
Los argentinos estamos viendo dos series, no en Netflix sino en la pantalla de nuestras vidas cotidianas.
Una lleva años de emisión que no sólo nos obligaban a verla sino que participábamos como extras después de haber elegido mirarla con ilusión al principio del nuevo capítulo y resignación al final.
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El género variaba entre populismo, dictadura, populismo y así transcurrían nuestras vidas. ¿Usted cree que era nuestro ocio?. No, señora o señor. Están totalmente equivocados. Era nuestra realidad en vivo y en directo.
Nuestra “Casa de Papel” llegó en diciembre del 2023 y estos sufridos y abnegados extras dijimos “basta, veamos otro género. Nos habían engañado, mentido , amenazado, secuestrado y asesinado. Nos habían masacrado. Cambiamos por una serie para la gran mayoría silenciosa absolutamente desconocida.
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Y era tal la desesperación de vivir en paz, dignamente y sin miedo, que optamos por una nueva serie cuyo protagonista no era nadie conocido.
Preferimos creerle a un excéntrico que vociferaba y proponía métodos distintos.
Asqueados y con hartazgo de tanta hipocresía nos juntamos todos los “sanos” de este bendito país; pobres, ricos y medio pelo (no confundir con clase media, que hace tiempo ya no existe) y allá fuimos.
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Sin mítines ni convocatoria organizada, nos propulsó el espanto del desenlace de la serie que estábamos viendo: drama sin retorno donde todos los extras íbamos muriendo de a uno. Y allá fuimos rejuntados “sin pelo ni marca”. Sacamos 56% de rating, nunca visto.
Y comenzó la nueva serie libertaria, nombre sin duda atrayente porque a quién no le gusta ser libre, además nuestros hijos, nietos, jóvenes (Divino Tesoro) optaban por verla y la transformaron en su insignia.
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A los extras nos marcaron pautas desde la producción muy rigurosas que debíamos cumplir sin chistar. El cinturón debería ajustarse hasta que nuestro cuerpo fuera una sílfide.
El Presi tiene una relación con sus perros especial. Pensamos: “Si quiere a los animales es buena persona”. Aceptamos que profesara dos religiones y pensamos: “Tiene amplitud de credo, es un distinto”.
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El núcleo de mando, o como les gusta decir ahora “la Mesa Chica, pasó a ser conducida por “El Jefe” y dos personas muy jóvenes desconocidas , “mudas” a quien el presidente los ungió como intocables.
También hay otros pocos con más notoriedad mediática y antecedentes profesionales discutibles . Y dijimos “si”.
Así se llegó al capítulo en el cual el presidente viajo al Muro de los Lamentos. La paradoja fue que lo lamentable fueron los acontecimientos que sucedieron en el Congreso primero y en la vida diaria después.
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Los tironeos sin sentido y el patoterismo ganaron la calle. Los pobres extras, el pueblo, volvió a sufrir paros, manoseos e incertidumbre. Más de lo de siempre. Por ahora, el género de esta serie está encuadrado en una opereta tragicómica pero con un sufrimiento insufrible de los pobres extras que están tocando fondo mal. ¿Qué pasará ?
La moneda está en el aire.
A mi Dios, tengo uno solo, le pido que ilumine al Presidente y a que los protagonistas encuentren un final feliz, al menos ético y educado.
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