El final del duelo

La tecnología está cambiando la forma en que vivimos y ahora lo está haciendo con la forma en que morimos

Usando inteligencia artificial, logran que se pueda interactuar con personas fallecidas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La muerte es una dimensión de la vida. El existencialista Heidegger dice que la muerte es el acontecimiento esencial para los humanos y, hasta no hace mucho, la consideramos como el momento de decir adiós a todo. Ya no es necesario aceptar que el recorrido terminó, ni visitar un cementerio, ni esparcir las cenizas del difunto en el mar o en el césped de su club de futbol, según su deseo. Crear una persona virtual y extenderle la vida es posible.

Podrás enviar un mensaje a tu madre fallecida y un “robot fantasma” va a responderte. Una entidad digital impulsada con Inteligencia Artificial alimentada con antiguos intercambios de mensajes, reproduciendo el mismo formato comunicativo, tono y carácter cariñoso, reflexionando sobre recuerdos del pasado y sugiriéndote y recomendando que te cuides.

Si bien imitar el estilo conversacional es solo uno de los muchos usos del popular chatbot generativo ChatGPT, existe una lista creciente de plataformas especializadas que utilizan el machine learning y grandes modelos de lenguaje para recrear la esencia del difunto, su forma de hablar y recuerdos que de tanto en tanto traerá a la conversación bidireccional.

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La “tecnología del duelo” es incipiente, pero llegó. Una larga lista de nuevas empresas se apresta a brindar el servicio: mensajes de texto y WhatsApp con fallecidos a partir de patrones de habla procesados por ChatGPT. Ante la pérdida de un familiar, conversaciones interactivas en video con ellos, avatares, representaciones virtuales a los que podemos enviar mensajes las 24 horas y responderán o largos videos de excelente resolución de los seres queridos fallecidos.

Las aplicaciones de tecnología de duelo ofrecen a los usuarios diferentes suscripciones, “Robots Fantasma” que permiten realizar una breve interacción virtual, intentando facilitar un proceso de despedida. Y, en otros, que nunca tengamos que decir adiós.

Es observable el aspecto ético de esta forma de utilización de la IA. Quiero decir, la muerte es parte de la vida y es natural. La falta de consentimiento del fallecido, los peligros de la dependencia psicológica de los robots y los deepfakes post mortem parecen dar lugar a la fabricación de un individuo reducido a una simulación y atrapado para siempre en el tiempo sin derecho al olvido. Los chatbots y, en este caso, “robot fantasmas”, no tienen conciencia ni identidad. Tampoco vida, recuerdos ni emociones.

Algunos servicios ofrecen juegos de rol erótico, otros permiten seleccionar a detalle diferentes rasgos de personalidad y actualizar su centro biológico con una fecha de nacimiento y país de origen, profesión, etc. En China, algunas casas funerarias transmiten en los velatorios avatares realistas del difunto en grandes pantallas LED gigantes utilizando tecnología como ChatGPT y Midjourney para imitar la voz, la apariencia y reproducir los recuerdos de la persona. Las compañías dicen que esto ayuda a sus seres queridos a revivir recuerdos y despedirse.

La representación de fallecidos en formato de personas digitales interactivas bidireccionales, que pueden respondernos o interactuar con nosotros (particularmente, utilizando plataformas como ChatGPT) podrían ser utilizadas para manipular a terceros o hacerse pasar por cualquier persona sin su consentimiento. Es difícil sostener y formalizar que los difuntos dieran su consentimiento para que se utilice su contenido digital. Parecería estar en un limbo legal y, además, podría implicar otros riesgos que las leyes y la jurisprudencia no consideran por el momento.

Desde el punto de vista ético, los beneficios del usuario no deberían estar por encima de los derechos de los muertos. La tecnología está cambiando la forma en que vivimos y cómo transitamos el dolor. Ahora también lo está haciendo con la forma en que morimos.

Nacemos para morir. Sin embargo, no hacemos otra cosa que intentar trascender esta realidad. Ya sea que nos sorprendan los recuerdos de Facebook o escuchemos repetidamente viejos mensajes de voz en nuestro WhatsApp de alguien que falleció, nuestros teléfonos, y todo lo que tramitamos a través de ellos, construyeron una vida digital de la cual podemos extraer la esencia de las personas que extrañamos.

Nuestra percepción de la pérdida, atravesada por un vivido realismo tecnológico, muy probablemente se tornará más compleja a medida que los fantasmas del pasado, ahora en formato digital, se confundan con el presente.

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