Feminista en falta: Barbie, Ken y una buena excusa para no hablar del mundo real

Se conocieron las nominaciones a los Oscars y, para sorpresa mundial, si bien la película de Greta Gerwig fue seleccionada, la Academia omitió nominar a la directora y a su protagonista y productora, Margot Robbie. En cambio sí fue nominado Ryan Gosling como actor de reparto. ¿Hay algo original para decir sobre esto? Importa poco si al menos nos mantiene en Barbieland

Margot Robbie y Ryan Gosling en una escena de Barbie. Ella y la directora Greta Gerwig no fueron nominadas en los Oscar. Gosling y la película, en cambio, sí (WARNER BROS.)

Estoy tratando de encontrar algo original para decir sobre lo de Barbie y Ken. Anteayer se conocieron las nominaciones a los Oscars y, para sorpresa mundial, aunque la parábola de Greta Gerwig fue seleccionada en la categoría Mejor Película –y recaudó el récord de más de US$1400 millones–, la Academia omitió nominar a la directora y a su protagonista y productora, Margot Robbie. En lugar de eso, y en un giro que parece una extensión del guión de Gerwig y Noah Baumbach, el que sí competirá como Mejor Actor de Reparto es Ryan Gosling por su interpretación de Ken, el eterno y platinado novio de Barbie.

La prensa especializada habla de esnobeo, los espectadores (incluida Hillary Clinton, “Aunque puede doler ganar la taquilla pero no llevarse el oro, sus millones de fans las amamos”, les escribió en X a Robbie y Gerwig) dicen –repiten hace dos días en las redes, entre la sorpresa y los memes– que lo que ocurrió con los Oscars sólo prueba el argumento de la película de Gerwig: las chicas con oportunidades y padres amorosos crecemos en una burbuja rosa y perfecta hasta que la realidad nos sorprende, no siempre podés ser todo lo que querés en un mundo dominado por los varones.

Gosling, aliado indiscutible –un tipo que le agradeció a su mujer y a sus hijas por coachearlo para su papel–, difundió un comunicado a las pocas horas de conocerse las nominaciones. Dijo estar honrado por el reconocimiento de su trabajo como muñeco plástico, pero más que decepcionado por el ninguneo de las dos responsables de “una película que hizo historia y fue celebrada internacionalmente”: “No hay Ken sin Barbie, y no hay película de Barbie sin Greta Gerwig y Margot Robbie”.

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Ryan Gosling y Margot Robbie, con la directora Greta Gerwig en pleno rodaje de Barbie (Jaap Buitendijk/Warner Bros. Pictures vía AP)

Su mujer, Eva Mendes, hizo a su vez su propia declaración para defenderlo a él del odio, la vergüenza y la ridiculización que toleró al asumir el papel. No está mal que lo hayan hecho –ni Mendes, ni Gosling–, pero el remate se cuenta solo: la noticia termina siendo el chico plástico, qué amoroso, pobrecito, y qué merecido su premio. En el mundo real, al revés que en la película (donde los Ken sólo tienen sentido en función de las Barbie), a veces alcanza con ser hombre (o “Kenough”, como reza el juego de palabras que se imprimió en miles de remeras desde el estreno del film en julio último).

Una nota de Kyle Buchanan en The New York Times sostiene que la omisión en los Oscars no se trata sólo de sexismo: la directora de Anatomía de una caída, Justine Triet, sí fue nominada y por primera vez en la historia hay tres películas –la de Triet, Barbie, y Vidas Pasadas, de Celine Song– dirigidas por mujeres entre las siete elegidas (no hay paridad, pero casi) para competir por el mayor galardón de la noche. Pero sobre Barbie pesa un doble sesgo: la Academia suele ignorar a las comedias y más a una hecha por mujeres donde la protagonista es una muñeca articulada.

Buchanan explica que mientras para la categoría Mejor Película votan los 9500 miembros de la Academia, son sólo 587 los que eligen directores y, de esos votantes, apenas un cuarto son mujeres. Casi como en los cuarteles generales de Mattel, dirán los que vieron la comedia de Gerwig. En todo caso, para Buchanan, la también directora de Lady Bird (2017) y Mujercitas (2019) tiene luego de la polémica muchas más chances de quedarse (junto a su marido, Baumbach) con la estatuilla por el Mejor Guión Adaptado, casi como premio consuelo. Tal vez lo peor sea eso: si finalmente gana, dirán que fue precisamente por llorar el esnobeo. Pero, como canta Shakira, las mujeres ya no lloran, y Gerwig facturó mucho más que lo suficiente por su película: fue la más taquillera del año (y de la historia de Warner) y el tercer título original en lograrlo en todo el siglo, además de Avatar (2009) y Frozen (2013). Eso es bastante más que un premio consuelo.

Margot Robbie en el papel que la consagró: Barbie

No es tanto lo que pueda decirse: al final Barbie y Ken son una metáfora muy perfecta de las desigualdades que persisten incluso para las más privilegiadas (y estereotípicas) y eso no tiene nada de nuevo. ¿Por qué entonces elijo hablar de esto, de la pareja plástica más famosa de Occidente y del machismo de la industria? Tal vez porque es más cómodo pensar en Barbieland o en Hollywood que en la realidad, o porque en cuarenta días las mujeres en la Argentina pasamos de acostumbrarnos a que nos usaran para posar de aliados como Ken (y como Ryan), a que nos declaren abiertamente la guerra, y las periodistas (en especial las feministas) surfeamos para decir las cosas, en medio de un clima de persecución abierta y sistemática.

Cada vez son más las mujeres que evitan opinar o directamente cierran sus perfiles públicos para preservarse de la virtual cacería de brujas. Las que todavía pretenden decir algo son atacadas (y silenciadas) con saña. Por ser mujeres y pretender decir cosas. Por el sólo hecho de ser mujeres. Ni más ni menos. Por creer que pueden seguir diciendo como si esto fuera la tierra de Barbie.

Si la intención es no exponernos, volar bajito y rogar que esta fiebre pase sin arrasar con todos los espacios que conseguimos con esfuerzo, no nos queda mucho más que pensar en muñecas, volver a Barbieland, aplaudir a Ken por sus logros en el mundo real, y tratar de no poner nunca los pies en la tierra. No será original, pero con suerte sí un poco más seguro.

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