Mr. Mercedes, la ficción como anticipo del derecho penal actual

La novela de Stephen King aborda el uso premeditado de un automóvil como instrumento de homicidio en masa, reflejando problemáticas actuales del derecho penal

El derecho penal moderno reconfigura al automóvil como un arma letal cuando se lo utiliza con intención homicida y en escenarios planificados (REUTERS/Chris Helgren)

Leída desde una perspectiva jurídica, Mr. Mercedes trasciende el formato de thriller psicológico para convertirse en un relato que interpela directamente al derecho penal moderno. El episodio que inaugura la novela —el uso deliberado de un automóvil para embestir a una multitud en un espacio público— reproduce, con inquietante precisión, conductas que hoy ocupan un lugar central en la agenda criminal y legislativa.

El interrogante que se impone no pertenece al terreno literario, sino al estrictamente normativo: ¿cómo encuadraría un hecho de esta naturaleza en el proyecto de reforma presentado por quien fuera Ministra de Seguridad y hoy senadora electa Patricia Bullrich y el Ministro Mariano Cúneo Libarona y que se encontró a cargo de los juristas Julio Báez, Ricardo Basilico, Mariano Borinsky, Jorge Buonpadre, Eugenia Capuchetti, Horacio Romero Villanueva, Fernando Sotto y Carlos Manfroni, Valeria María Onetto y Mercedes Rodríguez Goyena?

Un ataque que supera el plano individual

El hecho narrado no responde a un arrebato ni a una reacción intempestiva. Existe planificación, selección del escenario y utilización consciente de un medio idóneo para causar la muerte. La voluntad homicida es clara y se proyecta sobre un número indeterminado de víctimas.

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A la luz del proyecto de reforma del Código Penal (Comisión 2025), el encuadre jurídico resulta directo: homicidio doloso agravado, sancionado con prisión perpetua. El nuevo texto incorpora una agravante que refleja con nitidez este tipo de conductas: el homicidio cometido en la vía pública o en lugares de concurrencia masiva, mediante automotores u otros instrumentos capaces de generar un daño letal indiscriminado.

En este contexto, el vehículo deja de ser un objeto neutral. El derecho lo reconfigura como un verdadero instrumento de muerte, equiparable a un arma, cuando es utilizado con esa finalidad.

A ello se suma la noción de peligro común, una figura clásica del derecho penal que pone el acento no solo en el resultado fatal, sino en la creación consciente de un riesgo generalizado para la sociedad.

La exclusión de cualquier atenuación

Tan relevante como el encuadre agravado es la exclusión expresa de figuras atenuantes. No resulta aplicable la emoción violenta, reservada para reacciones súbitas y humanamente comprensibles. Tampoco el homicidio preterintencional, ya que el resultado mortal no constituye un exceso, sino el fin buscado.

Desde una concepción tradicional del derecho penal, la preparación previa del ataque elimina cualquier margen de comprensión atenuada. El reproche no se apoya en la historia personal del autor ni en su mundo emocional, sino en la decisión consciente de quebrantar el orden jurídico y emplear la vida humana como medio de terror.

Entre la novela y la norma

Stephen King escribió Mr. Mercedes antes de que los ataques con vehículos se repitieran en distintas ciudades del mundo. Sin embargo, la experiencia acumulada por la realidad terminó por encontrar traducción normativa. La reforma penal recoge esos episodios y los incorpora al sistema sin alterar sus categorías esenciales: dolo, culpabilidad, proporcionalidad.

Vista desde esta óptica, la novela deja de ser solo ficción. Funciona como una advertencia temprana. Cuando la violencia se organiza, se planifica y se ejecuta de manera masiva, el derecho penal no puede vacilar. La respuesta más severa no constituye un acto de revancha, sino la reafirmación de un principio antiguo y fundante: la vida humana es un límite infranqueable para el poder punitivo y para la violencia individual.

A ello apunta el estudio realizado por la comisión de reforma que oportunamente fuera elevada al Sr. Ministro de Justicia.

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