Sebastián Villa: ¿qué puede hacer el fútbol ante la violencia de género?

El análisis más allá de la causa penal. ¿Qué hacen los departamentos de género? ¿Sirven los protocolos? ¿Qué pasa con la AFA y Agremiados? ¿Hay que suspender al crack de Boca?

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Sebastián Villa
Sebastián Villa

“Otro tema”

La nueva imputación penal por abuso sexual contra el delantero de Boca Sebastián Villa disparó un escueto comunicado del club y una polémica declaración de su vicepresidente y máximo ídolo, Juan Román Riquelme.

“De Villa no tenemos más que palabras de agradecimiento. No se ha tirado nunca en la camilla, no lo han atendido nunca, nunca le dolió nada, no ha dejado de entrenar un solo día. Nosotros con ese chico nos tenemos que sacar el sombrero. Después, lo que pasa fuera de la cancha es otro tema”, dijo Román. Las redes sociales contestaron: Barreda también era un excelente odontólogo.

Esta idea es habitual entre muchos hinchas del fútbol argentino. A algunos no les importa que Villa tenga una causa elevada a juicio por lesiones agravadas y amenazas por el hecho de 2020 o que ahora una fiscal lo haya imputado por abuso sexual. Lo que quieren es que la pelotita entre en el arco contrario.

Y no es que estén todos con la panza al aire, las patas arriba de la mesa y el control remoto en la mano en plan “Villa es un mostro y esta mina es una fabuladora que busca plata”. De esos hay siempre. Pero otros simplemente creen que el club no tiene nada que hacer ahí. “Por mí que lo condenen y vaya preso, pero Boca no tiene nada que ver”, dicen.

En la Argentina, la Asociación del Fútbol Argentino y los clubes son asociaciones civiles. Su fin principal no es el lucro, sino el bien común. Algunos tienen escuelas propias. Lo que ocurre afuera de la cancha no es “otro tema”, pues parte de la función de los clubes es, justamente, ocuparse de lo que ocurre afuera de la cancha. Es por eso que todos los protocolos de violencia de género, incluyendo el de Boca, extienden su ámbito de aplicación más allá del club si la conducta involucra a sus miembros.

¿Y qué es eso que pasa afuera de la cancha? Que 1 de cada 3 mujeres en el mundo sufre violencia física o sexual (Organización Mundial de la Salud); que, en el país hubo 576.360 casos acumulados de violencia de género entre 2013 y 2018 sin contar la enorme tasa de no-denuncia (Registro Único de Casos de Violencia contra las Mujeres del INDEC); que en 2021 hubo 256 femicidios y que, en lo que va de 2022, hubo 1 femicidio cada 28 horas (Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven).

Juan Román Riquelme
Juan Román Riquelme

Las mujeres al departamento de género, los varones al poder

Entre 2017 y 2018 aparecieron las primeras áreas de género en las estructuras internas de los clubes. Un informe reciente del INADI y la Secretaría de Deportes indica que el 76% de los clubes no tiene departamentos de este tipo. El de Boca se creó en la gestión actual.

Pero tener una comisión de género no garantiza nada. En diálogo con Infobae, Paula Ojeda, abogada y titular del departamento de género de Vélez (el primero del país), dijo que “si el área solo es simbólica es muy difícil que algo cambie”.

La mayoría de estos departamentos están integrados por hinchas mujeres que, de a poco, empezaron a entrar en espacios tradicionalmente ocupados por varones. Ad honorem y con mínimos recursos, se mueven en un ambiente en el que reina una construcción violenta de la masculinidad y al que definen como hostil y de constante disciplinamiento hacia las mujeres y otras identidades. Vas a correr por puto y por cagón. Eso es el fútbol. En la cancha, en las tribunas y en los programas de radio y televisión.

