Cristina Kirchner ya debería saberlo. Los silencios se cargan de sonidos. En el vacío de palabras crecen recelos y murmuraciones. La rumiación se gesta en lo profundo, la desconfianza y los rumores anidan en la desinformación. Naturalmente verborrágica, excedida en señalamientos y admoniciones, el silencio de Cristina, en este caso, aturde.
Silvina Batakis padece la retirada de escena de CFK. Los mercados sospechan del efectivo apoyo que la flamante Ministra logra acumular en la coalición de gobierno, muy especialmente desde el espacio K.
Tras la arremetida cristi-camporista que forzó la renuncia de Martín Guzmán y la calificación de irresponsable y desestabilizador que le bajó desde el púlpito la socia mayoritaria del Frente de Todos, quedó claro que sin el explícito acompañamiento de ese sector cualquier medida que Batakis tome está sujeta a una despiadada evaluación y corto vuelo.
Lejos de hacerse cargo de la designación que avaló en el dramático domingo que siguió a la renuncia de Guzmán, CFK se retiró a sus aposentos retomando la estrategia de mirar desde afuera el curso de los acontecimientos. O, al menos, eso hacernos creer.
Con un IPhone 13 en mano CFK pretende bajar línea desde el más allá sin que se note. Un celu que, por obra y gracia de los recontra cepo, puede encontrarse en Argentina solo si se está dispuesto a erogar una suma millonaria que supera en 150% el precio en dólares de las tiendas oficiales de la marca de la manzanita.
Los actores económicos desconfían y las expectativas negativas echan leña a la fogata inflacionaria. La incertidumbre profundiza la crisis.
Todos los datos de la economía se recalentaron a apenas horas de que la jefa de la cartera económica presentara su plan de acción. El viernes cerró con números que producen vértigo. Con el dólar de las empresas por encima de los 300 y el blue respirando al menos por detrás. No hubo tregua.
La que termina fue una semana de locos.
La Vicepresidente utilizó una cuenta oficial del Senado de la Nación para desmentir, ya no una reunión que se pretendía secreta, sino el contenido de la misma. Un episodio extraño e impropio pero que refuerza la idea de que, para sus conveniencias electorales, cuanto más lejos, mejor.
CFK calificó como “fake news” la nota en la que se daba cuenta de que en un encuentro de la troika gubernamental que integra con Alberto Fernández y Sergio Massa ella propuso mandar el tratamiento del Salario Básico Universal al Congreso e impulsar la suba del dólar tarjeta, cosa que efectivamente se anunció en cuestión de horas.
El enredo no solo puso en evidencia el empeño K por no asumir responsabilidad alguna ni respaldar explícitamente las medidas que se van conociendo, sino que, además, terminó desmintiendo a la vocera que aseguró que no le constaba la existencia de reunión alguna.
Gabriela Cerrutti, montada en una frenética sobreexposición con la que excede a diario sus funciones específicas, sigue dándose terribles porrazos y exhibe torpemente el desconcierto que reina en el Ejecutivo. Una vez más fustigó a los medios de comunicación, con el argumento de que informan a diario el valor del dólar blue, al que llamó dólar ilegal.
El perfil fiscalista y ortodoxo que reivindica Batakis, y la reafirmación del rumbo planteado por Martín Guzmán, tuvo rápida repercusión en redes y pantallas.
Incandescente, Juan Grabois pateó el tablero del oficialismo. “Creíamos en este Gobierno y nos está decepcionando”. Dijo que Alberto Fernández es un mal Presidente y amenazó con dar el portazo a la coalición oficialista. Ubicó en el Ejecutivo la responsabilidad por la gestión macroeconómica, las gestiones con el FMI y la política social. Calificó las medidas tomadas como inorgánicas e improvisadas.
A CFK le atribuye un único error, el haber elegido mal su compañero de fórmula. La considera honesta, íntegra y asegura que “no robó”. Eso sí, la percibe como un poquito soberbia pero hizo saber que ella está de acuerdo con la pronta implementación del Salario Básico Universal.
El silencio de CFK se va cargando de sonidos. Si Grabois la expresa, en una suerte de tercerización del relato, o si efectivamente ha decidido dejar el Frente de Todos para cortarse solo y confrontar desde el llano, está todavía por verse. Mientras tanto arde la Ciudad.
El operativo de despegue se le presenta complicado. Alberto y su Gobierno sigue siendo percibido por todos como una mancha venenosa. La prescindencia de CFK tiene en cualquier caso un costo fuerte. Sin el explícito respaldo de los K la estrategia de Batakis terminará haciendo agua.
No basta no cascotear, hace falta acompañar y que se note. No estaría ocurriendo.
Unas declaraciones de Andrés “el Cuervo” Larroque, hasta aquí vocero oficioso de CFK, salieron a romper la frágil tregua.
“No da para más. Nosotros solo damos aspirinas y ponemos curitas. Son paliativos. Necesitamos que el cirujano opere con celeridad” Larroque se suma a los que exigen el Salario Básico Universal. Reproducidas por un sitio dedicado a la información política estas declaraciones removieron el avispero. Justamente la medida que Batakis consideró de imposible cumplimiento por falta de recursos y CFK desmiente haber impulsado denunciando “fake news”.
