Gobierno de las personas o de las instituciones

Milei ha mostrado síntomas autocráticos que lo asemejan al kirchnerismo

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El candidato presidencial Javier Milei REUTERS/Agustin Marcarian

Los hechos son testarudos y parece que nuestra historia también. Volvimos al 2003. Al comienzo de este desastre y para ver si aprendimos la lección, el eterno retorno en el que vivimos los argentinos, regresa, con otras caras o máscaras con la misma encrucijada: gobierno de las personas o de las instituciones.

No podemos pasar del régimen autoritario del kirchnerismo, que se convirtió en oligarquía política, a una dramática ausencia de estabilidad política, que nos hundirá en una anarquía.

La casta empresarial/sindical que trae a Milei también sueña con planes hegemónicos autoritarios, que pretende sustentar con el poder del dinero.

En un comienzo, el régimen kirchnerista era aplaudido por la sociedad argentina. Prometían, con ficciones y mentiras, sacarnos de una dura crisis, mucho menos luctuosa que la actual. Llegaron al poder escondiendo abusos y desprecios a la democracia, que después potenciaron.

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Ese proyecto de poder solventado con una atroz corrupción, también fue pagado con la vida, la libertad y la pérdida de bienes materiales y morales de los argentinos.

Reconstruir la autoridad presidencial no puede venir nunca desde el autoritarismo fanático y violento. Lo dijimos en soledad en 2003 cuando asumió Kirchner y lo volvemos a repetir.

Elegimos nuevamente, como en aquel tiempo, entre gobierno de las personas o gobierno de las instituciones.

Milei ha mostrado síntomas autocráticos que lo asemejan al kirchnerismo. Comparte la idea común de acaparar negocios para una facción, expulsando a quienes señala como enemigos del pueblo.

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Aguijonea la idea de que “al enemigo ni justicia”. Ve en el hecho de armar un ejército propio, reclutado con el dinero de la casta empresarial, el camino para consolidar una elite que se quede con todo.

La élite K (oligarquía política que concentra todos los recursos económicos) y la elite de Milei (oligarquía empresarial y financiera que anhela concentrar el poder político).

Milei es para la casta empresarial su instrumento de gobierno. Los financistas de la política ponen para ser socios capitalistas del que llega, aún a riesgo de quién llega sea mal pagador, siempre sacarán partido.

Con Néstor Kirchner fue diferente. Este llegó poniendo los fondos de Santa Cruz, por eso, fue funcionario y empresario a la vez, para recuperar lo puesto y más. Ahora la casta empresarial, decidió tener su propio político.

Alberto Fernández fue ministro con rango presidencial, Milei va a ser CEO con rango presidencial. El primero títere de Cristina, el segundo de la casta empresarial.

Los empresarios con Sergio Massa esperan que cumpla. Con Javier Milei saben que responderá porque es empleado.

La política como instrumento para hacer negocios y hacerse rico. Ambos ven la riqueza como un instrumento de dominación en la sociedad, donde cualquier otro poder es precario. A esa visión, le interesa ese poder que no viene del pueblo.

Por eso, Milei idolatra a Al Capone y a Menem, es la cultura de ver al hombre rico como influyente, escuchado, respetado, admirado y temido. Es la cultura de que el dinero impone su voluntad a aquellos que no lo tienen.

Es claro que para Milei el dinero trae autoridad fuera de lo que señala como los caprichos y reveses de la fortuna política. En definitiva, quiere una democracia que pase por completo a manos de los poderes del dinero. Una autocracia, que es a la vez, plutocracia.

Milei, con la docilidad y fanatismo de sus seguidores, la precariedad de sus ideas y propuestas lucrativas y utilitarias, no podrá sobrevivir al interés que sirve. Necesita una hegemonía no compatible con la democracia y la república.

Javier Milei REUTERS

Las instituciones y sobre todo en tiempos de crisis, valen lo que valen los hombres que las gobiernan. Milei no admite más verdades que las suyas. Propone un neopresidencialismo. Cree en la gobernabilidad del mando.

Las palabras de mando en democracia nunca son palabras de verdad, porque son provisorias, limitadas y revocables, por otras mejores que vendrán en periódicas y ulteriores elecciones.

Asi como lo plantea, el eventual gobierno de Milei está condenado al fracaso, en un plazo más o menos largo. Quiere adaptar la realidad a un programa que no la tiene en cuenta.

No se gobierna desde la arrogancia hiriente. La gran política, la Política con mayúsculas no se aviene con las mentiras groseras.

Los argentinos tenemos dificultades para construir estabilidad política y orden institucional en la calma, la equidad y la permanencia. Eso es lo que trae buenas políticas económicas y provecho social.

El problema del país es político y no económico. Por la mala política se desmadró la economía. Hay un cambio posible y eso no significa que este sea gradual. Japón era una isla de pescadores y campesinos que en 25 años se transformó radicalmente.