Aunque son creaciones modernas nacidas al calor del Ni Una Menos, los departamentos de género funcionan con la misma lógica de siempre: las mujeres hacen “cosas de mujeres” (género, inclusión, trabajo social, etc.) mientras los varones toman decisiones sobre la política interna, el fútbol profesional y la billetera. ¡Si hasta la resolución de los casos de violencia depende de ellos! ¿Por qué? Porque las áreas temáticas solo hacen recomendaciones. La definición de si, por ejemplo, Sebastián Villa debe o no ser suspendido en forma precautoria, depende de la Comisión Directiva. Y allí, bueno, allí prácticamente no hay mujeres.

La ley de deporte establece que las listas para la elección de las comisiones directivas de las asociaciones civiles deportivas deben tener un mínimo de 20%, en conjunto, de mujeres y de personas jóvenes de entre 18 y 29 años. No hay, pues, cupo femenino. Ni hablar de otras identidades. Si son 30 cargos, ese 20% pueden ser 5 varones jóvenes y 1 mujer. En 2020 la Inspección General de Justicia dictó dos resoluciones disponiendo la paridad de género obligatoria de los órganos de administración de las entidades civiles y de las empresas, pero fueron declaradas inconstitucionales y el caso está pendiente en la Corte Suprema.

¿El resultado? Según el informe del INADI y la Secretaría de Deportes, el 23% de los clubes tiene una comisión directiva integrada en un 50% o más por mujeres, otro 23% en menos de la mitad pero más de 1/3, el 43% no llega a 1/3 y el 11% no tiene mujeres. Vélez, por ejemplo, tiene 8 mujeres sobre 29 cargos de Comisión Directiva. Boca tiene 1 sobre 30. Ni para pinkwashing le alcanza.

“El lobo siempre será malo si quien cuenta la historia es caperucita”, dijo Villa en las redes sociales
“El lobo siempre será malo si quien cuenta la historia es caperucita”, dijo Villa en las redes sociales

La letra chica de los protocolos

El primer protocolo de violencia de género se aprobó en 2018 en Vélez. Durante la pandemia se sumaron otros. El de Boca se firmó en agosto de 2021 y entró en vigencia en febrero de 2022. El relevamiento del INADI y la Secretaría de Deportes muestra que solo el 19% de los clubes tiene un protocolo de violencias.

Acá la clave es el contenido, que las mujeres que los trabajaron tuvieron que negociar letra por letra con los dirigentes. Cualquier limitación importante del ámbito de aplicación o del procedimiento puede dejar afuera situaciones graves. En el caso de Villa esto tuvo un impacto directo. Cuando ocurrió el primer hecho, Boca aún no tenía una normativa interna específica, pero ahora sí y, sin embargo, el protocolo no se activó.

¿Por qué? Porque, en contra de las buenas prácticas en la materia, incluyendo una guía modelo de la Secretaría de Deportes, el protocolo xeneize dispone que el procedimiento se inicia solo con la denuncia de la persona damnificada o de un tercero que tenga su conformidad. En línea con aquella idea de que es “otro tema”, no hay intervenciones de oficio frente a hechos de conocimiento público. Sobre este punto, Infobae intentó comunicarse con Adriana Bravo, presidenta del Departamento de Inclusión e Igualdad y recientemente designada vicepresidenta 3ra del club por el fallecimiento de Roberto Digón, pero no se obtuvo respuesta.

La inocencia y la vida privada

Una vez que se presenta un caso, ¿qué debe hacer el club? ¿Hay que esperar una condena firme? ¿O que Villa se presuma penalmente inocente hasta que tenga una condena firme no significa que a nivel interno no se pueda hacer nada?

El empleador no puede inmiscuirse en la vida privada de sus empleados, pero esta regla encuentra un límite en las conductas que pueden afectar la prestación de tareas o la reputación de la empresa o institución. Para esto, los empleadores crean reglamentos internos de conducta y códigos de ética que todos los trabajadores declaran conocer y se comprometen a respetar. Los protocolos de violencia son específicos, pero en la normativa interna general suele haber espacios de maniobra.

