Milei vs. “la casta”: una carrera contra la paciencia social

La estrategia comunicacional del Presidente tiene impacto sobre la gobernabilidad, mientras navega entre la polarización y las promesas de cambios

Javier Milei, presidente de Argentina

Javier Milei se encuentra en una carrera contrarreloj frente a la creciente impaciencia social, a pesar de haber estado 77 días al frente del Poder Ejecutivo y aún disfrutar de una considerable popularidad entre la mayoría de la población. Según encuestas recientes, 9 de cada 10 argentinos han ajustado sus gastos. Sin embargo, para aquellos que lo eligieron para liderar el país durante cuatro años, es evidente que el duro ajuste que está experimentando la población, debido al caótico estado que dejó el último gobierno populista, ha obligado a tomar medidas drásticas. Estas medidas, aunque implican sacrificios para el ciudadano común, son necesarias para evitar consecuencias aún más graves para todos según la percepción mayoritaria del electorado.

Como el propio Presidente ha expresado, la diferencia entre locura y genialidad radica en los resultados obtenidos. Por lo tanto, si Milei logra dar un paso adelante, superando los obstáculos actuales, estará en una posición excelente para obtener las mayorías parlamentarias necesarias de cara a las elecciones de 2025, una situación que actualmente lo condiciona. Desde mi punto de vista, aquí es donde se intensifica el discurso presidencial, polarizando con cualquier persona u organización que se interponga en su camino, ya sea una figura pública, llámese, por ejemplo Lali Espósito o Ricardo López Murphy, o toda la clase política en su conjunto como sucede en su enfrentamiento con los Gobernadores. Es importante comprender que el discurso actual de Milei es efectivo en términos de gobernabilidad y es crucial de cara a una nueva elección en 2025.

Pensar en el 2025 puede parecer prematuro en este momento, pero es innegable que los relatos políticos, o lo que podríamos llamar las estrategias más audaces de la política, se construyen y se desmantelan a lo largo del tiempo. Javier Milei es plenamente consciente de este hecho y reconoce que, además de las complejas jugadas que está llevando a cabo en varios frentes, la batalla cultural es una de las más importantes. El lema “no hay plata” está empezando a reemplazar al de la motosierra, como se puede observar en las calles a través de camisetas, tazas y otros souvenirs con esta nueva consigna libertaria (basta con buscar “no hay plata” en cualquier aplicación de compras para encontrar cientos de ítems relacionados). Esto evidencia, en parte, cómo las ideas que Milei representa están consolidándose y difundiéndose, lo cual es crucial en el largo plazo.

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Es importante destacar que no busco analizar si estamos de acuerdo o no con la exageración del discurso como método de comunicación por parte del oficialismo. El objetivo es comprender por qué se elige esta forma de comunicación. La exageración como método de comunicación implica enfatizar ciertos aspectos para transmitir un mensaje de manera más impactante o dramática. Este enfoque puede emplearse en varios contextos, como el arte, la literatura, el discurso público o la interacción interpersonal. También las encuestas de opinión más recientes muestran que la población está polarizada por igual: mientras que para el 50% resultan chocante los “modos” del presidente, el otro 50% lo evalúa favorablemente.

Javier Milei ha demostrado ser un comunicador hábil y efectivo. Por ejemplo, en el debate presidencial mano a mano con Sergio Massa, aunque inicialmente parecía que el candidato de Unión por la Patria había superado al libertario, los resultados finales demostraron lo contrario. Es importante destacar que aquí no se trata de preferencias personales, sino de analizar la base de una situación determinada. En este caso, me enfoco en la forma en que el presidente se comunica, utilizando ampliamente las redes sociales, al mejor estilo de Donald Trump. La recepción que tuvo por parte del Papa Francisco y el tiempo que le dedicó al encuentro son una clara indicación del impacto que Milei tiene en el mundo, más allá de lo que se pueda percibir puertas adentro del debate político nacional.

La afirmación de Javier Milei de que “el Estado es una organización criminal violenta que se beneficia con los impuestos” no debe ser tomada de manera literal, ya que de ser así, se crearía la paradoja de que él mismo preside dicho Estado en la actualidad. Más bien, esto forma parte de la construcción de su identidad política y su lucha contra la élite política establecida. Es precisamente por ello que su mensaje político ha resonado tan fuerte en las elecciones presidenciales. Esta estrategia comunicacional lo aleja de ser considerado el presidente de “todos”, colocándolo en el banquillo de la polarización. Sin embargo, es un costo que decide asumir a cambio de asegurar la gobernabilidad y hacer avanzar su proyecto político libertario con posibilidades reales hacia el 2025. En este punto, la confrontación con los gobernadores resulta beneficiosa para Milei, acelerando la polarización a su favor, especialmente en las provincias donde cuenta con mayor apoyo de la población en general.

Es claro que la exacerbación del presidente Milei, embistiendo duramente contra quienes él considera parte de la casta, como el caso del Gobernador de Chubut, le brinda un importante rédito político actual, dado la propia fragmentación de la clase política, la misma que le sirvió de trampolín y lo llevó a la Presidencia de la Nación. Milei es quien mejor exprime el jugo de la naranja de la fragmentación política. No es que siga en campaña; claramente, la continuidad del relato contra la casta (esto se evidencia en los epítetos contra el Congreso, por ejemplo) se fundamenta en la necesidad de polarizar, dividir y gobernar, pero siempre con un ojo puesto en el 2025.

Otro ejemplo reciente es el del dirigente sindical Omar Maturano (ferroviarios), cuyo torpe paro de esta semana solo ha servido para magnificar la figura del libertario y sus ideales. Maturano parece seguir aferrado a los conceptos de la vieja política, mientras que Milei se ha adaptado a los nuevos tiempos y, sobre todo, a la manera en que el sector más joven de la población percibe el mundo, algo que los dirigentes sindicales suelen pasar por alto debido a su desconocimiento. Los dos millones de ciudadanos afectados por el paro ferroviario representan un respaldo adicional para la causa libertaria. Este fenómeno es lo que los dinosaurios de la casta no logran comprender.

El liderazgo que irradia Javier Milei es, a la vez, contundente y avasallador. Su retórica intelectual sobrepasa con creces la retahíla populista, ya desgastada por el excesivo uso. Cuando Milei se desenvuelve en entrevistas mano a mano, se torna fascinante observar cómo expone el fundamento que demuestra que los males actuales, atribuidos al populismo, son en realidad la funesta consecuencia de años de malos gobiernos previos. Un claro ejemplo de esto fue la magistral explicación que ofreció Milei al periodista Jonathan Viale sobre el cierre del INADI, una obra maestra de la lógica libertaria.

Estimado lector, es hora de acomodarse, alquilar balcones y prepararse para lo que seguramente será un discurso de antología: el del Presidente Milei en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, esta vez frente a los legisladores (y no de espaldas al Congreso como fue en su asunción). Será digno de observar, claro está, con pochoclo en mano. Si recordamos el primer discurso que pronunció Alberto Fernández y el maltrato público que los jueces de la Corte Suprema debieron soportar estoicamente mientras las cámaras de la TV Pública los enfocaban en primer plano, llegaremos a la conclusión de que en esta ocasión será el turno de la “casta”.

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