Antropofagia política

Las últimas semanas han dado sobradas muestras de la satisfacción de pulsiones primitivas, especialmente en las filas del oficialismo

Javier Milei junto a diputados del PRO, MID y LLA (Fuente)

En El Porvenir de una ilusión (1927), Sigmund Freud retoma el tema del canibalismo, en el que ya había incursionado en su tan clásico como polémico Totem y Tabu (1913), señalando que la sociedad y la cultura surgen de la renuncia a la satisfacción de tres instintos atávicos con los que nace todo niño: el incesto, el canibalismo y el deseo de matar. Así, la cultura es, para el padre del psicoanálisis moderno, una suerte de lucha permanente por eliminar esos deseos pulsionales.

A la luz de algunos hechos recientes, la dirigencia política argentina, en el marco de lo que seguramente sea uno de los países más psicoanalizados del mundo, parece sucumbir a menudo -al menos en el plano simbólico- a esta pulsión primitiva.

Lo cierto es que esta tendencia a la antropofagia política, que uno podría estar tentado a asimilar a la profunda crisis que atraviesa transversalmente a la dirigencia política tradicional, y que de la mano de la profundización de emociones negativas como la frustración, el hartazgo o la indignación, pareciera haber sido una de las condiciones de posibilidad para el fulgurante ascenso de Milei, hoy parece afectar más al oficialismo que a una oposición que aún no ha logrado reagruparse.

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En este contexto, las últimas semanas han dado sobradas muestras de la satisfacción de estas pulsiones primitivas, que por cierto el propio Milei acostumbra azuzar, en las filas de la Libertad Avanza. El Congreso de la Nación fue, en este sentido, el escenario privilegiado de estas prácticas que, además, se ventilan a cielo abierto.

En la Cámara de Diputados, la sucesión de escándalos derivados de la “visita” de un grupo de legisladores a los genocidas presos en el penal de Ezeiza, culminó con la expulsión de la diputada Lourdes Arrieta, en medio de denuncias cruzadas y chats filtrados a la prensa. Si bien no fue la primera ruptura en el bloque oficialista, que ya había sufrido la “salida” de varios diputados del MID comandados por el otrora jefe de bloque Oscar Zago tras el primer fracaso de la ley ómnibus, en estas últimas semanas llamó la atención la virulencia de los enfrentamientos.

En el Senado de la Nación, donde por estas horas el gobierno se enfrenta a un difícil y polémico proceso para cubrir dos vacantes en la Corte Suprema, el “fuego amigo” se cargó al senador Francisco Paoltroni. Si bien es cierto que el legislador formoseño había quedado “dolido” por el bloqueo de su propis bancada para asumir la Presidencia Provisional que le habían prometido, lo cierto es que su postura abiertamente crítica a la postulación de Lijo acabó por eyectarlo de las filas libertarias.

La ruptura del magro bloque oficialista en la cámara alta no puede leerse, además, sin tener en cuenta la tensa relación que la vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel, mantiene con el “triángulo de hierro” que integran Milei, su hermana Karina y el asesor todoterreno Santiago Caputo. Una relación que si bien ya fue tensa durante la campaña del ballotage y, especialmente, cuando en el contexto de la breve transición se confirmó que el Presidente no le delegaría el manejo ni de defensa ni seguridad, fue escalando hasta niveles que parecieran acercarse a la virtual ruptura.

Consciente de que a diferencia de otros casos, la propia legitimidad de origen de la vice la exime de ser objeto de una purga o expulsión, Villarruel profundiza una agenda propia que, en algunos casos desconcierta al gobierno y, en otros casos, lo incomoda. En el primer grupo se destacan los acercamientos a referentes opositores, siempre justificados desde el entorno de la vicepresidenta apelando al “barniz” institucional y, en el segundo grupo, algunas agendas como la reivindicación de las víctimas del terrorismo guerrillero.

Habrá que seguir de cerca estas conductas en el oficialismo, incluso fuera del Palacio Legislativo, y en el marco de un gobierno que ya se ha fagocitado varios referentes que otrora ostentaban centralidad, como el caso de Nicolás Posse. En este sentido, la atención recaerá no solo el futuro de un desperfilado Guillermo Francos, sino también el derrotero de un Santiago Caputo que choca cada vez más de frente con la hermana del presidente.

Así las cosas, mientras el Gobierno gestiona con poca prestancia la crisis en el seno de sus bloques legislativos, que se agravó con la saga de derrotas legislativas de las última semanas, Mauricio Macri procura recuperar las riendas de la agenda de un PRO que también ha venido practicando algunas pulsiones primitivas, y reagrupar su núcleo duro para intentar cerrar el hasta hoy esquivo acuerdo con el oficialismo.

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