“Milei en estado de gracia, Zelenski...”, el fuck you de Cristina

Una asunción con la efusividad de los liberales, el descontento kirchnerista y el apoyo del exterior

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La vicepresidente saliente Cristina Kirchner y el presidente entrante Javier Milei durante la ceremonia de traspaso del mando
La vicepresidente saliente Cristina Kirchner y el presidente entrante Javier Milei durante la ceremonia de traspaso del mando

Todo pasó a gran velocidad. Javier Milei, quien inició con las visitas a los canales de televisión, -la presencia garpaba, como suele decirse-, se producía una atención grande que, tal vez, el gobierno que iba a ser derrotado con unos números que no se veían desde Perón al volver al país sin ganas: Para Tata Yofre, buen desencriptador de mensajes claves, subió al avión sin desearlo y bajo presión norteamericana como tapón contra la Unión Soviética. Visto de ese modo, en el paisaje posible de que Hispanoamérica se convirtiera en una inmensa Cuba, el golpe y la tremenda dictadura del 76 estaban cantados.

Volvamos a Milei, el presidente, centro de un cambio de piel en plazos que, en el idioma de la historia, se produjo en los segundos que toma pasar la página en una libro. Dos catalizadores se reunieron en la experiencia histórica: el valor y la belleza de la palabra libertad (”Y el poder de la palabra/vuelvo a vivir/nací para conocerte/para cantarte/Libertad”, le prestamos un rato al poema de Eluard), y la fetidez insufrible del peronismo setentista en sus horas finales, en dispersión, obeso de corrupción, productor de pobreza y de secta delirante capaz de triturar el idioma, con chicos que no pueden leer ni escribir ni hacer operaciones elementales, con una pandemia que quiso resolverse con jaulas sin evitar los muertos, la enajenación, las enfermedades mentales, los abusos, la delación del vecino sin piedad, la combinación estremecedora de ambición, psicopatía, estupidez y desprecio, la destrucción de la economía.

Entonces Milei, el que no podía ser. El traspaso del poder produjo un hecho que muy pocas veces se registra: un cambio aceptado y aliviado aún en el conocimiento de que era necesario pasar tiempos muy duros para equilibrar un país en ruinas y -se verá- levantarlo y echarlo a andar , no solo en el ordenamiento económico sino también en la expectativa visible y aprobatoria.

No hay plata

El "Plan Platita" que impuso Sergio Massa
El "Plan Platita" que impuso Sergio Massa

La vergüenza de los planes platita que hicieron de la acción política un horizonte prostibulario para retener el poder de cualquier manera, porque el poder era la razón de todo, el objetivo desnudo, el enriquecimiento a la vista como el de un exhibicionista en una plaza.

Vino a resultar que una gran cantidad de argentinos se enamoró y repudió al mismo tiempo. Con una frontalidad que desterró la idea y la tradición liberal como ideas envenenadas: es la velocidad nuevamente lo asombroso.

¿Hartazgo? ¿Fracaso como triunfo hasta que al régimen se le vio el plumero y se le vieron los colmillos? ¿La criminalidad sin freno, sangriento, lindos y apacibles suburbanos transformados en basurales, miedo, zanjas como lo que son -cloacas a cielo abierto-, sin agua, con ataques sexuales, narcotráfico endémico? ¿O se llegó por fin a la ofenda de advertir el modo en que circulan miles de millones para todo presupuesto, sueldos gigantes, concursos inventados para que siempre ganara el caballo del comisario con otro pelaje?

“Si la vergüenza se pierde / jamás de vuelve a encontrar”. Fierro aconseja a sus hijos, quizás en vano: en la Argentina son mucho más populares los del viejo Vizcacha. No vamos a caretear nuestro talante, no sería honesto: “Hacete amigo del juez.” Por afano aquí somos más Vizcacha que Martín Fierro a la vuelta de todo, sin furor. Es posible que, sin embargo, esos modos muy metidos en la mente y la relación de unos con otros pueden modificarse. Sería un elemento necesario. Esos momentos, ese click.

Zelenski

El presidente electo de Argentina Javier Milei (der.) saluda al presidenta de Ucrania, Volodímir Zelenski, hoy luego de juramentar como nuevo presidente en el Congreso de la Nación en Buenos Aires (Argentina)
El presidente electo de Argentina Javier Milei (der.) saluda al presidenta de Ucrania, Volodímir Zelenski, hoy luego de juramentar como nuevo presidente en el Congreso de la Nación en Buenos Aires (Argentina)

La llegada de Volodimir Zelenski es un hecho que ha recorrido el planeta completo. El presidente ucraniano en guerra por la invasión rusa, un outsider -en medida importante el mismo Milei- tiene un significado extraordinario. No habrá de ser casual que los presidentes hablaron en la ceremonia y sus prólogos muchos minutos, con abrazo, a los ojos. Se verifica la dirección exterior en la que trabaja hace bastante Diana Mondino: Occidente. Putin encabeza un eje trazado para borrar el liderazgo de los Estados Unidos. “Nosotros no tenemos que seguir la manera de obrar y vivir de los americanos. Somos distintos y somos fuertes.”

Uno supone que de todos modos las relaciones exteriores no se pronunciarán por un esquema de buenos y malos, sino de nuestros intereses y oportunidades. Solo que no habrá ningún alineamiento político con Venezuela, con Nicaragua, con Irán, que es otra cosa. Como fue la reunión interreligiosa para orar por la nueva etapa: el mundo regresa a la religión después de la fe científica, que de todos modos, supongo, no se pondrá a un lado.

Cristina (Kirchner) cumplió con la Constitución al entregar atributos con bagaje y mudanza, no sin levantar mano y dedo en un fuck you: con las botas puestas. Buen título para una novela político de vencedores y en retiro, no vencidos porque las minorías deben ser respetados y en el Congreso tendrán peso.

Cristina Kirchner en su entrada al Congreso
Cristina Kirchner en su entrada al Congreso

A tirar del carro. Vermú con papas fritas y good show.