La resistencia del Congreso estadounidense para destinar 106 mil millones de dólares a la asistencia militar a países aliados, pone en el centro la discusión del fracaso de la contraofensiva ucraniana. De dicha cifra, más de la mitad (sesenta y un mil millones de dólares) está destinada a Ucrania, cuyo gobierno lo reclama como algo vital para no perder la guerra.
Pese a que Volodimir Zelensky habló el 12 de diciembre ante los legisladores para solicitar la aprobación que se demora, no logró su objetivo, al menos todavía. El nuevo presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, alineado firmemente con Trump, es un obstáculo relevante para la aprobación. Un mes atrás, en un largo reportaje a The Economist, el jefe de las fuerzas militares ucranianas, el general Valeri Zaluzhny, sostuvo que la guerra había entrado en un punto muerto, reconociendo que la contraofensiva no había alcanzado sus resultados.
El presidente criticó esta afirmación y se profundizaron así sus diferencias con el jefe militar, que pueden llegar a lo político. Es que este general aparece como un líder político potencial frente a Zelensky. Ambos han reconocido el cansancio y la fatiga cuando el 24 de diciembre se cumplirán veintidós meses de la invasión rusa. Hace más de un año atrás, el 10 de noviembre de 2022, públicamente el entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, el general Mark Milley, sostuvo que la guerra no podía definirse en el terreno, por lo cual era imperioso sentarse a negociar. A mediados de 2023 anticipó que la contraofensiva no iba a servir para definir la guerra. Al mes siguiente, el extinto Henry Kissinger publicó en The Spectator una “hoja de ruta” para dar una solución diplomática al conflicto. Ninguna de estas dos últimas opiniones fue tenida en cuenta un año atrás.
El pedido de Biden también incluye 14 mil millones de dólares para asistir a las fuerzas israelíes en su campaña en Gaza contra Hamas. El apoyo estadounidense hacia la causa israelí empieza a mostrar fisuras. Pocas horas después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reconociera “desacuerdos” con Estados Unidos sobre el día después de su victoria en la Franja de Gaza, Biden dejó en claro que las “profundas diferencias” ya existen ahora, al punto de subrayar que Israel está perdiendo apoyo por los bombardeos al enclave y opinar que debería cambiar su coalición de gobierno. En un evento para recaudar fondos para la causa israelí, el presidente estadounidense dijo que el de Netanyahu es “el gobierno más conservador de la historia” y lamentó que no acepte “una solución de dos estados”. Por eso, Biden dijo que el primer ministro israelí debería “cambiar su coalición” para poder asumir una posición más conciliadora. Los cálculos palestinos arrojan que más de dieciocho mil civiles han muerto y cincuenta mil han sido heridos, la mitad de los casi setenta mil son niños.
Como sucede en Ucrania, a Israel le empieza a faltar munición y Estados Unidos le acaba de proporcionar para los tanques. El presidente estadounidense empieza a ver el conflicto de Gaza como un problema para su reelección, frente a la cual hoy se encuentra varios puntos por debajo de Trump. Los republicanos muestran un apoyo a la causa israelí, mientras que toman distancia de Ucrania. Pero esto no garantiza una aprobación fácil al pedido de Biden.
Dicho pedido también incluye 7 mil millones de dólares para la asistencia militar de Taiwán, cuya autonomía de China tiene la garantía de seguridad de Washington. Este conflicto sigue siendo potencialmente el más importante porque enfrentaría militarmente a las dos potencias globales más importantes. Los ejercicios militares en torno a la isla se repiten cada vez con más frecuencia, generando cada vez mayores tensiones en el ámbito aéreo.
Pero a la vez, se extienden regionalmente. Corea del Norte ha lanzado satélites de inteligencia, desconociendo acuerdos previos y ello genera preocupación tanto en Japón como en Corea del Sur. En el Mar Meridional de China, los incidentes navales menores entre buques de Beijing y de Manila se vienen reiterando en los últimos meses. Ello preocupa a otros países que también tienen diferencias limítrofes en dicho mar, como Vietnam.
El nuevo Jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el general de la Fuerza Aérea Charles Brown, fue previamente comandante aéreo del Pacífico, previsto como el eventual teatro de operaciones más peligroso en el mediano y largo plazo. No sólo la asistencia militar estadounidense es vital para Taiwán en ese plano, sino que ante todo lo son las señales de que Estados Unidos intervendría militarmente si China intentara hacer efectivo su reclamo de soberanía por medios militares. Este conflicto no tiene la inmediatez de los de Ucrania o Gaza, pero para Estados Unidos, y en particular para Biden, es prioritario en el mediano y largo plazo. En 2010, cuando era vicepresidente de Barack Obama y concurrió a una cumbre bilateral en Beijing, Biden dijo públicamente: “Estados Unidos es y seguirá siendo la potencia del Pacífico”.
Pero también el pedido de fondos contempla 13 mil millones de dólares para asegurar la frontera con México, por la cual se incrementa la inmigración ilegal y el tráfico de drogas, especialmente de fentanilo. Esta droga es un problema real y se ha constituído en la primera causa de muerte por narcóticos en territorio estadounidense. Fue uno de los puntos que Biden llevó a la última cumbre bilateral con Xi, realizada en paralelo a la reunión de la APEC, proponiendo el primero una acción conjunta contra su tráfico.
En cuanto al aumento de la inmigración ilegal, preocupa a la población estadounidense en su conjunto, pero más a los votantes republicanos. Biden es consciente de que una postura progresista le hace perder votos frente a la elección y por eso endurece su posición. Pero al mismo tiempo, la introducción del tema en este pedido de ampliación de fondos apunta a sortear la resistencia republicana, lo que hasta ahora no ha sido posible. La inclusión de los fondos para asegurar la frontera con México es claramente para el gobierno estadounidense un problema de seguridad nacional, como lo son Taiwán por China, Ucrania por Rusia y Gaza por el terrorismo islámico. Los restantes 11 mil millones de dólares son partidas menores destinadas a países “aliados” en distintas partes del mundo.
Pero el 14 de diciembre, el Congreso estadounidense aprobó el Presupuesto de Defensa para 2024, por un monto de 886 mil millones de dólares. Fue aprobado en la Cámara de Representantes por trescientos diez votos a favor y sólo dieciocho en contra. Esta Cámara es controlada por los republicanos. En el Senado, controlado por los demócratas, tuvo el respaldo de ochenta y siete senadores y el rechazo de sólo trece. En este caso, el Congreso estadounidense mostró una actitud muy distinta a la reticencia que muestra frente a la asistencia a los aliados, aunque la cifra es un octavo de la del presupuesto recientemente aprobado.