
No es ciencia ficción, el agua se está agotando, aunque, quizá, aún hay tiempo si hacemos algo al respecto. En los próximos años, los desafíos relacionados con los recursos hídricos serán cada vez más apremiantes. Hace algunos meses, un grupo de científicos ingleses de la Universidad de Reading, alertó sobre la intensificación de los ciclos del agua debido al cambio climático. Es decir, nos enfrentamos a períodos secos y húmedos cada vez más intensos y extensos. Los argentinos ya lo hemos experimentado a través de las distintas sequías, lluvias e inundaciones históricas, como la que padeció la Ciudad de Corrientes hace unas semanas.
Por otro lado, las mayores demandas de una población y una economía global en constante crecimiento dificultarán cada vez más el acceso al agua y al saneamiento para uso doméstico. Esta situación es puesta de manifiesto en un reciente estudio de la Universidad de California publicado por la revista Nature, que advirtió sobre una rápida disminución de las aguas subterráneas a nivel mundial: casi el 30% en los últimos 40 años. La situación es alarmante, si tenemos en cuenta que los acuíferos representan el 99% de toda el agua dulce líquida del planeta, y que hoy están altamente contaminados.
Entre los ejemplos del deterioro de las napas podemos mencionar un reciente informe del Instituto Nacional del Agua (INA - CRAS) que evidenció que la contaminación del Acuífero del Valle del Tulúm en San Juan se habría triplicado en los últimos 35 años. En el caso de Mendoza, solo un 20% de su agua subterránea es utilizable debido a la intrusión salina. Es conocido el caso de la presunta filtración de uranio y nitratos en las aguas subterráneas del acuífero Puelche bajo una buena parte de los partidos de Ezeiza, la Matanza y Esteban Echeverría, que tendría origen en las actividades del Centro Atómico de Ezeiza.
Para revertir esta situación, es necesario diseñar normativas que colaboren en la generación del equilibrio entre las distintas necesidades de uso de nuestras fuentes de agua, incluyendo las aguas subterráneas y también los humedales, que cumplen la función esencial de recargar los acuíferos. Con ese espíritu, he presentado en la Cámara de Diputados de la Nación el proyecto de ley de presupuestos mínimos de protección ambiental para las aguas continentales subterráneas –un expediente histórico impulsado por Elisa Carrió en 2014- y el proyecto de ley de humedales. El objetivo de estas iniciativas parlamentarias es conocer dónde se encuentran y cuáles son las características de cada uno de los acuíferos y humedales del país, estableciendo estándares mínimos de protección para que luego cada provincia deba regular los distintos usos, ejercer los debidos controles y monitoreos, y publicar informes cuando corresponda.
En el caso de la ley de humedales, su aprobación es una deuda pendiente para brindar seguridad jurídica al sector productivo e impulsar la inversión. El proyecto presentado tiene como antecedente una propuesta que impulsé durante mi primer mandato como diputado nacional, que recogía distintos consensos históricos, y que luego reformulamos para presentarlo nuevamente en 2022 junto a la diputada santafesina (M.C.) Ximena García y la firma de 44 diputados de todos los bloques de Juntos Por el Cambio. Esta iniciativa alcanzó un importante consenso ese mismo año, cuando suscribimos un dictamen de mayoría en el plenario de comisiones competentes y cuyo texto estamos reproduciendo en la presentación de este año.
Hoy, en el Día Mundial del Agua, debemos tomar conciencia de que el suministro de agua potable y el desarrollo de actividades económicas esenciales –agricultura e industria- dependen en gran medida del agua dulce que yace bajo tierra. También la salud pública, los sistemas alimentarios y energéticos y la integridad ambiental requieren del buen funcionamiento y la gestión equitativa del ciclo del agua. El lema propuesto por las Naciones Unidas para la conmemoración de este año es “agua para la paz”, entendiendo que el agua puede crear paz o desencadenar conflictos. Cuando escasea o está contaminada, o cuando las personas tienen dificultades de acceso, las tensiones tienden a aumentar. Por eso es necesario cooperar y equilibrar las necesidades relativas al recurso hídrico, a nivel internacional y dentro de nuestro país entre las distintas jurisdicciones.
Inventariar y gestionar de forma adecuada el uso de nuestras fuentes de agua garantiza la sostenibilidad de nuestro sector productivo y el futuro de la salud y el bienestar de la población. Hoy, más que nunca, visibilicemos y cuidemos nuestro recurso más preciado, por la paz, la prosperidad y el futuro de todos los argentinos.
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