Pero el cambio no llueve, es un camino que se construye aprovechando las posibilidades, con esfuerzo y empeño. No se logra con soluciones fáciles, mesias con ideas peregrinas, salvadores, redentores ni salteando las instituciones.

Patricia Bullrich es la única opción de cambio real para salvar al país. Lo que viene es una crisis que hay que administrar y una Argentina ingobernable que hay que sanar. Patricia Bullrich, tiene la aptitud y preparación para llevar a buen puerto el país y administrar lo que se viene, produciendo transformaciones impostergables.

Patricia, es quién tiene las horas de vuelo certificadas para pilotear el avión “Argentina”. No se improvisa esa experiencia, como no se improvisa un hombre de Estado. Los romanos, que algo sabían de llevar un gobierno adelante, hablaban de la importancia del “cursus honorus”. En Roma, no se podía pasar de la casa al Senado, ni tampoco cualquiera era legionario de un día para el otro. Ni la iglesia, que tiene 2000 años sugiere que uno sea Papa de la nada, de un día para el otro. También, aunque pueda sonar feo, hay una carrera para ser pontífice.

Girolamo Savonarola, en la edad media y en la Florencia de Maquiavelo, pasó del convento al gobierno y así termino. Prometía purificar con fuego todo lo malo de la ciudad y terminó él en la hoguera. Hay reglas hasta en la sabiduría. No se aprende a manejar de grande. Uno siempre puede fracasar, otra cosa es que la propia falta te lleve al fracaso.

Charles De Goulle fue importante, pero fue Francois Mitterrand quién hizo las grandes reformas. Adolfo Suárez fue importante, pero fue Felipe González quien hizo las reformas que cambiaron España. Raúl Alfonsín fue importante, porque nos dijo que el método era la democracia, Mauricio Macri, puso una pica en Flandes al terminar un gobierno no peronista, pero será Patricia Bullrich quien realice las transformaciones del nuevo país.

Cuando no se tiene seguro el presente es difícil pensar en el futuro. La grandeza se consigue haciendo lo difícil y esto no sobreviene sin el esfuerzo. Patricia es quién va a organizar el cambio.

Tenemos el ministro de Economía acordé al Presidente. Están tan preocupados por hacer sus negocios que se olvidan de gobernar para la gente. Ningún gobierno puede andar bien si va gestionando en el día a día. Un Presidente con poder no tendría a Massa de ministro.

El kirchnerismo no quiso votar el último presupuesto de Macri y dijeron que no eran necesarios los presupuestos para gobernar. La economía debe ser como el embudo. Hoy la casa no está en orden porque quienes la ocupan son unos pandilleros, que se asocian con otros peores y te pudren el barrio.

Si algo le faltaba al “neomenemismo” eran los romances de farándula. Nada original ofrecen: “neoconvertibildad” con un dólar a 10.000 y “el que se vayan todos”, dinamitando instituciones de la República, como el Congreso.

No lograremos salir adelante con propuestas incendiarias o con más pirotecnia. El orden no es con fuego.

Milei propone la destrucción del Estado. Busca destruir el sistema para imponer un capitalismo feroz y despiadado a ultranza, es la casta financiera y empresarial. Milei va a gobernar desde puerto Madero.

La falta de estabilidad política, previsibilidad y seguridad jurídica es lo que tiene anclado al país. Massa y Milei no despejan estos problemas, sino que los agravan. Milei infantiliza el debate público.

Estar en guerra siempre es la tesis del fascismo. Milei parece ser un hombre en guerra. Muy parecido al Kirchnerismo que siempre busca y señala enemigos. ¿Cuál es tu enemigo?

Hay una guerra cultural que no la va a ganar un turno electoral solamente. El lema “Peronista somos todos” es un problema cultural no de afiliación política. Es el éxito de un método nefasto de construcción política.

Planteamos estas cosas, porque no se trata de ganar o perder una discusión, o tener razón, se trata de entender. Atender para entender. Comprender es un bien escaso en la Argentina del presente.

Se está gestando otro pacto del empresariado con el sindicalismo argentino, con Massa y Milei. Con la oligarquía sindical, aquella que es dueña de los country. No le preocupa que manejen las obras sociales, que no preseten declaración jurada o que los descuentos sindiciales a los trabajadores sean compulsivos. Tampoco que las reelecciones sean indefinidas y eternas.

La mafia más jodida después del narco es la mafia sindical. Milei ya hizo un acuerdo con Massa por eso no hay una palabra en contra de Cristina Kirchner. El plan B de Massa es Milei. Por eso le pega a Patricia Bullrich, como confesó Sergio Berni en un sincericidio.

Después de todo, lo que queda es que Milei ayuda al Gobierno. Como buen peronista ayuda a Sergio Massa y a Cristina Kirchner para sostener a Alberto Fernández, junto a los empresarios prebendarios que lo financian y a los sindicalistas golpistas. Todo para no mostrar que ellos no terminaron el mandato.