Kissinger: “Los latinoamericanos son como adolescentes”

En un encuentro en 2016, el ex secretario de Estado norteaméricano había expresado una particular mirada sobre el país: “Cuando fracasan sus teorías y sus doctrinas, tiene que salir todo el mundo a rescatarlos”

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Una imagen de Henry Kissinger en 2014. (Marvin Joseph/The Washington Post)
Una imagen de Henry Kissinger en 2014. (Marvin Joseph/The Washington Post)

Durante el año 2016, tuve la fortuna de conocer y conversar con el ex secretario de Estado y ex consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Henry Kissinger, quién falleció ayer dejando un legado imborrable en la historia de la política exterior y las relaciones internacionales.

Inmediatamente la semana siguiente al triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, se organizaba una reunión del Board del Center for Strategic International Studies (CSIS), en Nueva York, en el Hotel Grand Hyatt de la Avenida 57. Allí, durante toda una mañana, Henry Kissinger exponía frente a los sponsors y directores del CSIS, CEOs de multinacionales muy importantes, un donante griego, armador griego, naviero muy importante, entre otros. Fui invitado porque había escrito la biografía del Papa Francisco, entonces valoraban esa visión, mi entendimiento sobre el pensamiento del Papa (para hacer un brainstorming).

Kissinger, nos dijo cuando nos recibió: “Muy interesante hablar con ustedes a pocos días de haberse ratificado quién es el hombre más poderoso de la Tierra.” Y todos dijimos: “¿Donald Trump, el presidente electo?”, a lo que Kissinger responde: “No, Vladimir Vladimirovich Putin”, y ahí explicó por qué Putin se iba a transformar en una persona muy poderosa, porque había logrado con sus idas y venidas, sus intrigas, sus fake news, sus estrategias muy propias de los servicios rusos ex soviéticos, lograr las discusiones necesarias en la opinión pública norteamericana y consagrar como presidente a alguien impensado hasta hace poco (el caso de Trump), algo que según él, a la estrategia global de Rusia le servía; que las democracias occidentales se polarizaran de esa manera.

Hablamos región por región y recuerdo que al final, después de varias horas, yo levanto la mano y le pregunto: “Dr. Kissinger, usted ha pasado casi dos horas explicando sobre el mundo y casi no ha tenido mención alguna de mi región, de América Latina. ”Él sabía que yo era argentino, porque me habían presentado y me preguntó bastante sobre el pensamiento del Papa. Entonces, respecto a mi intervención, me responde: “Ustedes los latinoamericanos no son realmente serios como para tenerlos en cuenta, sobre todo la Argentina. Argentina es un país fantástico, yo lo conozco mucho, fui varias veces, tiene la mejor carne del mundo, las mujeres son bellísimas, los paisajes impresionantes, pero ustedes proclaman teorías y doctrinas de las que después no se hacen cargo. Cuando fracasan sus teorías y sus doctrinas, tiene que salir todo el mundo a rescatarlos y ayudarlos con las instituciones financieras internacionales, en forma bilateral, etcétera. Son unos adolescentes a nivel geoestratégico”.

Y profundizó: “A diferencia de lo que sucede allí en América Latina, cuando en otras partes del mundo se elaboraban teorías o doctrinas que alteraban el orden mundial, si después fracasaban se hacían cargo. Yo vengo de un país, Alemania, que se hizo cargo. Japón se hizo cargo de sus aventuras, España también después de la guerra civil, los Estados Unidos para ser potencia mundial sacrificó y mucho. Ustedes son unos irresponsables que tiran ideas sueltas sin casi probarlas, las ponen en práctica a veces o las exportan generalmente”.

Luego de esa dura reflexión sobre América Latina (pero realista), llegó el break y yo salí a conversar con él. Hablamos un rato largo sobre cómo Francisco había sido elegido Papa y sobre los planes de Francisco con China, que se están cumpliendo. Es decir, yo le expliqué en ese momento que nos confundíamos si entendíamos que el Papa Francisco se iba a meter demasiado en la política local argentina o en la política de cada lugar, que en realidad su mandato era mucho más de largo plazo, ya que era la continuación de la tarea inconclusa de los Jesuitas en Oriente cuando en el siglo XVI, con Mateo Ricci, estuvieron a punto de convertir al emperador chino al catolicismo. Esa tarea quedó inconclusa y ahora un Papa Jesuita, el primero de la historia, ha firmado un concordato con el régimen chino por el cual casi la iglesia católica se transforma en la única religión oficial tolerada por el régimen de partido único que gobierna en Beijing.

Geopolitica y latinoamerica, el Papa argentino, Kissinger, una inolvidable mañana del año 2016 en Nueva York y muy cerca del Central Park.