El EMAE de febrero registró una corrección importante respecto al cierre de 2025. Según INDEC, la actividad cayó 2,6% en términos desestacionalizados y 2,1% interanual. Esta corrección refleja la excepcionalidad del crecimiento de diciembre y enero (+1,7% y +0,4% desestacionalizado, respectivamente), impulsado por la campaña de trigo y por el impacto de los feriados en la actividad de febrero.
Hacia marzo, los indicadores evidencian una nueva recuperación, con la heterogeneidad sectorial y regional que sigue mostrando la economía argentina. Una parte relevante de esta corrección de febrero responde a factores estadísticos. La cosecha de trigo —que pasó de 20 a 29 millones de toneladas— elevó transitoriamente el nivel de actividad. Al disiparse este efecto en febrero, la actividad volvió a una dinámica más alineada con el comportamiento previo: no tan dinámico y heterogéneo.
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En términos sectoriales, no se vislumbra una contracción generalizada. Ocho de los quince sectores registraron subas interanuales en febrero. Resaltaron pesca (+14,8% interanual) y explotación de minas y canteras (+9,9% interanual), mientras que agricultura también mantuvo un crecimiento relevante (+8,4% interanual). En conjunto, estos sectores aportaron contribuciones positivas que compensaron parcialmente las caídas del nivel general.
Por el lado negativo, las incidencias vienen de industria manufacturera (-8,7% interanual) y comercio (-7,0% interanual), que explicaron la mayor parte de la caída del nivel general. Esta divergencia es consistente con los sectores primarios y algunos servicios que mantienen mejor desempeño relativo, mientras que los sectores vinculados al mercado interno continúan rezagados. En definitiva, los sectores ganadores (agro, minería e intermediación financiera, etc.) estuvieron en el primer bimestre de 2026 16% por encima del promedio de 2023; mientras que los sectores perdedores (industria, comercio y construcción, etc.) permanecen rezagados, un 10% por debajo del promedio de 2023.
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Asimismo, los primeros indicadores de marzo sugieren una incipiente recuperación. La construcción registró subas tanto en el índice Construya (+11,1% interanual) como en despachos de cemento (+11,0% interanual), mientras que los patentamientos de autos mostraron una leve mejora (+1,2% i.a.) y las motos mantuvieron un fuerte crecimiento (+59,4% interanual). La recaudación vinculada a la actividad, a su vez, se encontró en terreno positivo (IVA DGI +0,5% real interanual, créditos y débitos +4,9%), y el crédito al sector privado se expandió 11,6% interanual real. En contraposición, algunos indicadores siguen mostrando debilidad, como la producción automotriz (-9,0% interanual) y el transporte aéreo de cabotaje (-2,9% interanual).
En síntesis, los datos apuntan a una estabilización tras la corrección de febrero, en un contexto que mantiene la heterogeneidad entre sectores.
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Por otro lado, el financiamiento externo volvió a mostrar signos de recuperación en abril, tanto para corporaciones como para deuda sub-soberana, con el riesgo país lateralizando en torno a los 500 puntos básicos, y un BCRA que aceleró la compra de divisas y comenzó a acumularlas. De aquí en más, una compresión de spreads será clave para mejorar las condiciones de financiamiento. En paralelo, el financiamiento corporativo también mostró dinamismo: las empresas liquidaron cerca de USD 6.800 millones, a partir de emisiones de ON desde octubre, según el BCRA, generando un flujo relevante de divisas en la antesala de la cosecha.
No obstante, hasta el 9 de abril restaban aún por liquidarse colocaciones por unos USD 3.200 millones (según estimaciones del BCRA), lo que implicaría una oferta adicional en el mercado de cambios y contribuiría a sostener la estabilidad del tipo de cambio. A nivel agregado, el ritmo de emisiones se desaceleró en febrero y marzo, en línea con la suba del riesgo país y el deterioro del contexto internacional. Por el lado cambiario, el BCRA siguió comprando divisas y lleva acumulados USD 6.765 millones, una cifra muy alta en términos históricos para un primer cuatrimestre.
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La continuidad de este proceso estará fuertemente condicionada por la evolución del riesgo país y el contexto internacional. Si bien la suba reciente del riesgo país y el conflicto geopolítico moderaron el ritmo de emisiones, una eventual compresión podría reactivar las colocaciones. Una baja del riesgo país también contribuiría a mejorar el perfil de vencimientos soberano, que luce desafiante tanto para el presente año como para el próximo.