Cuando, en 2016, el Reino Unido votó el histórico referéndum que concluyó en el Brexit, universidades de todo el país manifestaron su preocupación por el impacto en la calidad de la enseñanza y la investigación, y declararon que los estudiantes internacionales serían igualmente bienvenidos. También el Parlamento conformó una comisión integrada por todos los partidos para determinar, con expertos en educación, negocios y comercio, el valor que los estudiantes extranjeros aportan.

Es que el Reino Unido recibe aproximadamente 400 mil estudiantes extranjeros por año, que dejan unos 29,9 mil millones de dólares al país, de los cuales unos 6,7 mil millones de dólares son generados por estudiantes de la Unión Europea, según un informe de London Economics. Varios estudios destacan otras externalidades positivas: los jóvenes aportan nuevas perspectivas culturales, prefiguran en la universidad un mercado laboral cada vez más globalizado y forman redes de exalumnos que apoyan negocios e intercambios futuros.

Consciente de la oportunidad, China, que es hoy el tercer destino para estudiantes internacionales después de Estados Unidos y el Reino Unido, se propuso alcanzar los 500 mil estudiantes extranjeros hacia 2020 y ocupar el segundo lugar.

Atraer estudiantes y facilitar intercambios es una "poderosa herramienta de diplomacia pública". Así los considera el Soft Power 30, un ranking global de poder blando, en su edición 2018. El índice mide una serie de dimensiones, como la educación, que incluye la cantidad de estudiantes internacionales y la calidad de las universidades e instituciones de educación superior. El ranking, que destaca la vuelta de la Argentina al top 30, marca entre las fortalezas que Buenos Aires ha visto un aumento en la popularidad de los estudiantes que desean estudiar en el extranjero.

Con casi 80 mil estudiantes internacionales, Buenos Aires es, según el ranking QS Best Student Cities, la mejor ciudad de Iberoamérica para estudiar, por encima de Barcelona o Madrid, y en 2018 entró al top 25 global. Para promover la llegada de más estudiantes, a través del programa Study Buenos Aires, el Gobierno de la Ciudad, en conjunto con 23 universidades, acompaña a los jóvenes desde que llegan a Ezeiza —donde reciben un kit con una SUBE, una tarjeta SIM, y un descuento en el traslado a la Ciudad y en alojamiento.

La llegada de estos jóvenes es beneficiosa para los porteños. Un informe recientemente publicado por la Universidad de Buenos Aires da cuenta de que en 2017 el consumo anual en cabeza de los estudiantes internacionales ascendió a 10.113,4 millones de pesos. La cifra se compone de lo que gastan los jóvenes en alojamiento, matrículas universitarias cuando corresponden, consumo y entretenimiento, entre otros rubros, y también de los que aportan sus amigos y familiares cuando los visitan.

La carrera por atraer estudiantes internacionales es un capítulo más de la competencia entre las ciudades por atraer talento, un factor determinante y estratégico en el desarrollo económico, que cada vez más se basa en ciudades, abiertas, diversas y con vocación global. El Índice de Competitividad Global del Talento, que mide la capacidad de países y ciudades para generar, atraer, promover y retener el talento, añade en el ranking de las urbes una variable más: "ser global", es decir, el sentimiento de internacionalización dentro de una ciudad. Y Buenos Aires es la única ciudad de América Latina destacada en el ranking 2018, que lideran Zúrich, Estocolmo, Oslo, Copenhague y Helsinki.

La Ciudad de Buenos Aires tiene una meta que comparte con las universidades públicas y privadas que integran la estrategia de promoción: alcanzar los cien mil estudiantes internacionales. La amplia oferta universitaria, la alta calidad académica de las universidades locales, el alto capital humano y las condiciones objetivas que hacen de Buenos Aires una gran ciudad para vivir son los atributos que más atraen a quienes eligen la Ciudad para venir a estudiar.

El autor es secretario General y de Relaciones Internacionales de la Ciudad.