Dar el salto: ciudades del siglo XX con vecinos del siglo XXI

Emanuel Gainza

Pensar hoy la gestión de los municipios atendiendo solo al funcionamiento de los servicios básicos es limitar a todo un potencial de crecimiento que es el que exige nuestro tiempo. Las familias esperan de los gobiernos locales bastante más que tapar un bache o arreglar una luminaria. Estamos obligados a planificar municipios con desarrollo y futuro para así lograr ciudades pujantes mediante la interacción de los vecinos, de los privados y las organizaciones intermedias.

En su libro 21 desafíos para el siglo XXI, el autor israelí Yuval Harari afirma que como consecuencia del impacto de la revolución tecnológica, la globalización y la digitalización, la forma en la que vive el hombre moderno ha cambiado de tal manera que casi todos los conceptos o las instituciones que durante décadas tuvieron vigencia como verdades consolidadas en el mundo occidental, hoy en día se encuentran en crisis o necesitan ser redefinidos.

Si estos años cambiaron el cómo el hombre lleva adelante su vida, indefectiblemente también transformaron el dónde lo hace. La agenda del siglo XXI nos obliga a reflexionar y generar debates acerca de cómo debemos planificar las ciudades en el presente y en especial, la vida de las familias, con miras al futuro.

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Haciendo foco en nuestro país, la discusión sobre el tema se encuentra hace décadas estancada por la incapacidad de resolver problemas básicos y elementales. Esto, a su vez, nos impide dar un salto de calidad y evolucionar en las planificaciones urbanas para construir soluciones que vayan en línea con las demandas de nuestra época y en especial del porvenir.

Arreglar los baches, colocar luminarias o cortar el césped siguen siendo, en muchos casos, el eje de debate tanto en las campañas electorales como en las gestiones de gobierno en marcha. El municipalismo, en nuestro país, pocas veces expone con la importancia de entender hacia dónde van aquellas ciudades que en el mundo logran desarrollar las condiciones necesarias para que sus vecinos puedan desplegar su potencial y ser felices en el lugar donde habitan.

En esa línea y sola a modo de disparador, quiero partir de la afirmación de que, en 2019, el concepto de ciudad moderna no se reduce a un lugar donde estar sino a un espacio donde quienes la habitan puedan construir un proyecto de vida. Crecer seguros, estudiar con calidad, obtener un empleo, divertirse, conocer, formar familias y desarrollar sus capacidades resulta hoy lo central en la agenda de desarrollo de un municipio.

Por eso, quienes tenemos vocación por la política municipal, debemos ser los primeros en exigirnos diagnosticar los problemas, planificar soluciones y proponer los cambios necesarios para el desarrollo de nuestras ciudades. Sin embargo, no perdemos de vista que los servicios básicos son los cimientos sobre los que se construyen la identidad de nuestra polis y, sobre todo, los ejes a desarrollar para poner foco en las necesidades culturales, artísticas, laborales, familiares y cívicas de los vecinos.

El siglo XXI conlleva una serie de libertades que, como contrapartida, obligan a nuestras ciudades a ser mucho más atractivas y competitivas para su desarrollo. En un mundo globalizado y extremadamente interconectado, el lugar donde uno nace no será necesariamente donde se desarrolle.

El valor más importante de nuestras localidades radica en el progreso de nuestra gente; si no generamos condiciones para ello, lo más probable es que muchos de nuestros vecinos se muden a otras ciudades donde se ofrezcan más y mejores oportunidades. Sin lugar a dudas los ciudadanos elegirán los lugares que crean mejor preparados para cumplir sus sueños. El escritor irlandés Oscar Wilde expresó: "El progreso es la realización de la utopía". Siguiendo ese lineamiento, creemos que las ciudades del siglo XXI deben estar preparadas para ofrecer las mejores oportunidades de progreso a sus ciudadanos. Ejemplos concretos siempre son de utilidad para clarificar un tema.

El desafío para todos los que soñamos con ciudades modernas, integradas y desarrolladas es que en la agenda pública trabajemos mano a mano lo público con lo privado para generar espacios que incentiven a sus vecinos a desplegar su potencial para poder vivir en plenitud, haciendo felices a quienes las habitamos.

Crear una identidad única de ciudad potenciando los atributos locales, contribuyendo al crecimiento de industrias, comercios o emprendedores nativos y difundir la cultura que sale de nuestra gente es sin dudas el gran salto que necesitamos para animarnos a dar un paso más hacia las ciudades del futuro.

Tapar el bache, cambiar el foco y cortar el pasto no dejan de ser una tarea central, pero, de convertirse en la única, vamos a ir perdiendo la oportunidad de darle una mejor calidad de vida a nuestra gente.

El autor es vicepresidente del Concejo Deliberante de la Ciudad de Paraná y concejal por Cambiemos.

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