
El Gobierno del presidente Javier Milei partió de una situación marcada por décadas de estancamiento. Con una inflación asfixiante, alineados con los países menos democráticos del mundo, un sistema de salud colapsado y los peores niveles educativos de los últimos años: casi la mitad de los chicos de tercer grado no comprende lo que lee en un país que supo ser faro de calidad en la educación.
Se encontró un Estado que había abandonado sus funciones básicas y generaba un kiosco en cada lugar mientras la casta política disfrutaba de privilegios a expensas de los argentinos. A medida que se iban realizando las auditorías en la Administración Pública Nacional, se dimensionó la verdadera magnitud de la crisis heredada.
Iniciar un objetivo ambicioso siempre implica esfuerzos iniciales. Julio Argentino Roca, el adalid de la consolidación nacional, decía: “Nada grande, estable y duradero se conquista en el mundo cuando se trata de la libertad de los hombres, y de engrandecimiento de los pueblos si no es a costa de supremos esfuerzos y dolorosos sacrificios”. Pero nunca se puso en duda que el camino es el correcto. Se avanzó en la reducción del gasto público, el equilibrio de las cuentas y el saneamiento del Banco Central.
El Presidente está haciendo lo que prometió en campaña, poniendo el jaque el Teorema de Baglini. Hoy la política no puede decidir con la plata de los contribuyentes lo que le parece. Hoy están expuestos: ya no hay margen para el chofer del chofer, las covachas en los ministerios o los millones en pauta para periodistas amigos o en la obra pública.
Nos encontramos en un momento bisagra, haciendo esfuerzos descomunales para lograr un país más libre. Tenemos la oportunidad de cambiar de raíz el modelo que solo genera pobreza e inflación. El cambio cultural que propone el Gobierno es profundo. Apunta a desarmar los privilegios, las lógicas y los gastos superfluos del Estado que están montados sobre el esfuerzo de los argentinos.
Producto de estos cinco meses de trabajo, la Argentina recibió sólo buenas noticias por parte de los mercados: se logró superávit fiscal y comercial. El Riesgo País bajó a 1.326 puntos y, a principios de abril, perforó la barrera de los 1.200 puntos, un hecho que no se alcanzaba desde septiembre de 2020. Pese a la devaluación que algunos pronosticaron, el dólar se mantuvo estable y la inflación está cada vez más cerca de un dígito. Actualmente, el Banco Central cuenta con US$29.358 millones, su mayor nivel de reservas desde fines de junio pasado.
Este modelo vino a devolvernos la libertad, porque sólo una sociedad libre puede progresar; sólo una sociedad que trabaja, produce y exporta puede retomar el camino de la prosperidad. Con la ley de “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” se busca volver a las ideas que hicieron grande a este país.
Se está transitando al pie de la letra el camino delineado para estabilizar la economía y que empiece a despegar. Para eso se gobierna: para volver a hacer de la Argentina una de las grandes naciones del mundo.
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