Por primera vez en la historia, un presidente argentino participará en la toma de posesión del presidente de los Estados Unidos, el próximo 20 de enero de 2025.
Las invitaciones a esta ceremonia, dirigidas a jefes de Estado o de Gobierno de otros países, siempre han sido muy limitadas y reservadas a aliados históricos del país anfitrión (británicos, canadienses y mexicanos) o coyunturales, como Charles De Gaulle en la de J.F. Kennedy (1961), Sarkozy y Lula en la de B. Obama (2009), Netanyahu en la de Trump (2017), Angela Merkel y Emmanuel Macron en la de Biden (2021).
En esta oportunidad, la inusual cercanía entre Javier Milei y Donald Trump vuelve a quedar en evidencia.
El mandatario argentino fue el único líder extranjero invitado a disertar en la reciente reunión en Mar-a-Lago, junto a Trump, J.D. Vance y Elon Musk. Esta decisión, elaborada cuidadosamente por el equipo de Trump, posiciona a Milei como un líder emergente de Iberoamérica, presentado como la contracara de Lula, a quien consideran el hombre de China e Irán en América Latina.
El presidente argentino realizará otras dos visitas clave en enero: Davos e Israel.
En su anterior visita al enclave suizo, Milei realizó un planteo llamativo, pero entonces era un novato en los círculos del poder, un outsider sin legisladores suficientes y sin anclaje político territorial. Ni siquiera contaba con un partido político estructurado. Algunos suponían que su mandato sería efímero.
Ahora llega con pergaminos inéditos: superávit fiscal, aprobación de leyes estructurales, y la construcción de un bloque de defensa parlamentaria con más de un tercio de los diputados nacionales, lo que le ha permitido sostener sus decretos de necesidad y urgencia (DNU) y vetar leyes que podían complicar su plan económico.
El riesgo país argentino se ha desplomado y está próximo a niveles que permitirán a los fondos de pensión invertir en bonos y acciones del país. Además, ha logrado acabar con la hiperinflación heredada, y la prestigiosa J P Morgan pronostica una inflación del 25% anual para 2025. Si bien no lo ha publicado oficialmente, sus analistas estiman que la inflación de 2026 podría ser de un solo dígito.
La visita a Israel es coherente con el diseño de política exterior que Milei ya pregonaba antes de asumir la presidencia.
En febrero, Alemania podría dar otra buena noticia tanto a Trump como a Milei: un gobierno de centroderecha reemplazaría a la coalición “semáforo” liderada por el socialdemócrata Olaf Scholz, considerada por muchos como un fracaso.
Los cambios en las expectativas internacionales sobre Argentina son tan optimistas como sorpresivos.