XIV eligió citar en su desarrollo. Entre otros, Dorothy Day, una mujer extraordinaria que luchó contra la discriminación social en los Estados Unidos; Martin Luther King, el apóstol de la no segregación racial; Giorgio LaPira, el alcalde de Florencia que abrió un diálogo por la paz entre el mundo comunista y las democracias occidentales; Monseñor Romero y Monseñor Angelelli, que cayeron asesinados por dictaduras; y Monseñor Van Thuan, que sufrió el martirio de un régimen comunista privándolo de libertad. En la selección de estos nombres también hay un mensaje: necesitamos una IA con un nuevo centro, ni tironeada por la derecha ni tironeada por la izquierda. La magnífica humanidad del ser humano está más allá y por encima de cualquier polarización.
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Escuchemos con humildad esta Encíclica, pero no la recitemos con palabras vacías o con miradas hipócritas. “Primereemos”, como diría Francisco, desde América Latina y desde Argentina, para construir un pacto glocal (global + local) social y tecnológico que comience por una columna vertebral de 10 cuestiones:
- Mejores brújulas estadísticas, que impidan el “humo” de falsas expectativas del mercado laboral y que registren los aportes de la economía del conocimiento a la generación de riqueza. Con estadísticas cuali-cuantitativas, que registren la informalidad regional.
- Distinguir la “potencialidad” del reemplazo de tareas versus la inevitabilidad de la destrucción de “ocupaciones” enteras. El co-pilotaje de la IA para tareas sensibles puede proteger mejor a los trabajadores. Aquí las negociaciones colectivas con énfasis tecnológico son claves.
- Cuentas claras de cómo se van a distribuir las ganancias de productividad en las empresas y cómo registrarlas. Lo cual supone alejar los miedos y el secretismo cuando una herramienta de IA se introduce en las empresas.
- Despejar el fantasma de un taylorismo digital que registra hasta el mínimo detalle del comportamiento de un trabajador, sea este un programador, empleado de una plataforma digital o repartidor de alimentos.
- Valorizar el tiempo como valor esencial y moneda social de negociación, cuando hablamos de introducir nuevas tecnologías.
- Tener a nivel regional una clara hoja de ruta negociadora, para que la discusión vaya más allá de la instalación o no de un data center en nuestro territorio, y que la IA derrame valor social e industrial agregado a nuestras economías.
- Incorporar la IA a la gestión de políticas sociales prioritarias, con claras reglas de privacidad de datos, ausencia de sesgos, eliminación de diseños adictivos y opción preferencial por los pobres en sus impactos positivos.
- Escrutar de manera creativa (sandboxes regulatorios, licencias habilitantes, auditorías independientes, etc.), las cajas negras de los algoritmos; y también las cajas negras de la política que se niega a transparentar el financiamiento de sus campañas electorales.
- Armonizar normas básicas regionales para que no se genere un “fórum shopping” regulatorio de la IA y una competencia “hacia la baja” en los criterios de seguridad y compromiso social.
- No confiar ni en “la mano invisible de la IA” ni en “la mano de hipervigilancia masiva” de la IA. Confiar en nuestra “magnífica humanidad”, a la cual nos convoca el Papa León XIV. Poniendo especial cuidado en nuestros jóvenes y personas con mayor vulnerabilidad.
Esta Encíclica lo acaba de indicar con voz serena y firme. En tiempos que conjugan el asombro, la policrisis, el policaos, y múltiples inteligencias híbridas que surgen, necesitamos este nuevo GPS. No el clásico de orientación automovilística que puede fallar. Necesitamos un GPS renovado: un Gran Proyecto de Sabiduría para surfear la irrupción de la IA. Que siempre será mucho más esencial que información empaquetada, cálculo probabilístico o resignación determinística.
Preguntas éticas clave:
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- ¿Cómo introducir la discusión de la IA en las convenciones colectivas de trabajo empresariales y laborales, de manera de establecer adecuados incentivos que conjuguen ganancias de productividad compartida, tiempo libre, creatividad para nuevos productos y formación laboral continua tanto para obreros como para patrones?
- ¿Qué nuevas fronteras de producción exportadora puede negociar América Latina, incorporando valor agregado a la riqueza de sus recursos naturales, por ejemplo desarrollando alguna de las cadenas de valor de microprocesadores, fábricas inteligentes o productos para la mejor administración de políticas públicas?
- ¿Cómo la potencia de las compras estatales agrupadas y confederadas pueden aumentar la transparencia y capacidad negociadora de nuestros Estados nacionales y regionales, para acceder a IA de mejor calidad y con prioridad a los sectores más vulnerables, sin quedar atrapados en contratos abusivos?