La pulsión tanática libertaria

Por muchos momentos momentos, los militantes libertarios se acercan peligrosamente a la (auto)destrucción

Un militante de Javier Milei con una motosierra que simula estar ensangrentada en la cabeza (Ariel Torres)

El 12 de octubre de 1936, Miguel de Unamuno se dirigió al general del bando sublevado durante la Guerra Civil Española, José Millan-Astray, en la Universidad de Salamanca. Mientras daba un discurso, el escritor fue interrumpido por el militar, al grito de “mueran los intelectuales” y “viva la muerte”. Unamuno, entonces, le respondió “vencereis, pero no convenceréis”.

En la política argentina, se observa un movimiento que lleva el grito de ‘viva la libertad carajo’ como su consigna, pero que, en realidad, podría ser, justamente, ‘viva la muerte’. En Argentina, por muchos momentos momentos, los autodenominadnos libertarios se acercan peligrosamente a esta pulsión tanática, de (auto)destrucción.

Con sus diatribas constantes contra el CONICET -el instituto científico más prestigioso de América Latina, reconocido por instituciones europeas y estadounidenses como de excelencia-, el símbolo de la motosierra, las metáforas aberrantes que no vale la pena reproducir pero que siempre son de índole sexual y suelen involucrar niños o mujeres en situación de indefensión, el deseo de “que estalle” y la invitación al caos, dejan a la vista miserias que nunca hemos visto en la arena política argentina desde 1983.

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Se trata de un movimiento cuyo único motor y proyecto político parece ser el resentimiento. En medio de una arena política ya de por si convulsa y pasional, estos individuos se destacan por encontrarse completamente fisurados emocionalmente, mientras que su líder, aparece como un reflejo perfecto de su seguidores. Nunca antes, al menos en la memoria reciente, hemos presenciado semejante sublimación destructiva, un deseo de autodestrucción que parece ser el epicentro de su ideología.

Sus propuestas politicas han demostrado un completo y total desprecio no sólo por la sociedad argentina sino también por la vida humana. Es dificil enumerarlas, pero por ejemplo, han rechazado a José de San Martín como el padre de la Patria, su líder dijo que el papa Francisco era el “representante del maligno en la Tierra”, en línea con una interpretación extrema de los escritos de Murray Rothbard, como si se tratase de un dogma religioso, se han mostrado proclives de despenalizar la libre tenencia de armas y de legalizar la compraventa de órganos, sus candidatos a diputados hablaron de presentar proyectos de ley para permitir el abandono parental, o, incluso, propusieron privatizar las calles, los ríos, los mares, y hasta las ballenas.

Siempre distópicos y febriles, los discursos libertarios no han dejado sujeto de la vida política y social argentina sin ofender. Tal es así que sería imposible enumerarlos a todos en este articulo.

En este contexto, se revela una interesante convergencia entre ciertos aspectos de la ultraderecha estadounidense y un sector de jóvenes libertarios argentinos. Esta similitud se manifiesta en la relación con la violencia, que, en el caso de la ultraderecha estadounidense, se asocia fuertemente con el uso de armas. Aquí, encontramos una idealización de la masculinidad que se refleja en ciertas publicaciones de redes sociales por parte de los militantes libertarios, a pesar de que no la personifican. Este ideal guarda similitudes con la imagen de la derecha estadounidense, que no es típicamente argentina. En el pasado, en Argentina, esta imagen se percibía como algo risible y poco respetable, más relacionado con estereotipos masculinos de las clases bajas estadounidenses.

Otra postal en el búnker de Milei, en las elecciones generales (Reuters/Cristina Sille)

Este fenómeno encuentra su origen en la sensación de ciertos varones jóvenes argentinos de educación media y baja de haber quedado en un “no lugar” con la llegada del feminismo y su confusión ante esta transformación sociocultural. A su vez, estos han sido influenciados por streamers estadounidenses a través de podcasts y videos de YouTube que glorifican este ideal de masculinidad, proporcionándoles un sentido de pertenencia que no encontraban en sus grupos tradicionales.

No deja de ser curioso que se presentan como “duros” pero se encuentran muy lejos de eso, ya que su líder se ha mostrado, más bien, profundamente inestable y en poco y nulo control de sus emociones, todo lo contrario a lo que se entiende como masculinidad clásica. Verlo en sus apariciones recientes en distintos programas de televisión se vuelve una experiencia tortuosa y hasta morbosa. Es exponer a alguien que claramente no debería estar allí, sino recibiendo ayuda profesional.

Este grupo, que se autodenomina como libertario, presenta una pulsión de muerte que es difícil de explicar. Pero existe allí, en su misma esencia, una especie de aura tanática que emerge en sus discursos y acciones. Quizás, movidos por el enojo propio de ciertas adolescencias y juventudes, no fueron pocos los jóvenes que se sumaron a este movimiento político entusiasmados, convencidos de que finalmente habían encontrado algo distinto a lo existente en el mainstream.

Sin embargo, sus esperanzas se vieron rápidamente enterradas cuando su líder pactó con un expresidente y su excandidata presidencial, nada más y nada menos que dos de los principales representantes de la casta política y empresarial, ligados al Estado desde siempre. Es decir, justamente lo mismo que siempre dijeron enfrentar, de repente, la casta ya no va a correr, pero quienes sí van a correr son “los peronistas”.

Siempre vuelve la supresión física del adversario, que va a ser “exterminado”, “aniquilado”, “aplastado”, o “va a correr” porque “tiene miedo”. La supresión física del adversario nunca llevó a nada bueno en el mundo, no lo hizo durante la Guerra Civil Española, tampoco durante la dictadura genocida 76-83, que algunos libertarios reivindican. En algún momento, esta pulsión de muerte, en su forma autoinmolativa, siempre hablando en el terreno de lo político e ideológico, podría estallar y llevar consigo a quienes la abrazan.

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