¿Qué va a pasar con las políticas de género y diversidades?

El gobierno plantea responsabilidad individual sin considerar el contexto social para decisiones de mujeres y LGTBIQ+

Compartir
Compartir articulo
Clima social y político está afectado por la resistencia a cuestionamientos de género (Foto: Matias Chiofalo - Europa Press)
Clima social y político está afectado por la resistencia a cuestionamientos de género (Foto: Matias Chiofalo - Europa Press)

La asunción del nuevo presidente, Javier Milei, no solo trajo consigo la supresión del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades, sino también una profunda incertidumbre en relación con la continuidad y el abordaje de las políticas públicas en esta materia. Es que los cambios promovidos por la nueva administración nacional no sólo se inscriben en una reformulación del organigrama estatal, sino también en una concepción profunda respecto de las problemáticas que afectan a las mujeres y la población LGTBIQ+, y sobre el alcance de incorporar una mirada de género que permita subvertir las desigualdades y las violencias que tienen origen en los modelos sociales de género. Una pequeña y representativa muestra de ello es la negativa del nuevo mandatario, expresada ya durante la campaña electoral, en reconocer la brecha salarial que existe entre mujeres y varones en el ámbito privado que, conforme diversas investigaciones, ronda el 30% en nuestro país.

Pese a la reiteración de la proclama libertaria de respetar los diversos planes de vida que cada una de las personas escoja para sí, diferentes integrantes del nuevo gobierno se manifestaron en contra de muchos de los derechos alcanzados en los últimos tiempos, que no pertenecen a ninguna bandera partidaria, sino que son el resultado de la lucha de los movimientos feministas y de la disidencia y la diversidad sexual. Entre ellos, el matrimonio igualitario y la ley de despenalización del aborto. Esta contradicción en el discurso se acompaña de una mirada perversa en torno a las responsabilidades estatales para, precisamente, garantizar dichos planes de vida. Es que la posibilidad que tienen (particularmente) las mujeres y la población LGTBIQ+ de decidir con libertad sobre su propia vida, depende en gran medida de las acciones colectivas y las políticas públicas que se desarrollen para combatir las violencias y las desigualdades que las afectan. Las razones estructurales que condicionan su propia existencia no se resuelven conforme las leyes del mercado. Es necesario que el Estado intervenga con políticas activas para prevenir, sancionar y erradicar estas violencias y desigualdades.

La propuesta de Milei sobre diversos aspectos, en torno a que cada persona debe hacerse responsable de las decisiones que toma, no tiene en consideración las condiciones de posibilidad en las que dichas decisiones tienen lugar. Esto se vuelve una cuestión central en el campo de los temas de género, que son el resultado de la sedimentación de prácticas sociales construidas a lo largo de la historia, que condicionan fuertemente, incluso, hasta nuestra propia subjetividad. ¿Cómo podría resolver el mercado el número creciente de femicidios? ¿Son las leyes de la oferta y la demanda capaces de reducir los hechos de violencia que padecen las personas LGTBIQ+ por visibilizar una orientación sexual y/o su identidad de género no hetero-cis-normativa? ¿Y para prevenir el embarazo adolescente? ¿O la injusta distribución de las tareas de cuidado en el hogar?

El discurso electoral de la Libertad Avanza se inscribió en un clima social de profundo enojo y fastidio respecto de las soluciones ensayadas por el sistema político para dar respuesta a las necesidades sociales. Pero, también, caló hondo en amplios sectores de la sociedad que poseen un profundo malestar debido a la interpelación y los cuestionamientos que la mirada de género supone respecto de sus concepciones, valores y prácticas. Entre estos, muchos varones que ven en las proclamas feministas una amenaza para sus posiciones de privilegio o que, simplemente, se resisten o reconocen desconcertados frente a la necesidad de re-definir las pautas hegemónicas de la masculinidad.

En este escenario, es incluso mucho más probable que ganan más espacio consignas aún más recalcitrantes y restrictivas de derechos, como acontece en otros puntos del planeta. Entre éstos, el fortalecimiento de los movimientos de extrema derecha como Hazte Oír o el Yunque en España o las cada vez más comunes manifestaciones del TERF (Trans-Exclusionary Radical Feminist), las mujeres que se dicen feministas y reniegan de la incorporación en dicho colectivo de las personas trans.

Pero, en el entendimiento de este clima social, también hay que reconocer la responsabilidad que nos cabe a quienes hemos trabajado activamente para la instalación de estas agendas. En particular, para aquellas personas que, en los últimos años, hemos ocupado diferentes espacios de gestión y responsabilidad pública en diversos ámbitos estatales y académicos. Las agendas feministas y de la diversidad no quedaron fuera de la “grieta” que monopolizó el escenario político y social de nuestro país en las últimas décadas. Las iniciativas y reclamos impulsados se tiñeron de sesgos partidarios que socavaron su legitimidad, impidiendo la interpelación de sectores más amplios y alejados del micromundo. La falta de generosidad, apertura a la pluralidad, así como también la mezquindad y el privilegio de intereses sectarios fueron moneda corriente entre las prácticas de quienes ocupamos espacios de toma de decisiones. En definitiva, perdimos enormes oportunidades escribiendo y dialogando en y para nosotros/as mismos/as, descuidando el contenido de las banderas de nuestra lucha.

Esto es una cuestión central para recoger y re-pensar frente al panorama que tenemos por delante. Es necesario cultivar una práctica feminista genuina entre quienes abogamos por una fuerte agenda que reconozca lo derechos de las mujeres y de las diversidades, poniendo de manifiesto y respetando nuestras diferencias y pluralidades.

Frente a la propuesta de la individualidad y la des-responsabilización estatal y el riesgo del fortalecimiento de propuestas de extrema derecha, es necesario oponer un campo social más amplio y plural, que ponga énfasis en la narrativa de los derechos humanos. En la necesidad de construir y habitar colectivamente una sociedad más justa e igualitaria, desandando los obstáculos estructurales a los que el mercado no puede hacer frente por sí solo. Es tiempo de aprender de nuestros errores, para ensayar una alternativa que impida desandar las conquistas alcanzadas y seguir construyendo el camino de la igualdad.