Hasta ahora el único futuro que se promete al país es que el último trimestre que estamos viviendo será deficitario y crítico en todos los sentidos. El FMI se tomó la licencia de ser optimista. Sus hombres en Buenos Aires consideran que en marzo del año próximo la situación de ahogo y un poco de desesperanza se podrá revertir. Esta afirmación del FMI puede no darse porque la economía no es una ciencia exacta; tan sólo es una ciencia social y por lo tanto imperfecta. Ojala que en ese caso el futuro sea favorable por factores que ahora no se pueden prever.

La aclaración vale para todas las presentaciones en distintos medios de economistas que se consideran dueños de la verdad a partir de sus propios pronósticos, sin tener en cuenta, por ejemplo, la problemática social. Y sabiendo que los indicadores son sensibles al cambio, por un montón de circunstancias.

Salvo que ese montón de circunstancias ayude, la problemática para el 2019 estará signada en torno de las elecciones de fin de año. El gobierno de Macri desea continuar por otro período y acompañado por Gabriela Michetti en la vicepresidencia. Como ya están operando para los tiempos próximos, en la coalición Cambiemos no todos están de acuerdo.

Los radicales, socios del PRO , organización que dominó con egocentrismo la coalición, quieren participar en la próxima etapa con un radical en la vicepresidencia. Los radicales entienden que la lucha por los votos será peleada ciudad por ciudad, municipio por municipio en tanto las encuestas demuestran pérdida de confianza en Macri y sus políticos y en la administración en general. Pese a ser un partido disgregado, no en la intensidad del peronismo, confían en su mayor cintura política, en su presencia en todo el país y propondrían a Alfredo Cornejo, en el presente gobernador de Mendoza, para la vicepresidencia.

Gabriela Michetti ya no es la impetuosa política capaz de arremeter contra cualquiera. Ahora si se la distingue es por sus silencios, aunque se le haya escapado su preferencia cuando los senadores votaron con tirantez contra la legalización del aborto. No calla su alianza y su devoción por la Iglesia. Con el resto de los temas se la ve dispuesta a la negociación. Como Macri confía en el futuro porque él y en el interior del PRO se consideran salvadores al evitar una crisis mayúscula, producto de haber evitado el default, y creen que el camino no tendrá espinas, contra todo mal pronóstico.

No hablan del crecimiento fenomenal de la deuda externa y se sienten seguros de dominar los aprietes del peronismo kirchnerista y de otros enemigos. Los hombres que rodean al Presidente sostienen que tienen todo controlado y brindan con el refuerzo de las reservas de la Argentina por China con otros 8.600 millones de dólares, reforzando una mayor cooperación financiera en medio de una significativa guerra comercial en el mundo.

En los hechos, pese a todo, también Macri logró que la huelga número cuatro se esfumara. Lo hizo con un bono de 5.000 pesos a los trabajadores pese a las críticas y dudas de la Unión Industrial y de las pequeñas y medianas empresas. En la UIA afirmaron que dadas las realidades de quebranto de numerosas firmas sólo 6 de cada diez empresas podían pagar la "promesa populista" como la llamaron algunos observadores.

Ahora falta ajustar la flexibilización del pago del bono, donde a partir de cero se excluyen a los empleados del Estado. También se margina a los trabajadores de sociedades del Estado como YPF, Aerolíneas Argentina y Télam. No en vano el paro sorpresivo que afectó a 20.000 viajeros la semana pasada por parte de todos los gremios vinculados con la aviación, cuyos dirigentes están muy vinculados a Moyano o a la CTA o a Barrionuevo.

Trascendió que se benefician los trabajadores en relación de dependencia del sector privado (donde sólo un poco menos del 60 por ciento está en blanco). El gobierno asegura que habrá flexibilidad crediticias para las empresas en crisis. Aunque surgen dudas en torno a este asunto. Una duda que crece es si el bono se impondrá a cuenta de futuros aumentos, mientras
el Ministro de Producción, Dante Sica, ha prometido distintas formas de financiación a las empresas que vienen siendo víctimas de la recesión y el freno a las ventas, en niveles que asustan.

El gobierno, empero, le tira el fardo al sector privado con todo, porque cada empresa en dificultad tendrá que acordarlo con los gremios. Toda esta movida también incluye la imposibilidad de despedir a un trabajador.

¿Y en el peronismo como están viviendo la actualidad? Cristina Fernández no ha abierto la boca pero muchos se han largado a hablar y a negociar con ella, incluso enemigos de antaño ¿Qué negocian? No se sabe. Los "peronistas racionales", paralelamente no quieren saber nada con la ex-presidenta con un argumento de hierro: ¿cómo sacarnos de encima la carga embrutecida del monumento a la corrupción? Naturalmente el kirchnerismo tiene los oídos tapados. Descree de todo lo actuado por la justicia y sólo enjuicia a unos pocos que se salieron de la línea. En el peronismo federal, el de los gobernadores, donde existen observaciones críticas a la administración Macri, también hay disidencias internas. En definitiva: el peronismo no es un partido unido. Y a esta altura de fines de año es imposible que se ponga de acuerdo en el nombre del líder que quiere tener y sin discusiones.

A Macri lo critican por haber llevado demasiado lejos el ajuste económico y haberse despreocupado de la población marginal, más todos los equívocos cometidos. Pero hasta el día de hoy, frente a su propuesta hasta ahora íntima de querer continuar, enfrente no tiene adversarios serios. Para los peronistas, sean de cualquier bando, una cosa es querer y otra es poder.

Unificar ese archipiélago de grupos y sectores en una sola isla es una tarea de gigantes.