El Papa y la deuda social impaga de las cárceles

Cuáles son las características de los centros de detención, asistencia y rehabilitación para personas condenadas a penas de prisión (APACs) creados por el abogado católico Mario Ottoboni

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Papa Francisco
Papa Francisco

A mi hermano Darío Aranda que desde hace 18 años todas las semanas visita y asiste a jóvenes presos en las cárceles de Ezeiza y Marcos Paz quienes le dicen “el troesma de la autoestima y el perdón”.

Fraternalmente en memoria de Hernán Toro Gómez, colombiano y Aguinaudo, carioca, de quienes mucho aprendí, presos en el Centro de detención La Polinter de Río de Janeiro.

En medio de la crisis que afectaba al mundo por la pandemia el Papa Francisco inauguró la denominada Universidad del sentido. A dos años y cinco meses de aquella instalación del sentido como tema central de la cultura, los argentinos cumplimos 40 años de la Nueva democracia eligiendo un nuevo presidente por cuatro años que tiene cuatro propósitos: terminar con la inflación, equilibrar los ingresos sacrificando el gasto que insume la presunta “casta” política, reducir el Estado nacional privatizando todo aquello que se pueda privatizar y cambiar la moneda nacional por el signo monetario de los Estados Unidos.

Esto sucede en el marco de una democracia oscurecida por la crisis producida por el anonimato del poder reducido a la técnica económica y al proceso inflacionario. Proceso entre otras cosas causado -según los economistas- por la irrefrenable y nociva acción del Banco Central de emitir -cada vez que el Ejecutivo le demanda- más moneda. Como ya sabemos los argentinos. Aumenta la cantidad de dinero, aumenta la inflación, se incrementan los precios y los salarios, a lo que se suma el descontrol de la velocidad del dinero que aumenta la temperatura del sistema. En el campo social aumenta la pobreza y esta aumenta el gasto asistencial, los subsidios al tren y al colectivo y así no cierran las cuentas; el déficit del Estado conduce a la contracción de una exorbitante deuda interna y externa y la crisis económica, financiera y social se traduce en crisis política.

La crisis política

“El ciudadano-televidente” medio -en nuestra democracia pueden votar hasta los menores de 16 años- vota empujado por estos sujetos “anónimos” y “objetivos”, generalmente malintencionados, ignorando verdaderamente por qué vota. Y así ganaron los que ganaron y como en el fútbol esas son las reglas del juego y se acabó.

La escucha del mensaje del pueblo

¿Saben quienes se harán cargo de escuchar -descifrar- el mensaje del pueblo?

Para los economistas de la Business School del Cerrito o de Obras Sanitarias hay que escuchar “la voz del mercado” y dejar que este -cual pájaro herido- cante libremente aunque sea desafinando. Es poner el destino de los argentinos en las antípodas de la responsabilidad personal, al fin y al cabo, en nuestra democracia por medio de las manipulaciones se licuó la responsabilidad personal con lo cual se licúan también los valores del bien y del mal. Lo único que vale es la ciencia, la tecnología y la utilidad.

“De las entrañas del Norte traigo mi canto dolido…Igual que pájaro herido ya no me consuelo con cantar…Ahora quiero dominar, ahora quiero dominar…”

¿Cuál es la verdad que expresa el pueblo? ¿Cuál es el verdadero sentido que tiene el término “libertad” del voto mayoritario del pueblo? ¿Hasta dónde es liberación y hasta dónde libertad sin límites de los que ya son materialmente libres? Eso no importa, tan solo importa el resultado.

El voto mayoritario fue una clara manifestación de rechazo de una conducción corrupta y errática. Está claro. Tan corrupta y tan errática que el modelo alternativo no se entendió pero se celebró. Y para celebrarlo no hacía falta que se lo comprendiera, como no hace falta que se comprenda el sentido de las letras de Roger Waters para celebrar su espectáculo en la cancha de River.

El pueblo todavia no sabe y nosotros tampoco lo sabemos, cuáles serán las consecuencias del ajuste de Milei a partir de diciembre, mes de su asuncion, y cómo serán las privatizaciones y la disposicion del patrimonio nacional. El pueblo votó pero no sabemos a qué atenernos.

El noventa por ciento no entiende y muy pocos creen entender que llegará el día del mesíanico derrame cuando la mano invisible de la marea inunde los rancheríos.

¿Qué tiene que ver las elecciones con la falta de cárceles?

Los regímenes democráticos necesitan cárceles porque aún viviendo armoniosamente y en paz, hay crímenes. Pero el totalitarismo del capitalismo liberal al igual que el totalitarismo comunista u otra clase de totalitarismos generan rebelión y como en pandemia “arde la sangre”.

En medio de la crisis que provoca el escenario actual de mayor exclusión y pobreza es previsible que se genere un aumento del odio y el odio genere violencia. La violencia -según lo anunciado- se contestará con la represión estatal, entonces la sociedad precisará más cárceles que las necesarias en un mundo cimentado en el amor donde hay fraternidad, solidaridad, trabajo, justicia social e igualdad.

Tres modelos de cárceles

La experiencia nos indica que hay tres modelos de cárceles: el actual modelo público, que se funda en el aislamiento y el castigo; el sistema de las cárceles privadas de algunos países como los del Norte fundado en el dinero y la ganancia; y las prisiones para la rehabilitación regidos por el amor interhumano. En pocas palabras este cronista intentará explicar los modelos.

Nuestras cárceles (para procesados y condenados)

Para decirlo en pocas palabras: nuestras cárceles están superpobladas, albergan un número excesivo de internos no diferenciados para su tratamiento y en su mayor parte procesados. En su mayoría los presos son jóvenes, pobres, sin instrucción y adictos a las drogas. Se crian en la calle, de la calle a la cárcel y de ahí al cementerio. Los guardiacárceles suelen ser vecinos de los presos, tienen remuneraciones insuficientes, carecen de una educación apta para el tratamiento de asistencia y rehabilitación y sólo cuentan con la aplicación del castigo por la fuerza para imponer el orden y su dominio sobre el detenido. La corrupción es estructural y difícilmente pueda dejar de formar parte de la institución. Mandan los presos que cuentan con recursos económicos: ex funcionarios procesados o condenados por corrupción y narcotraficantes. Los asistentes sociales, docentes, pastores, sacerdotes ayudan pero no dejan de ser “de afuera” y no pueden cambiar el sistema.

Las cárceles privadas

En los países donde funcionan estas la prisión es un establecimiento privado que pagan los condenados pudientes. Un negocio. Lo más parecido a un hotel donde este y sus empleados prestan los servicios de alojamiento, comida, asistencia sanitaria y recreación y por eso reciben el pago de las tarifas establecidas por sus dueños. La supervisión y control por la justicia está limitado al buen funcionamiento. No hay rehabilitación porque los ricos -aún presos -no suelen reconocer su pobreza espiritual.

Prisiones privadas sin fines de lucro

Por último están los centros de detención, asistencia y rehabilitación para personas condenadas a penas de prisión (APACs). Una creación de un abogado católico Mario Ottoboni, que en 1972 organizó un grupo pasto­ral llamado Amando ao Próximo Amarás a Cristo de solidaridad con la población de las cárceles de su ciudad, São José dos Campos (Sao Pablo, Brasil). Partía de la siguiente convicción que resume su pensamiento: “El ser humano es recuperable. Para hacer que eso suceda el detenido debe ser tratado de manera humana. Humana, pero con firmeza”. La labor se expandió y el método lentamente se desarrolló y sigue creciendo. Son prisiones privadas sin fines de lucro creadas por un convenio entre las organizaciones libres o no gubernamentales con el Estado provincial o nacional. Unidades para 200 internos. Sin guardias penitenciarios ni armas. Están gestionadas por los presos, ex presos recuperados y voluntarios. Hay reglamentos estrictos, disciplina, trabajo, premios y castigos no violentos sino espirituales y de trabajo.

El costo por preso para el Estado es un 66% menor que el de las prisiones estaduales y la reincidencia del 75% en que incurren los ex presidiarios de las cárceles comunes baja al 15%

No hay hacinamiento, violencia, ociosidad, falta de responsabilidad y mucho menos hechos de corrupción. A eso se suma un crecimiento personal en los campos cultural, educativo, físico, de capacitación y en el ámbito espiritual. El hábitat es agradable, funcional, seguro y limpio. Paga el Estado pero el costo de un detenido en cárceles comunes, según informe del Ministerio de Hacienda de Brasil es de 630 euros al mes, en las APAC es de 200 euros.

Actualmente en Brasil existen 50 centros de APAC en funcionamiento con cerca de 3.500 detenidos y 70 en fase de im­plantación en el estado de Minas Gerais y las Asociaciones de APAC creadas en el 2018 ascendían a 147. También funcionan más de veinte en Chile con 2.500 recuperandos, Ecuador, Colombia, Costa Rica y otros 23 países del mundo entre los cuales se encuentran Alemania, Holanda, Noruega, Hungría, Estados Unidos, Colombia, Costa Rica, República Checa y en forma incipiente en Italia y Singapur.

Tres pautas del método en las prisiones apaquistas

Como lo expusimos en una nota anterior el método educativo de las cárceles APAC se basa en tres pautas fundamentales que son:

a) La empatía insuperable que puede haber para ayudar a salir del estado de condenado que aquel que cometió un error y salió de esa condición;

b) La compasión. Dijo Francisco a los jóvenes presos en Palmasola, Bolivia: “... (quiero darles) lo que tengo y lo que amo, sí quiero dárselo, sí quiero compartirlo: es Jesucristo, la misericordia del Padre.

Todos podemos poner junto a la misericordia del Padre nuestras heridas, nuestros dolores, así como también nuestros errores, nuestros pecados, tantas cosas en las que nos podemos haber equivocado. En las llagas de Jesús encuentran lugar nuestras llagas. Porque todos estamos llagados, de una u otra manera. Y llevar nuestras llagas a las llagas de Jesús, para que El las cure” Él vino a mostrarnos, a hacer visible el amor que Dios tiene por nosotros. Por vos, por vos, por vos, por mí. Un amor activo, real. Un amor que tomó en serio la realidad de los suyos.” (Francisco a los jóvenes presos en Palmasola).

c) El perdón. (El de Jesús, es) ”Un amor que sana, perdona, levanta, cura. Un amor que se acerca y devuelve dignidad. Una dignidad que la podemos perder de muchas maneras y formas. Pero Jesús es un empecinado de esto: dio su vida por esto, para devolvernos la identidad perdida, para revestirnos con toda su fuerza de dignidad.” (Francisco, op. cit.).