El caso obvio es el del docente de una escuela imputado por un tercero por abuso sexual. Nadie diría y, de hecho, no es lo que ocurre, que el empleador no puede hacer nada hasta que no haya condena firme. Pero incluso una empresa de cualquier otro rubro podría accionar contra sus empleados por hechos ocurridos “afuera de la cancha” en el marco, por ejemplo, de sus políticas internas y compromisos de responsabilidad social empresaria. El caso de los futbolistas profesionales es aún más claro, pues son la cara visible de una asociación civil sin fines de lucro que persigue el bien común.

Que lo mire por TV

Frente a un caso concreto hay varias alternativas. La primera, que se le aplicó a Villa por un corto período ante la denuncia de 2020, es que el jugador siga entrenando y cobrando normalmente, pero no sea convocado a jugar. Es lo que sugiere Merlina Pierini, presidenta de la Subcomisión de Género de Gimnasia y Esgrima de La Plata, consultada por Infobae. La especialista de Vélez coincide: “Esta es una manera de cumplir con el objetivo de ejemplificar sin vedar la posibilidad de trabajo”.

Para esto no hace falta condena firme ni mucho menos. Es una decisión simbólica y política. La puede tomar el director técnico. Al crack de Agustín Almendra lo mandaron a jugar con la reserva por discutir con Sebastián Battaglia en un entrenamiento. Mirá si no van a poder mandar a Villa, acusado de violar a una mujer y golpear a otra, a que mire los partidos de primera por TV.

Sebastian Villa
Sebastian Villa

Suspensión a lo Greenwood

Otra opción son las suspensiones. El club podría suspender al futbolista en forma precautoria por un plazo razonable mientras investiga si hay o no una injuria para formalizar un despido. La Justicia laboral avala que los empleadores hagan esto todos los días en infinidad de situaciones mucho menos graves que una imputación penal por abuso sexual. Además, la ley prevé una suspensión preventiva que se aplica cuando se inicia un proceso penal promovido por el empleador, por terceros o de oficio. En este marco, si Villa fuera privado de su libertad, Boca podría incluso suspenderlo sin goce de sueldo.

La suspensión implica un mayor riesgo de litigiosidad y, por lo tanto, una cuestión patrimonial que el club debe considerar, en especial porque muchas instituciones manejan altos niveles de desprolijidad (acuerdos por afuera, diferencias de cambio con el dólar blue, etc.). Pero es una opción jurídicamente viable y tampoco requiere esperar una condena firme.

Es lo que hizo el Manchester United con su jugador estrella Mason Greenwood apenas se conoció la denuncia de violencia de género de su pareja en enero de este año. Hay países que lo resuelven a nivel de la federación: en febrero pasado, la liga estadounidense MLS suspendió en forma preventiva a Andy Polo, jugador del Portland Timbers, por una denuncia de violencia de su esposa. Además, investigó al club y lo multó por no haber informado el caso antes.

Cláusulas de rescisión

La rescisión del contrato por injuria grave del trabajador (despido con causa) es un camino más complejo, pero no imposible. El convenio colectivo entre AFA y Futbolistas Agremiados Argentinos dispone que, si no hay un acuerdo expreso (las millonarias cláusulas que suelen establecerse si un jugador quiere irse antes de terminar su contrato), en los despidos por incumplimiento grave la Justicia laboral puede acordar una indemnización a favor del club en función de los perjuicios económicos ocasionados.

Este tipo de solución, aunque con una normativa anterior, permitió resolver el conocido caso de Mauricio Caranta, el arquero de Boca que en 2009 fue separado del plantel de primera por el técnico Carlos Ischia por razones nunca aclaradas. Caranta se consideró despedido y demandó al Club, pero terminó siendo condenado a pagarle $500 mil dólares a Boca (la mitad del valor de compra porque le faltaba cumplir la mitad del contrato).

