La única solución es liberal

El liberalismo es la corriente de pensamiento cuyas columnas básicas fundamentales son el estado de derecho, la democracia y la economía de mercado

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Ramiro Marra, diputado porteño (Foto: Matías Arbotto)

El liberalismo lo definimos como la doctrina política, económica y filosófica que defiende la libertad individual, preconiza el sistema democrático junto a un Estado limitado, restringiendo su intervención en la vida social y promoviendo en consecuencia la iniciativa privada como medio para el crecimiento económico y el bienestar general. Asimismo es un firme y apasionado defensor de las libertades individuales oponiéndose desde sus inicios al absolutismo y al despotismo ilustrado, regímenes vigentes principalmente durante la lúgubre Edad Media. Constituye, en síntesis, la corriente de pensamiento cuyas columnas básicas fundamentales son el estado de derecho, la democracia y la economía de mercado.

La historia del liberalismo se extiende por la mayor parte de los últimos siglos como respuesta a las brutales guerras religiosas en Europa durante los siglos XVI y XVII y a la falta del reconocimiento de la dignidad y de los derechos de las personas, haciendo énfasis en la elaboración de argumentos contrarios a la monarquía absoluta y su pretensión de monopolio sobre la verdad desde el punto de vista político, económico, filosófico y religioso.

Los fundamentos intelectuales fueron establecidos por John Locke que apuntó al extraordinario legado de la Ilustración cuyas ideas constituyen el andamiaje rector del Sistema Institucional de la Libertad que comenzó a cuestionar las viejas tradiciones de las sociedades medievales y sus gobiernos despóticos y totalitarios. Estas nuevas ideas se unieron finalmente en poderosos movimientos revolucionarios que derrocaron regímenes feudales, autoritarios, especialmente en Europa, América Latina y América del Norte.

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Es decir, partimos de la premisa de que cada individuo puede realizar lo que desee en la esfera de su privacidad, mientras que no afecte a terceros. Esto genera que la juventud liberal sea heterogénea en cuestiones sociales, encontrando en ella opiniones variadas e incluso antagónicas sobre diversos temas como, por ejemplo, la legalización del aborto, la tenencia de armas de fuego y el uso de drogas.

A diferencia de lo planteado desde una visión marxista, los liberales no encuentran en la sociedad un conflicto de clases sino todo lo contrario: una armonía de intereses individuales, donde la persecución del bienestar de un individuo termina, aunque sin haber sido así planificado, beneficiando a los demás.

Para nosotros, el libre intercambio consensuado entre partes es el núcleo del sistema capitalista. Un sistema que, como está basado en la propiedad privada de los medios de producción y distribución, alinea los intereses individuales de las diferentes personas y grupos de la sociedad.

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Ramiro Marra, diputado porteño

El liberalismo, entonces, sostiene como principales valores la defensa irrestricta del sistema democrático, cuya esencia es la división de poderes donde las mayorías deban respetar a las minorías.

El Padre fundador de nuestra Constitución, Juan Bautista Alberdi explica con meridiana claridad en uno de sus libros más importante Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina: " El Estado no ha sido creado para generar riqueza sino para establecer justicia. No ha sido creado para hacer ganancias sino para ser custodio y centinela de los derechos individuales”.

El liberalismo exige una vigorosa Democracia que necesariamente conlleva a un Estado limitado pero extremadamente eficiente y a su vez, una economía abierta, globalizada, capitalista, ya que son las condiciones “sine qua non” para lograr el bienestar general del hombre y la sociedad toda, que en definitiva es la suma del bienestar individual de cada ciudadano. Por lo tanto, la libre competencia en lugar de generar crisis, fuerza a todos a mejorarse día a día, ofreciendo nuevos y mejores bienes y servicios para los demás y también más eficientes formas de producción.

Las democracias como hijas dilectas de la Ilustración, tiene en cuenta el ideario liberal representado en su génesis más profunda, o sea el respaldo ideológico a la República manifestado por la tolerancia, el pragmatismo y el pluralismo político, donde las ideas sociales y políticas diferenciadas, incluso las opuestas, pueden coexistir y competir por el poder político siempre sobre la base innegociable de los principios fundamentales del liberalismo, que incluyen además, el libre albedrío, el racionalismo y el rechazo a todo dogma.

Argentina necesita dejar la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo, maravillosa herencia de la “Generación del 80″. Vemos con renovado optimismo que el Liberalismo está emergiendo con inusitado vigor y fuerte pragmatismo en este nuevo milenio ya que es presente y fundamentalmente, futuro, siendo nuestro mayor desafío regarlo con auténtica pasión para que florezca definitivamente y vuelva con energía renovada para felicidad de todos los habitantes del planeta.

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