Argentina e Israel, en la senda de la cooperación

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Mauricio Macri junto a Benjamin Netanyahu, durante su visita a la Argentina del septiembre pasado (Adrián Escandar)
Mauricio Macri junto a Benjamin Netanyahu, durante su visita a la Argentina del septiembre pasado (Adrián Escandar)

En una ceremonia realizada en el Museo de Tel Aviv, a las 4 de la tarde de un día como hoy, 70 años atrás, nacía el Estado de Israel. En una fecha histórica, marcada por el fin del mandato colonial británico sobre el territorio, David Ben-Gurión daba lectura a la Declaración de la Independencia, y proclamaba así la creación de una nación abierta a la inmigración judía, y basada "en los principios de libertad, justicia y paz, a la luz de las enseñanzas de los profetas de Israel".

Asegurando la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes, y abrazando fuertemente la democracia como sistema de gobierno, el Estado de Israel abría sus puertas como hogar y refugio para los judíos de cualquier lugar del mundo.

Al celebrarse hoy el 70º aniversario de su creación, es necesario ponderar la manera en que Israel logró, siendo un Estado joven, honrar sus raíces milenarias y desplegar desde ellas una extraordinaria visión de futuro.

Israel es un país que está a la vanguardia del mundo en materia científica y tecnológica, y es reconocido por sus grandes avances técnicos. Muchos de los sistemas informáticos, equipamientos y aplicaciones que usamos a diario, se crearon en aquella tierra que nació desértica, y gracias a las innovaciones que logró introducir reverdeció y dio sus frutos. En Israel, la metáfora de sembrar en el desierto se hizo realidad y lejos está de ser una contradicción.

El país también supo construir una sociedad sobre bases igualitarias fuertemente liberal, pero respetuosa de las prácticas religiosas, con un sistema de justicia muy accesible para todos y que resuelve los conflictos muy rápido y con gran inmediatez. El respeto a los derechos humanos de sus fuerzas de seguridad es ejemplar, en un contexto de amenazas existenciales sin parangón.

Desde AMIA estamos tendiendo puentes para fortalecer el vínculo con Israel, aprovechando que la Argentina e Israel están atravesando una excelente etapa de sus relaciones. Un hito de esta nueva era lo constituyó, el año pasado, la llegada del primer ministro Benjamin a Buenos Aires, en lo que fue el primer viaje de un jefe de gobierno en funciones a América Latina. Tuvimos el honor de recibirlo en nuestra sede y homenajearlo.

Sostenemos este vínculo invalorable con el Primer Ministro, con representantes del Parlamento y con funcionarios de alto rango del gabinete, especialmente en el área de educación. Hace muy poco recibimos la visita del ministro de Ciencia y Tecnología israelí, en un encuentro en el que compartió los alcances de la fuerte apuesta que su país realiza en el campo de la educación y la investigación científica. La visita del funcionario incluyó también la firma de convenios bilaterales con el gobierno local.

Con una agenda de cooperación muy importante, ambos países son conscientes de los fuertes vínculos históricos que traspasan sus fronteras, producto de la numerosa colectividad argentina que vive en Israel y de la gran colectividad judía que habita la Argentina.

Ambas naciones cuentan, además, con jóvenes y entusiastas embajadores, que hacen del diálogo y de la colaboración un cauce dinámico y eficaz para encontrar vías de fortalecimiento y de trabajo en conjunto.

Por último, cabe destacar que Argentina e Israel están unidos por una vocación de libertad. Israel es la única democracia en Medio Oriente y la Argentina ha sido históricamente un faro que guió el avance de la democracia, los derechos humanos y la libertad en toda la región latinoamericana.

El autor es presidente de la AMIA.