Para esta alternativa es que aparecen las nuevas cláusulas contractuales de rescisión por violencia de género, cada vez más comunes en el fútbol europeo y de reciente incorporación en la Argentina. Algunos clubes no las mencionan en sus protocolos. Es el caso de Gimnasia. En conversación con Infobae, Merlina Pierini explicó que el club tiene una mirada no punitivista y que apunta a otro tipo de intervenciones, como las capacitaciones obligatorias a los denunciados. Otros, como Boca, tienen protocolos que sugieren a las autoridades incorporar este tipo de cláusulas.

Finalmente, hay clubes como Vélez que ya incluyen cláusulas de rescisión por violencia de género en todos sus contratos con los jugadores y el cuerpo técnico. La primera la hicieron para Ricardo Centurión, de largo prontuario, cuando llegó a préstamo de Racing. “La cláusula establece que el incumplimiento de las disposiciones sobre violencia de género equivale a una injuria grave por parte del trabajador”, le dijo a Infobae Paula Ojeda.

Show me the money

Lo más delicado es el impacto económico. La falta de voluntad política interna en los clubes muchas veces está asociada a la complicidad, pero en ocasiones simplemente hay una preocupación patrimonial genuina. Es que, si el jugador se considera despedido y la Justicia lo avala, o si se le rescinde el contrato por injuria grave y eso no se sostiene en juicio, el impacto económico no será solo la indemnización habitual de cualquier trabajador.

Si un futbolista que tiene un valor de venta potencial de millones de dólares queda libre, se va sin dejarlo un peso al club. Por eso es que en muchos casos se busca negociar la venta. Thiago Almada, estrella de Vélez, fue imputado por abuso sexual junto a un ex director técnico del ascenso y a otros jugadores del club (Martín Lucero, Miguel Brizuela y, sí, Centurión), pero se vendió al Atlanta United de Estados Unidos en $16 millones de dólares.

Aun con esta complejidad, hay varias consideraciones para hacer. Primero, no todas las decisiones son igualmente riesgosas. Dejar que un jugador entrene pero no convocarlo al partido oficial tiene un costo relativamente bajo para el club y, sin embargo, casi nadie lo hace.

Segundo, el convenio de AFA y agremiados permitiría, en caso de probar la injuria grave del jugador, que él tenga que indemnizar al club. Con cláusulas de rescisión por violencia de género similares en monto a las que hoy cubren la salida anticipada de los grandes jugadores, esto podría cubrir la cuestión patrimonial.

Tercero, el objetivo no es echar jugadores, sino que el club cumpla con sus responsabilidades sociales formativas para prevenir la violencia (en especial en inferiores) y deje en claro (con conductas, no con comunicados) que no admite jugadores violentos y que hace lo mejor, dentro de lo posible, para ello. Según el caso, se evaluarán las distintas alternativas que vimos u otras. Pero lo que seguro no se puede hacer frente a un caso de violencia es decir que es “otro tema” y festejarle el cumpleaños al presunto agresor el mismo día que una fiscalía lo imputa por abuso sexual.

Cuarto, en un fútbol mundial que intensifica cada vez más sus políticas de prevención de la violencia de género, no está tan claro que sea buen negocio sostener a jugadores involucrados en ese tipo de casos. La liga estadounidense suspende a futbolistas denunciados y el fútbol europeo avanza en la misma línea.

¿A quién le vamos a vender nuestros jugadores violentos? ¿Al fútbol turco, donde se refugió antes de esconderse definitivamente en Brasil para evitar su extradición Robinho, ex estrella del Milan y el Real Madrid, condenado a 9 años de prisión por violar en grupo a una mujer en un boliche italiano?

¿Cuánto vale Villa en este contexto? ¿No es relevante que no juegue en la Selección de Colombia justamente por los hechos de violencia de género? ¿Por qué no se concretó ninguno de los fichajes negociados (Brujas de Bélgica, Dynamo de Moscú, Inter de Brasil)? Nadie duda de que el tipo es un crack, pero si no se lo pueden vender a nadie o, al menos, no a los clubes y precios imaginados, entonces la cuestión patrimonial tiene, por lo menos, algunos matices.

Sebastian Villa
Sebastian Villa

¿Y la prevención?

Si no es por convencimiento moral, deberían hacerlo por razones patrimoniales: proteger el valor de los futbolistas también implica capacitarlos desde inferiores o desde que llegan al club, y no solo para que jueguen bien a la pelota.

Algunas provincias obligaron por ley a las instituciones deportivas a cumplir con la Ley Micaela. Infobae consultó al Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, desde donde se informó que, en el marco de su programa Micaela Deportes, en la primera convocatoria de las varias capacitaciones que hicieron se inscribieron alrededor de 300 personas de clubes, la mayoría mujeres. Pero, a nivel institucional, solo River, Lanús, San Lorenzo y Racing solicitaron acompañamiento y asistencia, que derivó en talleres de formación e intervenciones en los partidos.

¿No es obvio a esta altura que todos los dirigentes, deportistas y cuerpos técnicos de los clubes de fútbol deberían, como mínimo, capacitarse bajo la Ley Micaela? ¿No es evidente que todas las categorías del fútbol y en especial los pibes de inferiores deben formarse en educación sexual integral, masculinidades, salud reproductiva, grooming, etc.?

En los casos menos graves de violencia de género, se recomiendan las intervenciones profesionales dirigidas a los denunciados, pero la mayoría de los clubes ni siquiera las considera. Los departamentos de género de Gimnasia y Vélez tienen experiencias positivas. Dependiendo del caso, trabajan con sus propios equipos interdisciplinarios o recurren a una institución externa como las defensorías del pueblo o la línea Hablemos (para varones violentos) del gobierno de la provincia de Buenos Aires.

También es clave pensar en los hinchas. Merlina Pierini explica que desde Gimnasia hacen jornadas e intervenciones en eventos importantes (por ejemplo, el 3 de junio es el aniversario del club, pero también del Ni Una Menos). Para ella, “la clave es escuchar, dialogar, tratar de instalar la duda, poner en tensión los prejuicios”.

El problema colectivo

Es muy difícil que se modifique la pasividad de los dirigentes del fútbol sin una política institucional. La AFA profesionalizó el fútbol femenino y a fines de 2020 creó un Departamento de Equidad y Género. En el anuncio del área se habló de un observatorio de violencia y de construir un protocolo modelo, pero los clubes dicen que solo recibieron un correo electrónico de relevamiento.

Es fundamental que la AFA y Agremiados se involucren en serio, por ejemplo, para discutir una reforma del convenio colectivo que incluya regulaciones de la violencia de género. Sin un paraguas que respalde las decisiones de los dirigentes incluso ante sus propios hinchas, los únicos con incentivos son los clubes que tienen menos para perder si un jugador queda libre o que hacen menos ruido en los medios de comunicación.

En cuanto al Estado, se debe impulsar una reforma urgente de la ley de deporte, que disponga la paridad de género en la integración de las comisiones directivas o, al menos, un cupo decente. Es absurdo seguir dependiendo de reformas estatutarias (San Lorenzo en 2019), simples resoluciones de comisión directiva (River en 2020) o la nada (resto de los clubes).

También debe tomar partido el sector privado. En el caso de Greenwood, Nike le dio de baja el contrato y tanto EA Sports como Konami lo eliminaron de sus juegos.

Cuando Robinho se refugió en Brasil, el Santos le firmó un contrato, pero tuvieron que rescindirlo de común acuerdo cuando uno de los principales espónsores abandonó la institución por motivos reputacionales. ¿Y en la Argentina qué? Nada.

¿Es complejo? Sí. ¿Es otro tema? No. Pónganse las pilas, muchachos. Y dale Bó.

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