“Seamos un poco más humildes, callémonos un poco más la boca”, le replicó Anibal Fernández. Infatigable escudero mediático, el Ministro de Seguridad de la Nación, salió a marcarle la cancha al segundo de La Cámpora.
Por más que CFK se refugie en sus aposentos y se intente resguardar en el secretismo, la realidad es como el agua, se filtra por los resquicios y hace sonar alaridos en el silencio.
CFK va perdiendo sus bases. La beligerancia de Grabois deshilacha la militancia. La batalla por el control de los planes sociales ofrece piezas de colección.
“Nos quieren mandar a trabajar a la calle, no es justo. Quieren que trabajemos de 8 a 5 de la tarde por la misma plata que nos pagan con los planes… toda la vida vivimos trabajando de esto”, dijo frente a las cámaras una manifestante que acompañaba a la Unidad Piquetera.
No se sabe bien con qué objetivos el Presidente recibió a los dirigentes de las organizaciones sociales que le son afines. Apenas horas después, los mismos que tomaron café en La Rosada estaban protestando junto a las organizaciones de Izquierda. Todo confunde.
A horas de conocer el dato de inflación, que marcó un 5,3% en junio, pero anticipa un piso de 7% para julio, la CGT dio un paso al frente. Se anuncia una jornada de protesta para dentro de un mes: el 17 de agosto. La coincidencia con la fecha patria deja tela para cortar.
Héctor Daer, expresó su preocupación con mucha cautela y quedó en claro que no los anima la urgencia. Parece que no salen a reclamarle al Gobierno sino a los “formadores de precios”. O no entienden bien el problema o no saben dónde ponerse. A San Cayetano rogando y recalculando.
Con la ñata contra el vidrio, Batakis mirá el lío de la calle desde su despacho. Ya comenzó a desmentirse a sí misma. A apenas días de asegurar que “el derecho a viajar colisiona con el derecho a la generación de puestos de empleo” pero que no se tomarían medidas que afectarán a los viajeros, se anunció un ajuste sobre el dólar tarjeta.
“Todo el mundo tiene derecho a tomarse vacaciones”, dice empática la Ministra.
Momento de recordarle a los funcionarios de turnos que el derecho a viajar, a entrar y salir libremente del territorio nacional está mucho más allá de lo vacacional. Se viaja también para estudiar, para hacer negocios, para recibir tratamientos, para encontrarse con familiares y para conocer el mundo que cada vez nos resulta más distante y ajeno.
Encarecer el turismo emisivo, además de recortar un derecho, atenta a su vez contra miles de puestos de trabajo. Es lo que están advirtiendo las entidades que nuclean las agencias de viajes que se cuentan por miles y que quedaron sumidas en la perplejidad cuando en la noche del miércoles les cambiaron de un minuto a otro las reglas del juego a horas del comienzo de las vacaciones de invierno.
Las compañías aéreas están que trinan. Aseguran que las restricciones ponen en riesgo la continuidad de las operaciones en el país.
Menos asientos, menos frecuencias y menos turistas. Existe un equilibrio entre los que salen y los que entran. Si salen menos van inexorablemente a entrar menos. El turismo emisivo a la baja asegura que caerá el ingreso de extranjeros. Puede que al Gobierno este asunto no le preocupe demasiado.
La brecha entre el dólar oficial y el blue hace que los que vienen del exterior elijan cambiar sus dólares o euros en el mercado informal, o sea, no ingresan divisas al sistema. Es el costo de las distorsiones.
Los operadores que prestan servicios turísticos sostienen cientos de miles de puestos de trabajo. En ese sector de la economía la medida generó un cimbronazo. En víspera de la temporada alta, cuando comienzan a recuperarse del paso de la pandemia, otro sablazo.
En los primeros ochenta, los viejos dirigentes radicales se jactaban de no tener pasaporte. Néstor Kicner llegó a la Presidencia casi sin haber salido del país. Como mucho Miami y Disney world, vacaciones ponele. Ocurre que el mundo ha cambiado y muy rápido y que, nos guste o no, la globalización nos ha condenado a socializar.
“No es tan dramático”, se sostiene desde el oficialismo. La medida está destinada a impedir la salida de dólares en un momento en el que son escasos y se necesitan para la producción.
Es cierto, lo dramático es que mientras evitan que los dólares se vayan nadie repara en un drenaje infinitamente más costoso, más doloroso. Se retienen divisas a como dé lugar pero nada ni nadie logra frenar a los jóvenes se van.
Todos los santos días cientos de argentinos, en su mayoría jóvenes, dejan el país. Se van. Buscan un lugar en el mundo. No son pobres. No son necesariamente desempleados. En su mayoría tiene formación universitaria. Algunos incluso renuncian a un empleo formal, dejan amigos, afectos y familia.
Buscan un lugar en el que sea posible imaginar un futuro. Un sitio dónde no se los estigmatice por el solo hecho de poder progresar, dónde las reglas del juego sean claras y se sostengan, dónde comer no sea visto como un lujo de privilegiados, dónde no te maten en una esquina por cuatro pesos o un celular. Dónde no te reten todas las mañanas, ni te martiricen con diatribas incendiarias solo sabe Dios porqué. Buscan un lugar donde vivir en paz.
SEGUIR LEYENDO: