La Exposición Rural de Palermo, cita infaltable en las vacaciones de inviernos para niños, hombres y mujeres del campo y la ciudad, es llamada en el sector "la ganadera", por ser los animales y en especial los grandes campeones con sus cucardas las mayores atracciones. Un muestra que lleva 133 ediciones, que en las últimas cinco agregó a sus conferencias la "Semana de la Carne", donde 35 entidades desde chacareros de la Federación Agraria hasta grandes frigoríficos exportadores, pasando por los gremios de trabajadores y también las asociaciones de genética, los criadores y los carniceros, plantearon el potencial del sector para exportar mucho más un mundo ávido de proteínas animales (no sólo carne vacuna, también pollo y cerdo), sin descuidar el mercado interno, ya que asegurando mayor producción se permite que otros cortes abastezcan a buen precio y calidad nuestros pueblos y ciudades.

Este fin de semana pasó lo que se venía incubando desde hace tiempo: aparecieron en la escena de medios y redes los veganos protestando en la muestra donde los animales son el centro y la ganadería es sinónimo de progreso. Más allá del hecho en sí, una acción de marketing, y del total repudio que merece la violencia de cualquier lado, es necesario entender el sustrato de este fenómeno. Lejos de tratarse sólo de un grupo de activistas de izquierda, las preocupaciones ambientales, de salud y sobre la situación de animales en producción ganan terreno, entre los jóvenes y no tanto, y no están totalmente infundadas. Sería un error simplemente reírse de esto o soslayarlo. Veamos.

Quienes se preocupan por estos temas señalan básicamente cuatro asuntos:

Ambiente: al asegurar que la ganadería intensiva emite gases de efecto invernadero, siendo la principal causa de los mismos según algunos estudios, incluso más que el parque automotor (lo cual es polémico pero la idea se instaló).

Salud: aseguran que una dieta con mucha proteína animal no es saludable. Más aún, al hablar de los rastros de agroquímicos (que llaman agro tóxicos) o de organismos genéticamente modificados, dan elementos que generan temor sobre si se debe consumir esos productos. Esto claro, más allá del debate científico, que queda bien lejos del consumidor a la hora de pararse frente a la góndola del supermercado.

Bienestar animal: están cuestionando los sistemas de manejo y matanzas tradicionales, en parte por la circulación de diferentes videos (que son reales, digamos la verdad), y también por situaciones de excesos de algunos productores que por sus errores perjudican a todos. La tendencia a reconocer derechos a los animales lleva también a pensar que una sociedad que trata así a quienes pueden sentir y sufrir es una sociedad en la que muchos no quieran vivir, y va ganando adeptos.

Hábitos alimentarios como protesta y solución: en el tema de la alimentación, mas allá de gustos o temas de salud, muchos están tomando el cambio de hábitos alimentarios también como un modo de acción concreta contra el cambio climático. El razonamiento es que consumiendo menos productos que vienen de ganadería o lechería intensiva, o que usan agroquímicos y organismos genéticamente modificados, cuidamos el ambiente. Pero este cambio alimentario debe ser masivo, por eso los movimientos veganos son "evangelizadores": no es el cambio de una persona, es el cambio de millones que obligue a reconfigurar el paradigma productivo el que logrará salvar o al menos moderar la crisis climática del planeta. En este contexto debe entenderse lo que viene pasando en el mundo y lo que sucedió el fin de semana en La Rural de Palermo.

Nos equivocamos en Argentina si tomamos esto como un "grupo de activistas extremos de izquierda", o bien como unos "loquitos" que no podrán jamás tener impacto en el país del asado. ¿No podrán? Sin duda no muchos más harán protestas de este tipo, pero sí son miles quienes están variando su forma de alimentarse o más quienes ven con buenos ojos y reclaman acciones para proteger el ambiente. El debate que nos debemos es cuáles son en verdad las acciones que puedan lograr este objetivo que todos compartimos.

Alemania, país sin dudas capitalista y que basa sus políticas en racionalidad y datos, es la punta de lanza de estas medidas en Europa. Desde 2021 será obligatorio castrar a sus cerdos (su principal actividad ganadera por lejos) de manera química y con anestesia para que sientan no dolor. También el gobierno de Berlín estipuló nuevas condiciones de bienestar animal para cerdos para este 2019: el consumidor verá una nueva etiqueta en el producto final con 13 criterios, que van desde el nacimiento del animal hasta el momento de la matanza, cuántos días los cerdos permanecieron con la madre y si fueron amamantados por ella, además por supuesto de las condiciones de habitabilidad que tuvieron, espacio, confort y modalidad de muerte.

Justamente hablando de Europa debemos poner sobre la Mesa el reciente acuerdo con el Mercosur. La ganadería vacuna de nuestra región es uno de los grandes ganadores, quizás no tanto por la cantidad de carne extra que podrá exportar sino por la sensible baja de aranceles que obtendrá una vez que entre en vigor. Ahora bien dice el acuerdo: "Las normas que actualmente se aplican a los alimentos en Europa serán aplicadas sin excepción a todas las importaciones que entren desde el Mercosur. Los estándares de la UE no serán relajadas de ninguna manera por el acuerdo con el Mercosur, no son negociables y se mantendrán innegociables". Por otra parte, se reafirma el Principio Preventivo Ambiental que permite a las autoridades tomar medidas para proteger a los humanos, los animales, las plantas o el medio ambiente de potenciales riesgos, aun cuando no exista certeza científica concluyente. Y sobre bienestar animal hay un compromiso difuso de promover la agenda global de la UE en el tema, con cooperación entre las partes, con el objetivo de lograr una regulación mínima común. Aquí habrá que estar atentos: con normativas como las que explicamos en Europa, más los derechos que se ha reservado la UE para protección de sus consumidores y el medio ambiente, es fácil imaginarse que los productos del Mercosur sobre los que recaiga alguna duda de proceso productivo encuentren trabas para ser exportados. Vía sanidad de productos, precaución ambiental o bienestar animal, el abanico de barreras para-arancelarias que pueden surgir es muy relevante y a tener en cuenta.  Podemos tomar esto como una potencial amenaza, que lo es, pero también como un desafío para aumentar nuestra calidad, generar productos con mejores atributos (para los que hay consumidores dispuestos a pagar), y también para, en lugar de mirar para otro lado y tener una actitud corporativa o culposa desde la producción, dar el debate ambiental. De nada sirve tratar a los activistas de locos o hacer chistes sobre la "doma de veganos", como tampoco es real tratar a todos los ganaderos de maltratadores de animales, justamente a ellos que los cuidan día a día y dependen de ellos para subsistir. Esa grieta no soluciona nada.

En el reciente documento de la Mesa de Enlace ante las elecciones de 2019 hay un capítulo sobre ambiente y sustentabilidad en el que se propone una Ley de Aplicación de Agroquímicos, promover las Buenas Practicas Agrícolas y el cuidado del suelo. Es esta postura del agro como un sector también afectado por el cambio climático, preocupado por las nuevas demandas, y sobre todo, con propuestas para ser parte de la solución parece ser la mejor estrategia. Al final del día, la crisis climática nos afecta a todos, las soluciones tienen que ser entre todos, y los miedos de los consumidores deben ser atendidos. Un mejor entendimiento entre las partes puede darse si logramos dialogar con mejor información y menos prejuicios, y si todos buscamos la manera de aportar algo al enorme desafío ambiental que ya está entre nosotros.

El autor es director de RED Consultora y docente de Ciencias Agrarias en la Universidad de Belgrano