Un shot en el tablero global

Nos asomamos a la definición de un nuevo orden global. Una geopolítica basada en la ley del más fuerte. Desde esta perspectiva, la captura de Maduro puede entenderse como un espectacular golpe de efecto

El capturado presidente venezolano Nicolás Maduro es escoltado, mientras se dirige a una corte de Manhattan para una comparecencia inicial para enfrentar cargos federales de Estados Unidos incluyendo narcoterrorismo

Si viste Fauda, Teherán o Mosul, o si te devoraste el documental que cuenta la intervención que terminó con la vida de Bin Laden, es probable que te preguntes para cuándo la docuserie de la caída de Maduro. Todo conduce a pensar que no tardará en llegar.

La operación “Determinación Absoluta” fue una espectacular movida de marketing para Trump que dejó a Occidente patas para arriba. Como todo líder populista de este tiempo feroz, Trump trabaja a destajo para su validación ante los ojos del mundo y esta vez lo apostó todo.

La extracción de Maduro fue una jugada extrema, la movida perfecta para enmendar la insoportable frustración de no haber obtenido el Nobel de la Paz. María Corina Machado, la líder opositora que no solo fue designada para recibirlo, también lo aceptó. Es probable que Trump lo haya vivido como una insolencia, una afrenta personal.

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La catarsis trumpista se consumó más temprano que tarde. Trump sacó de escena a Corina Machado cuando la lideresa todavía gozaba de las tibias mieles del Nobel. La oposición venezolana quedó desconcertada tras haber celebrado la arremetida trumpista en las plazas del mundo.

María Corina es encantadora, pero “no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país” para liderar la transición. No hace falta ser muy sagaz para sospechar si la asistencia de las fuerzas americanas en la mítica travesía que la llevó de la clandestinidad caraqueña a Oslo no fue parte de un plan para sacarla del medio.

Tras la detención de Maduro, Trump inició un plan para administrar el petróleo venezolano (Eric Lee/The New York Times)

La remoción de Maduro fue festejada por todos los que aman la democracia, pero más temprano que tarde muchos empezaron a preguntarse de qué sustancia está hecha la libertad que dice venir a restaurar un líder que no reconoce un solo límite legal ni institucional.

Irreverente, autorreferencial, Trump dijo que su propia moral es el único límite real que reconoce y que no necesita respetar el derecho internacional según su interpretación del concepto.

“No necesito el derecho internacional… depende de cómo se defina”, le dijo al New York Times.

Muchos se preguntan hoy qué pretende hacer Trump con todo esto. Fervientes mileístas, incluso, han comenzado a recelar de Trump. ¿Cuál es el driver que lo mueve? ¿Tiene realmente un plan o se maneja a golpe de impulso?

La primera semana de Venezuela sin Maduro corrió intensa, desconcertante, pero comenzó a dejar algunas respuestas.

Está claro que el objetivo de Trump no fue reponer a Edmundo González Urrutia en la presidencia que reivindica en las elecciones de 2024. Tampoco, en lo inmediato, parece que se esté trabajando para restablecer libertades básicas para el común de los venezolanos.

En las calles de Caracas siguen circulando los temibles “colectivos”, requisando celulares, controlando los mensajes que se intercambian, los memes y los whatstappeos, en orden a identificar traidores a la causa chavista.

La liberación de los prisioneros retenidos en el Helicoide y otros centros de detención se está produciendo por goteo. No parece estar entre las prioridades de nadie. La suelta es selectiva. El “número significativo” anunciado por Trump se reduce a unos pocos.

Las familias de los presos del régimen chavista ruegan por su liberación (EFE)

Familiares de los secuestrados penan en la puerta de los penales a la espera de novedades. Las organizaciones humanitarias sospechan que detrás de las demoras se esconden las internas del régimen a la espera de una amplia “ley de amnistía”. La idea de los detenidos como rehenes de un régimen profundiza la angustia.

Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta y segundo hombre fuerte del nuevo gobierno tutelado por Trump, presenta la liberación como un “gesto de paz unilateral que no fue acordado con ninguna otra parte”. Los pocos que salen están condicionados. Deben llamarse a silencio y no alborotar. La cuestión no parece urgente ni para el chavismo, supuestamente doblegado, ni para los que administran en nombre de Trump.

El objetivo de terminar con los cárteles de la droga salió del primer plano tras conocerse precisiones de la Justicia de EE. UU. Según los fiscales, no se puede probar en la justicia estadounidense la existencia de un cártel estructurado con Nicolás Maduro como jefe.

No se ha logrado hasta aquí una constatación legal posible que pueda colocar a Maduro como el líder de la organización criminal que ahora pasa a ser definida políticamente como un sistema de clientelismo y corrupción estatal.

Tras la primera audiencia en Nueva York, Maduro quedó enfrentando cargos de narcoterrorismo, conspiración para traficar cocaína y otros delitos relacionados con el narcotráfico, pero, devaluado en los cargos que se le atribuyen, dejó de ser la ficha principal.

El hombre deberá esperar a la sombra, al menos hasta marzo, cuando se retome el juicio que lo tiene como principal acusado. En Caracas tiene quien lo releve. Trump parece encantado con Delcy Rodríguez y su hermano Jorge.

Otras razones más urgentes excitan la avasallante impronta trumpista. Quedarse con el manejo del petróleo venezolano, la que más. La arremetida sobre el control del crudo lo muestra en su modo más vigoroso.

Trump parece, hasta aquí, muy reconfortado con la colaboración bajo presión que los hermanitos Rodríguez le están prestando.

Maduro volverá a declarar el próximo 17 de marzo ante la Justicia estadounidense (REUTERS)

“Nos tratan con mucho respeto”, se regodeó. “Nos están dando todo lo que creemos necesario”, le dijo Trump al NYT. No pudo, en cambio, precisar cuánto se quedará tutelando Venezuela. “Solo el tiempo lo dirá…”. Pero dejó entrever que serán probablemente años.

Delcy es una dulce, pero Diosdado Cabello no parece dispuesto a aflojar. Ahora volvió a las pantallas recargado.

“¿Derechos humanos? No, nada de eso. El tema es el petróleo. El tema son nuestros recursos”.

Si se trata de un “permitido” para que el chavismo residual despache sus toxicidades o si el hombre más oscuro resiste, está por verse.

Trump asegura tener todo bajo control, al menos eso les dijo a los owners de las petroleras a los que convocó para abrirles las puertas del paraíso.

“Ustedes están negociando con nosotros directamente, no están negociando con Venezuela en absoluto, no queremos que negocien con Venezuela…”, les dijo Trump a los petroleros. “Y tendrán total seguridad. Una de las razones por las que no podían trabajar en Venezuela es que no tenían garantías… ahora tienen seguridad total”. Espera que inviertan USD 100.000 millones.

Un Trump exultante admitió que tomar el petróleo sujeto a sanciones ha comenzado a generar ganancias para EE. UU. Se manifiesta decidido a hacerse cargo de la producción y comercialización del crudo. Ha dicho incluso que las ganancias que Venezuela genere vendiendo petróleo a EE. UU. deberán invertirse en la compra de productos norteamericanos.

“Me acaban de informar que Venezuela comprará exclusivamente productos fabricados en Estados Unidos con el dinero que reciba de nuestro nuevo acuerdo petrolero. Estas compras incluirán, entre otras cosas, productos agrícolas estadounidenses, medicamentos, dispositivos médicos y equipos fabricados en Estados Unidos para mejorar la red eléctrica y las instalaciones energéticas de Venezuela”, posteó en Truth. Explícito hasta lo obsceno.

Occidente observa con perplejidad las audaces iniciativas de Trump. Los últimos movimientos del presidente norteamericano empiezan a delinear un rumbo.

Las primeras y contundentes señales lo muestran como el hombre de negocios que aprieta para negociar. En este caso, bajo presión militar.

La decisión materializada este miércoles de retirarse de decenas de organizaciones internacionales, muchas de ellas asociadas a Naciones Unidas, muestra a Trump empeñado en la agenda “Estados Unidos Primero”. No más multilateralismo, no más globalismo. Trump va por todo.

Colombia, Groenlandia, Canadá y México se mantienen en alerta.

El espíritu expansionista de Trump se manifiesta en el desenfado de sus posteos y declaraciones y, según algunos analistas, la administración deja entrever un liderazgo de corte marcadamente personalista.

Nos asomamos a la definición de un nuevo orden global. Una geopolítica basada en “la ley del más fuerte”, como advirtió Emmanuel Macron. Desde esta perspectiva, la captura de Maduro puede entenderse como un espectacular golpe de efecto. Un certero shot sobre el tablero global.

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